Fundador:
Miguel R. Valladares García

domingo 16 diciembre 2018

ENTREVISTA: El Señor “FM”, una charla con don Elías Navarro Martínez

J. Carlos Gutiérrez / Pulso
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

elias navarroElías Navarro Martínez, fundador de la frecuencia modulada en San Luis Potosí falleció esta mañana a los 80 años de edad.

En abril de 2010, el pionero de la radio conversó con Juan Carlos Gutiérrez, reportero de esta casa editora, con quien compartió sus experiencias como entrevistados, cronista deportivo, locutor y empresario.

Aquí te presentamos la entrevista completa publicada hace tres años en el diario Pulso:

Mientras observa el desarrollo de sus estaciones en una fusión que no buscó, Elías Navarro Martínez se toma un expreso tras del escritorio de su oficina y relata su vida de la manera más amena,  como sólo aquellos ilustrados por los viajes, libros, música y la vida misma pueden charlar. 

Han pasado 50 años desde que Elías Navarro Martínez fundara la frecuencia modulada en San Luis Potosí, y afiliara sus estaciones a las cadenas FM Globo Stereo y Stereorey, que ofrecieron desde los años setenta un catálogo de legendarios programas de música en inglés y español que dejaron huella en el público de antaño.

A través de las frecuencias 96.9 y 100.1, toda una generación disfrutó programas de música selecta como “Looking Back”, “Concierto de Música de Moderna” y  noticieros como “Para Empezar”, con la voz de Pedro Ferriz de Con, que acompañaba a los potosinos en su trayecto al trabajo o la escuela, en los años ochenta.

Hoy, el ex entrevistador de artistas, narrador deportivo, locutor y empresario sostiene dos batallas: recuperar su salud y el dominio de sus estaciones, que actualmente están en sociedad (por iniciativa de sus hijos, Elías y Héctor Navarro García, inversionistas del Grupo MVS) con las del empresario Carlos Torres Corzo, fusión intitulada Global Media.

En una tarde ventosa de abril, desde una oficina llena de libros y paredes colmadas de reconocimientos, Elías Navarro monitorea la programación de Stereorey -señal generada al otro lado de la ciudad, en las oficinas de Controladora de Medios- pero se dispone a contarle a las nuevas generaciones una historia llena de esfuerzo, trabajo y visión.

 Don Elías ¿cómo empezó en el mundo de la radio?

“Muy sencillo, fue el hambre, de superarse, de ser alguien. Desde niño, cuando estudiaba en el colegio Damián Carmona, tenía la habilidad para hablar en público, era maestro de ceremonia en los eventos, luego gané la medalla al Mérito, me la otorgó Socorrito Blanc Ruíz, que era maestra.

Por esa misma época se presentó una oportunidad. Mi padre me dijo:

–Me ofrecen la gerencia de la CZ (la primera estación de San Luis), pero francamente no me interesa.

Así que cambió la oferta que le hicieron por mi derecho a presentar examen para obtener la licencia de locutor.

Al día siguiente me fui con Pedro Rocha, el gerente de la estación, a la Ciudad de México. En el aeropuerto me dio una copia de la Ley de Radio y Televisión que tuve que macheteármela en las dos horas que hacía el vuelo de Lamsa, porque hacía escala en León.

Ya en la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, el examen, que fue difícil, duró una hora. Había tres sinodales que me preguntaron sobre la Ley, cultura general y sobre aspectos técnicos como la forma de hablar ante el micrófono. El 27 noviembre de 1959 me enviaron mi licencia tipo B por correo. Le debo mucho a mi papá”.

 Son ya 50 años frente al micrófono, toda una vida.

“Sí, pero me da mucho miedo todavía, mientras más años pasan más miedos te van dando, es como los toreros, no sabes cuál saldrá del toril y lo tienes que torear. El día que se me quite el miedo me retiro, el miedo es un sentido de responsabilidad, sacar adelante la ceremonia, lucirla, no lucirse uno.

 ¿Es potosino?

“No, nací el 30 de marzo de 1933, en Tampico, Tamaulipas. No me siento anciano pero ya lo soy”.

Pero con la misma voz

“Pues esas cosas no se presumen porque son dones que Dios da. Mi papá era Elías Navarro, en línea directa soy el Elías número 172, mi hijo es el 173 y mi nieto el 174, según dicen mis tatarabuelos, provenimos de Navarra. El apellido de nosotros es Elías, pero ellos adoptaron cambiar de nombre y ponerse Elías, y de apellido adoptaron el nombre de la provincia de dónde venían: Navarra, y se emigraron junto con los gallegos a la Nueva Galicia, que es el estado de Jalisco. Aunque a mí me trajeron de Tampico, mi padre vivía allá”.

