Fundador:
Miguel R. Valladares García

Domingo 21 septiembre 2014

Chignahuapan: la Navidad es redonda

A puro pulmón, artesanos de una localidad en la sierra de Puebla da forma durante diez meses a 60 millones de esferas para los árboles navideños de hogares mexicanos y del extranjero. Chignahuapan es, sin duda, el pueblo mágico de la Navidad mexicana.

Martín Rodríguez / Pulso

Adornar el árbol de Navidad, por décadas, era todo un ritual mágico para los niños. Pasaron ya muchos años, desde que la mamá y el abuelo sacaban la caja de las esferas que duraban años. Ahora, en los supermercados, hasta la caja viene de Taiwán y las de plástico, se venden por millares en un solo supermercado.

Antes, si se rompía una esfera, era como romperse un mundo, que envuelve un pasado reciente de niño.

De posada en posada y alrededor de las esferas, las velitas, el canto y los peregrinos, eran lo más importante. Del olor a parafina y la letanía, se pasaba a disfrutar de las colaciones, naranjas, caña y mandarinas.

Nuestro país tenía un mercado muy básico de implementos navideños. Series de focos como chiles jalapeños de colores, que duraban años y siempre había repuestos.

En sus primeros años, los fabricantes mexicanos de esferas navideñas mandaron al mercado esferas “pelonas”, es decir, sólo de colores o metalizadas, e incluso transparentes. En la década de 1970, aparecieron otras garigoleadas. Empresarios del ramo y artesanos se volvieron más exigentes con su producto, y para 1980, ya abundaban en los árboles las esferas de cristal metalizado.

Quien no tenía dinero, como fuera celebraba. Hace 3 décadas y media, estaba de moda traer fayuca, cuando en el mercado que por entonces era “negro”, comenzaron a traer las esferas de plástico en 1975. Faltaban 16 años para la firma del Tratado Trilateral de Libre Comercio de América del Norte.

Los fayuqueros podían traer el arbolito y la serie, así como esferas traídas en el doble fondo de una camioneta o sobre un camino recorrido a base de “mordidas” a los aduanales y policías. Había faroles japoneses o chinos de un plástico delgado, colocados de casa a casa, como si se tratase de competencias para ver qué calle tenía más alumbrado.

UN SINGULAR PUEBLO MÁGICO

Alrededor de 98 kilómetros al norte de la ciudad de Puebla, se halla Chignahuapan, un municipio de más de 51 mil habitantes en el que, centenares de artesanos, en pequeños negocios familiares o en grandes industrias, trabajan para decorar la Navidad de millones de mexicanos y extranjeros que cada diciembre compran los elementos necesarios para adornar la Navidad.

Elaborar esferas de vidrio no es una tarea fácil, y menos, cuando el trabajo se realiza en forma artesanal, con los pocos recursos al alcance y en el corazón de un pueblo mágico que alegra todas las navidades, y sin embargo está lejos de nuestra tierra.

Chignahuapan, se convirtió desde la década de los años sesenta del siglo XX, en la capital de la esfera de vidrio.

Es el pueblo que, con las manos de sus artesanos, ha convertido las “frutas” del árbol de Navidad en un producto de temporada, pero que debe ser materia de elaboración todo el año.

Las esferas dan de comer a más de 300 familias del municipio, y por creatividad, los artesanos no ahorran esfuerzos. Se hacen presentes con esferas lisas o decoradas con la esperanza de conquistar el gusto de sus clientes nacionales y extranjeros.

De todas las pequeñas empresas familiares y las grandes industrias, una de las que mayor volumen de esferas produce o en su caso maquila, se encuentra al pie de la carretera federal 119, de Chignahuapan a Puebla.

EL SOPLO DE LAS NAVIDADES

Entre esferas de colores, brillantes, mate, santacloses, árboles y figuras diversas, Elías Giles Morales, responsable de la fábrica del astillo, aceptó explicar a PULSO todo el proceso de elaboración de las esferas y uno a uno mostró los pasos.

A la fábrica, llegan tubos de vidrio de diversos calibres, según el tamaño deseado de cada la esfera y para ser usado en un soplete que varía según el tipo de tubo. Con ellos y la ayuda de sopletes, diez trabajadores “inflan” a pulmón los tubos hasta conseguir que una sección de los tubos se convierta en las burbujas que, endurecidas, será esferas de delicada consistencia.

