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domingo 19 noviembre 2017

El Navismo murió con el doctor: Conchita

Largos años tuvieron que pasar para que la viuda del líder civilista accediera a hablar con la prensa; la señora Calvillo narra cómo era su vida con el oftalmólogo, el trato hacia sus hijos, pero también reflexiona sobre su legado político

Fernando Garduza / Pulso
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EL NAVISMO MURIO-330x450No es un domingo cualquiera. Apenas un día antes San Luis Potosí volvió a sentir el movimiento navista con figuras rutilantes exponiendo ideas sobre Salvador Nava Martínez en el centenario de su nacimiento.

La revista Proceso publicaba en 1992 que la viuda del doctor seguía en pie de lucha, pero en algún momento ella decidió cerrarse a la prensa. Años tuvieron que pasar para recoger una entrevista con Conchita en la cual habla sobre alguna de las caras de una de las figuras más representativas de San Luis Potosí.

Ante un ambiente amable, un hogar pulcro y con imágenes del líder civilista rodeadas por las de hijos, nietos y bisnietos, Conchita Nava comienza: antes que nada, voy a ir por mis anteojos…Lo primero que le voy a decir es que no me gusta dar entrevistas, pero si es una cosa sencilla lo que me va a preguntar, se lo digo.

Menciona las entrevistas, ¿cómo fue la prensa con el doctor Nava?

● Cerrada.

¿Toda la prensa fue cerrada?

● Toda la prensa. En el 58 hubo, El Heraldo tenía otro director y entonces era un poquito más abierto o cuando menos decía lo que pasaba, pero en pequeñas dosis. Ahí tengo libros del Heraldo y de Tribuna, para que vea que es cierto lo que le digo.

¿A qué se debería esta cerrazón de la prensa hacia el movimiento del doctor Nava?

● Se debía a que mientras un gobierno es autoritario, por lo general tiene la prensa de su lado.

¿Esta imagen que tenía de la prensa, la sigue teniendo?

● No, porque ahora hay más apertura, hay que reconocerlo, no es absoluta, porque muchas veces ustedes sacan lo que llama la atención, pero se les van muchas cosas importantes.

¿En qué momento decidió cerrarse a la prensa, qué fue lo que ocurrió para que usted decidiera ya no dar entrevistas?

● En primer lugar, cierto dolor, porque así se podría llamar, que entre cosas tan importantes que estaban pasando, como fue la lucha del doctor Manuel Nava y luego la del doctor Salvador, no sacaran nada. Estaban cerrados, pero la gente sabía y quienes acudían a los mítines les platicaban a otras por teléfono.

Nava, cómplice de sus hijos

“Conchita” pasa a la parte humana de Salvador Nava. Piensa la respuesta a cada pregunta.

La parte humana del doctor, su historia, algún hecho que recuerde especialmente de los primeros años que vivió con él, ¿cómo lo conoció?, ¿qué hacían?

● Estoy hablando de hace casi cuatro generaciones. Él era un joven que estudiaba cuando yo lo conocí. Fue poco antes de que se fuera a estudiar a México. Cuando se iban no es como ahora que se coge el teléfono, se habla por el Internet o vienen seguido a verse, entonces no, entonces la gente vivía austeramente, los viajes eran pocos, las llamadas pocas, más bien me escribía.

¿Cómo era EL DOCTOR como padre y como esposo?

● Gracias a Dios era formidable.

Conchita hace una pausa, lo piensa, sonríe con el recuerdo.

¿Cómo era después de un día laboral para el doctor llegar a su casa y encontrarse con usted?

● Nos parecía encantador que viniera un rato. Por lo general se usaba que a los niños chiquitos los acostábamos temprano para que cuando llegaran los esposos, encontraran cierta paz. Ya cuando estaban grandes jugaba con ellos, platicaba, éramos una familia de provincia.

¿Cómo combinaba la parte política con su parte profesional como doctor y con su parte familiar como padre y esposo?, ¿nunca le reprochó al doctor que por cuestiones políticas dejara desatendida a su familia?

● No. Sus hijos se acostumbraron a respetar a su padre, y para ellos, lo que hacia él estaba bien; para él, sus hijos eran lo más maravilloso que tenía.

Usted pide que le cuente una anécdota: yo le tengo horror a los animales, los niños nunca se lo tuvieron. Un día se los llevó muy bien arregladitos de paseo a la presa, cuando regresaron venían sin calcetines, me dijo que se los quitaron para jugar en un arroyo.

En la noche los niños estaban inquietos, me fui a su pieza y me acerqué a ver si estaban tosiendo o algo. Se me resbala la mano debajo de la almohada y la saque inmediatamente.