¿Cuál fue su primer trabajo en la radio?

“Ya siendo locutor, don Benjamín Briones me dio chamba, en la XEBM, una estación en la calle Zaragoza, en la primera cuadra de la catedral hacia el Santuario. Tenía 920 kilohertz y mil watts de potencia. Esa llegó a ser la mejor estación de San Luis, porque el señor Ceferino Z. Jiménez había puestola CZ antes. Luego se puso la XEPO y la XESL (Radio San Luis)”.

 ¿Qué hacía en la XEBM?

“La mayoría de las estaciones de aquél año éramos copias de la XEW y de la XEQ,  imitábamos los programas de variedades que la W trasmitía como el de Pedro Vargas y música de tríos, que estaban muy de moda. La radio de entonces era muy artesanal, muy rudimentaria. Fui locutor y discotecario, otra chamba que pagaban aparte.

¿Cuántos trabajaban en la estación?

“Éramos 4 o 5 locutores, uno más de suplente. No había operadores, el mismo operador era su propio operador, el discotecario hacía la programación todos los días. Siempre hubo mucha comunicación entre el locutor y el discotecario. Poníamos atención a cual canción se oía mucho y luego comprábamos el disco si es que aún no nos lo enviaba la disquera.

Aquí llegó a haber un baboso que decía “Desde el estudio azul y plata” ¡Cuál estudio azul y plata! ese era el de la W. Y es que era un sueño trabajar en la W”.

 ¿Cuánto duró en la XEBM?

“Como cuatro años, luego me mandaron a la CZ (que estaba en los portales Ipiña, frente al Hotel Panorama) y no me gustó, di las gracias, y a buscarle en México. Además, yo quería estudiar la ingeniería por eso me fui para allá, porque la universidad de aquí no tenía esa carrera”.

Llegó a México y ¿qué hizo allá?

“Primero el ridículo. Mi papa tuvo un chofer en Tampico, se querían mucho, el hermano del chofer trabajaba en México como administrativo de la W y le decía a Elías (padre) que me mandara a mí a la estación, que me conseguiría chamba.

En la W, el hermano del chofer de mi papá no pudo hacer nada. No me aceptaron y ese fue el ridículo. Muy cerca de la W estaba la Radio Mil, en Ayuntamiento 101, fui allá solo, sin recomendaciones. Tenía 20 años, me presenté, me dijeron ¡sáquese!, primero vaya con fulano, y ese me decía vaya con mengano, es la burocracia que hay en el radio y que yo nunca he dejado que se meta a mis estaciones.

En Radio Mil tuve suerte porque, aunque un día antes habían probado locutores y seleccionado algunos, yo les pedía que me dieran una oportunidad y seguí frecuentando la estación. Una vez no llegó un locutor que ya tenía un programa, pagaban 50 pesos, -era un dineral porque no traía ni para comer ese día- y Carlos Flores, el gerente me dijo:

-Mira tengo un problema con un cliente “Larios” una marca de casimires, aviéntate el comercial.

-Y qué, ¿así nomás?- le pregunté.

-Sí hombre.

Tras leerlo me dije, -voy a enfatiza esta parte del anuncio. Yo nunca fui de voz engolada, de los que la levantan como Pedro Ferriz  Santa Cruz, o Ken Smith, el auténtico locutor que empezó con el jingle de identificación: “Stereorey, la máxima dimensión del radio” y que todo mundo creía que él era el dueño de Radio Mil por lo famoso que era, aunque en realidad era de don Joaquín Vargas. Razoné cómo decir al aire el texto, pero estaba temblando de miedo, mi voz no había salido nunca en México”.

 ¿Recuerda ese anuncio?

“Sí… el comercial decía: “Larios, ¡qué casimires tiene Casa Larios!”. Y entraba un tema, el concierto de Varsovia, con la Sinfónica de Edmonton, muy bonito, y el programa donde salía ese comercial era de música semiclásica, para culturizar a las masas.

¿Le gustó al público su voz?

Pues la escuchó la persona más importante para mí en ese momento: el licenciado Guillermo Salas, patrón de Radio Mil, quien fue a la cabina y preguntó:

 ¿Quién estaba ahorita al aire?

-Yo estuve señor, soy Elías Navarro.

-¿Y quién le dio permiso?,

-…Un compañero, me dio…

-Pues fíjese que lo escuché y me gustó, desde mañana tiene 6 horas diarias en esta radio. La suya es la voz que estábamos buscando.

Ahí me eché dos enemigos, el primero, el grupo de locutores que antes habían seleccionado. Así es México, y el segundo, el locutor que faltó ese día al trabajo”.