El segundo paso consiste en llevar a una máquina metalizadora al alto vacío las esferas. La máquina les extrae el aire y en tan sólo 20 minutos, a una carga de centenares de ellas les inyecta “varitas” de aluminio que “estallan” dentro de la esfera y se adhieren a todo su interior. Una vez extraídas, deben ir al tercer paso, que consiste en la aplicación de pintura mate o brillante (esta última horneada). El cuarto paso consta del corte de las varitas de cada esfera para que les sea colocado el casquillo que servirá para colgarlas, y el quinto paso es la decoración.

Una vez listas las esferas en toda la línea de producción, deben ser empacadas para su venta al público. Transcurre una hora desde el soplado hasta que cada esfera se encuentra debidamente decorada y empacada, y así, Chignahuapan produce alrededor de 60 millonesde esferas anuales.

En algunos procesos, pero en menor escala, son incorporadas esferas de plástico.

Elías Giles explica que la producción de esferas concluye alrededor de 20 días antes de la celebración de la Navidad, y se reanuda en febrero, para que la fábrica pueda contar con inventarios. Desde el arranque y hasta junio, trabajan con día de cierre, y julio a noviembre, hay obreros de lunes a domingo, para mantener tupidos el inventario y las bodegas.

Los propios fabricantes aportan valor agregado a sus esferas. Las empacan solas, o las convierten en figuras navideñas que van a las tiendas o a los clientes nacionales y extranjeros.

El encargado de la fábrica asegura que éste es uno de los mejores años en afluencia turística, no sólo del Castillo de la Esfera, sino Chignahuapan, por la declaratoria de Pueblo Mágico.

EL MUNDO REDONDO

DE LA COMPETENCIA

El centro histórico de Chignahuapan es distinto. Mientras en el de San Luis Potosí cuelgan pantalones de mezclilla en las puertas de las tiendas, en Chignahuapan, abundan las esferas, bellotas, campanas, lámparas, elefantes, carruseles, muñecos de nieve, santacloses, gotas de agua, árboles de Navidad con esferas y pirámides con luz, todas, fabricadas con materiales de vidrio soplado, con las esferas como elementos principales.

La mayor parte de los dueños de tiendas terminan esferas, o las hacen en forma artesanal en su casa o tienda, pero sus maquiladores en volúmenes grandes y debidamente metalizados, son las grandes plantas industriales de esferas.

Los mayoristas que provienen de Guerrero, Veracruz, Aguascalientes, San Luis Potosí, Guadalajara, Querétaro, el Distrito Federal Tamaulipas, se surten desde octubre y el negocio baja sus ventas a mediados de diciembre, cuando los clientes finales ya las tienen a la mano en las tiendas.

Como todos, Jorge León, compadre de un empresario televisivo de Rioverde, San Luis Potosí, y propietario de una tienda en la calle Primera de Juan N. Méndez, enfrenta una competencia dura, donde aparecen tienditas que malbaratan esferas, se van sin pagar la renta y malpaga a los empleados, que ocasionalmente laboran en condiciones inferiores.

Sin embargo, se consuela con el hecho de que sabe su negocio, “y sacamos modelos diferentes, sacamos pinturas distintas y hacemosla lucha por nuestro mercado”.

La historia, al rincón

Todo el procedimiento para elaborar las esferas, toda la magia, los sueños de Navidad, la belleza de su decoración o colores y su brillo, a veces, acaban olvidados.

Por décadas, el árbol de Navidad ha sido el “personaje” principal de la casa, con sus esferas colgando, y sus luces intermitentes y alegres.

Era, prácticamente, el centro ceremonial donde los niños abrían sus regalos. Ahora, y con mucha frecuencia, el árbol luce arrinconado, y a veces, con esferas de plástico, importadas de Taiwán, que dejan en el olvido toda una fuente de trabajo de artesanos del vidrio, que todavía llevan millones de esferas a los hogares potosinos y de México, Estados Unidos, España, Alemania y Francia.

Minuto a minuto

Toda la sección