 ¿Le pagaban bien en Radio Mil?

“No, muchos tenían que trabajar como locutores de cabina, León Michel, un buen locutor de San Luis ganaba 640 pesos al mes por cabinear en la televisora canal 2, nadie quería ese tipo de trabajos, pero tenías que hacerlo para comer”.

¿Y que hacía en Radio Mil?

“Pues la inventiva, otra vez el hambre. Siendo la XEW la preferida de las disqueras, me pregunté por qué esperarme a mandaran el disco de sus artistas hasta el final a la radiodifusora, a veces se tardaban tanto que teníamos que ir a comprarlos a Sanborn´s. Entonces le presenté al licenciado Guillermo Salas la idea de hacer un programa en vivo, desde las disqueras Peerles, Musart, RCA y Columbia. Casi todas estaban por el mismo rumbo, y me podía ir en camión.

Ya en las disqueras entrevistaba a los artistas. La primera que me tocó fue Lola Beltrán. Lo mismo: el miedo. Ella era una señora muy bonita, muy decente, sencilla y de gran voz, yo le empecé a hablar de tú y casi ¡me la mentó!, porque antes se hablaba de puro “usted”, pero yo impuse la moda de hablarnos de tú.

El programa se llamaba: “La Entrevista con Elías Navarro, en Radio Mil, Silencio, Grabando”.- Ahí nos adelantamos a la W porque presentaba el éxito musical 15 días antes de que saliera al aire.

Por ese programa de entrevistas me daban 250 pesos, aparte 50 pesos del comercial de “Casa Larios” ya eran 300 pesos diarios, 9 mil pesos al mes”.

 ¿Se tomó fotos?

“Sí pero no soy de fotos, había un fotógrafo de El Universal que cazaba noticias en mi programa. Mira…”.

El entrevistado saca del cajón de su escritorio una foto con Julio Iglesias y mientras la observo comenta: “Era muy sencillo, un caballero”.

¿Cuál fue su siguiente objetivo luego de Radio Mil?

“Largarme de México porque era un pueblo, o la suma de varios pueblos,  me vine porque no podía estudiar. La UNAM me quedaba muy lejos. Regresé a estudiar medicina en San Luis Potosí, tuve como maestros a Manuel y Salvador Nava, Jesús Loyola. Aunque saqué mención honorífica en Anatomía Descriptiva me di cuenta que no podía ver sangre”.

¿Continuó su carrera de locutor?

“Entre a la CZ otra vez, puse el primer negocio de agencia de publicidad, pero salí de Guatemala para entrar a Guatepeor, en mis correrías he vivido en muchas ciudades donde de veras son amigos, Monterrey, Torreón, y aquí en San Luis, con una alta sociedad…la sufrí mucho, esa alta sociedad tenía bloqueado el comercio, acaparado. Que fulano tenía tal negocio, mengano este otro y perengano tenía tal negocio, no se podía destacar en el comercio pero al menos sí como profesionista.

También fundé Publicistas Unidos Sociedad Anónima, capté que la plaza ya podía sostener una agencia de publicidad, era un gestor de ventas a los comercios e industrias de San Luis, vendía publicidad en radio y en los dos diarios entonces, El heraldo y El Sol de San Luis”.

¿Cuáles fueron los obstáculos en su etapa de publicista?

“Me encontré con esa gente de San Luis…no toda eh,  pero si hay mucha que apunté en la pared. Me dije  San Luis está peor que cuando me fui y mejor me fui a Valles, allá estaba mejor la radio. Allá trabajé en la XETR propiedad de don Tomás Oliva Rosales, nos trataba muy bien el señor, antes el locutor era publicista, pero me fui a Monterrey,  allá también me quedó chiquito, había una estación potente de 50 mil watts todo mundo quería trabajar ahí, yo muy humilde empecé en la JMJ, a sonarle con ideas, a transmitir béisbol, porque el fútbol apenas se daba a conocer.

Era el Rey de los deportes aquí

Dicen, yo de rey nunca le ví nada, lo jugué, ¡cómo que rey de los deportes!, pinches pelotazos que nos dábamos, tengo los dedos todos fregados. Transmitíamos con un OP6 control remoto y una línea telefónica, para llevar el sonido del estadio a la difusora.

También narramos los segundos Juegos Panamericanos en México. En Ciudad Universitaria nos juntó el licenciado Guillermo Salas, nos preguntaba qué deporte sabíamos narrar, uno decía que para el box, otros que la natación, otro dijo:

-Yo estoy para la inauguración y la clausura.

-A ver el de San Luis, ¿qué sabe hacer usted?- preguntó el licenciado Salas y como yo no había narrado antes, le dije:

-Pues de todo.

-¿Cómo?, conoce usted el Waterpolo- preguntó el patrón incrédulo.

-Sí.

-¿De verdad?

-Pues nomás óigame. Total que acabé yo cubriendo siete disciplinas.

 ¿Qué recuerda de esos Panamericanos?

“Me tocó cubrir el salto de caballo, y vi cómo el general Humberto  Mariles mató a su yegua Arete, porque no quiso saltar un obstáculo. Se oyó el balazo en todo CU. No lo obligaron a devolver la medalla de oro que tenía en Londres, pero sí le aconsejaron que se fuera de México, la Ley del Hielo”.

¿En inglés llegó a  hacer entrevistas o transmitir?

Sí, muy aventado, porque cuando me colé la primera vez a Estados Unidos. Me dijeron que había chamba en Piedras Negras Coahuila, necesitaba ir a la frontera para ver cómo lo estaban haciendo allá”.

 Usted era aventurero

..Sí, había un filósofo alemán Friedrich Nietzsche, que me dio una gran lección en sus libros: El hombre debe aprender a vivir peligrosamente. Mi conclusión fue que el mexicano es el hombre que más practica la doctrina de Nietzsche, porque come tacos en la calle, se endroga con su cuarto de vecindad, trae en el lomo el carrito, ¡le encanta!.

¿A dónde más le llevó su aventura?

“Estudiaba cómo se hacía el radio en otros lugares. De Piedras Negras me pasé a Texas, trabajé pasando los programas de inglés a español en la KBS, programas de música moderna. Y el inglés me ayudó mucho allí, trabajé en el programa “Vámonos pa´l  Winter Garden”, en Brownsville” y narré también competencias del rodeo americano, hasta que me agarró la migra en San Antonio y me regresé, pero estuvo bien porque no salía de perico a perro, ganaba 400 dólares a la semana, era una lana aquí en México pero yo me la gastaba allá,  en comida y asistencia.

¿Qué observó a su regreso a San Luis?

“Regresé a San Luis Potosí y me ofrecieron la gerencia general de la XESL, me percaté que no había crecido la radio en este estado. En San Antonio ya había aprendido la frecuencia modulada, sabía de qué se trataba, es un sonido muy limpio porque la frecuencia es a base de cuadros para quitar ruidos, asperezas, me posesioné de la estación, me pelee con el sindicato, no tengo nada en contra de ellos ni de los sindicalizados, pero era mi opción particular.

En ese entonces empezaron a vender las concesiones de frecuencia modulada, Benjamín Orozco tenía dos: la OB y la OD pero le quemaban, un día se me acercó para ofrecérmelas”.

 ¿Cuánto costaba una concesión?

“Según la plaza y el mono que la comprara la primera me costo 300 mil pesos, siendo empleado, era gerente general pero empleado, dije voy a vender mucho para ir haciendo comisiones y hacer pachocha”.

¿Tenía ya su dinero?

“Muy poquito, pero era el único comprador que se presentó para la XHOD FM 96.9 mi primera radiodifusora. Había 10 concesiones para San Luis pero las compraban millonarios que no tenía idea de cómo trabajar una radiodifusora, luego la vendían cuando veían su fracaso. Algunos me preguntaban cuándo ponía la estación, yo les respondía que nomás que tuviera más lana. Ahí volvía  conocer San Luis, ¿Quién me dio la mano?, nadie,  fui el hazmerreír, decían que no yo no sabía ni lo que era la frecuencia modulada y finalmente, cuando abrí las puertas de la estación le puse: “OD Otra Dimensión en Radio”, era 1965”.

 ¿Por qué su estación XHPM Stereoey se hizo grupera?

Eso fue problema de México, yo estoy afiliado a MVS Radio, me avisaron que desaparecería Stereorey porque estábamos tocando la música de hace 30 años, y ellos tomaron la determinación, por eso pusimos La Mejor, con música grupera.

Yo no estuve de acuerdo, le hable a  Joaquín Vargas y le pedí que escogiera otro género para mi estación, porque ya hay muchas estaciones gruperas y no podría competir con gente que me lleva mucha experiencia, no de aquí, sino las estaciones de Monterrey como La Caliente.

¿Por qué regresó la estación a la misma música y a llamarse Stereorey, ahora con el trato que hicieron con los Torres Corzo?

“Fue un acto de fuerza mía,  porque se diluyó La Mejor, un grupo se fue a Monterrey y otro se fue para Oaxaca,  nosotros quedamos en medio, dijimos: -bueno, ¿hacemos otra estación grupera?, y mejor optamos por regresar a Stereorey”.

Minuto a minuto

Toda la sección