¿Sabe dónde estaban los calcetines?, ¡con unos ajolotes! Los escondieron debajo de la almohada, porque sabían que le tenía horror a los animales y los tenían escondidos.

El doctor era cómplice en este tipo de travesuras.

● ¡Ah claro que era cómplice!

Con Salinas la relación fue de respeto

La parte política es quizá lo más reconocido del doctor, su movimiento y su lucha. ¿Qué pasó entre Salinas de Gortari y el doctor SALVADOR Nava?

● Su relación era como de respeto, porque el doctor cuando estaba en el municipio fue varias veces a solicitar a los departamentos donde estaba Salinas de Gortari, y por eso lo conoció, y nada más, era una relación de funcionario a funcionario.

¿Y cómo fue cuando Salinas de Gortari fue presidente?

● Supo que el doctor estaba enfermo, entonces le entró curiosidad, preguntaba diariamente por él, lo fue a ver como dos veces, para darse cuenta, yo me imagino, de cómo iba, si iba a sanar o no. Cuando se dio cuenta de su salud, entonces tal vez pensó: ‘es oportuno que yo nombre a otro candidato’, y nombra a (Fausto) Zapata. La relación aquella de preguntar por él, de ver cómo estaba, cuando se dio cuenta que el doctor no se iba a lanzar, pues ya no.

Del fraude, fue un momento en el que el doctor tomó mucha fuerza con las estructuras, con la gente, nunca hubo un ofrecimiento de parte de Salinas, de parte del PRI, de parte de algún otro partido, para que moderara su movimiento.

● En esa época no, bueno, cuando era presidente municipal, no, no hubo nada de eso; cuando él se iba a lanzar sí, hubo primero emisarios que venían a pedirle que no se lanzara, pero el doctor decía que mientras tuviera apoyo de las personas haría lo que le pidieran, no le interesaban ni las amenazas.

¿Hubo amenazas contra el doctor?

● ¡Claro!, sí había amenazas.

De parte de quién.

● Pues del poder, del poder político. Le preguntaban, ‘¿doctor, usted tiene miedo?’; ‘claro’; ‘¿entonces cómo le hace?’; ‘pues me lo aguanto’. Ante el compromiso hecho con un pueblo, ¿usted cree puede decirse ‘tengo miedo’? Por supuesto que no. No los iba a defraudar”.

¿El movimiento del doctor Nava sigue vivo o ya murió?

● Desde el momento en que falleció el doctor el movimiento murió, no puede seguir vivo, claro que cuando él se despide de la política les dice ‘sigan luchando’.

¿Y siguieron luchando?

● Claro que se siguió luchando. Usted sabe que cuando se acaba un líder es difícil, dificilísimo. Líder es una palabra que no me gusta usar, pero él lo fue porque la gente, con una palabra de él, obedecía. Lo obedecían inmediatamente.

¿Qué pasó con Nava partido político?

● Creo que fue un error.

¿Un error de quién, del doctor?

● No, del doctor no, de los que quedamos.

¿Por qué lo define como un error?

● Porque no debió haberse llamado así. Era como si fuéramos otra vez nosotros, la gente la que le dábamos el poder, pero el poder no se hereda, por el poder se lucha para tenerlo.

¿Fue un problema de organización tal vez?

● Tal vez, tal vez.

¿Podría revivir un partido político con la figura del doctor Nava?

● ¿Por qué, si hay más personas, tiene que ser él? Yo creo que todos los países ambicionan lo mismo: quieren que cuando ha existido un buen gobernante, haya otro como él y por ello siguen nombrándolo, pero hay muchos jóvenes que pueden ser capaces, entre ellos los míos, pero no solamente ellos, ustedes pueden seguir luchando para conseguir el poder político.

¿No queriendo colgarse de una figura como la del doctor?

● Dice que no con la cabeza.

Enseguida, “Conchita” habla sobre el miedo, ese miedo que frenó a otros pero no a Salvador Nava.

● Iban con personas que tenían calidad y ninguna quiso, porque sabían que podrían tener problemas fuertes.

Es lo que me comentaba del miedo, ¿el doctor supo controlarlo?

● Sí. No tuvo miedo, lo persiguieron, lo metieron a la cárcel, lo acusaron, lo golpearon. En esta casa se evitaba hablar de ello. Así era de fuerte.

Alguno de sus nietos y su hijo Luis escuchan atentamente la plática de “Conchita” que ahora si puede tratar el tema y cierra la entrevista recordando emotivamente a su esposo.

¿La herencia que el doctor le dejó a usted se ve reflejada en sus hijos, en el respeto que ellos le tienen y en la forma de vida que llevan, fue buena herencia?

● Pienso que sí, pienso que fue la mejor, el dinero es necesario, pero creo que el ser humano y el tener valores es lo mejor, porque eso no se pierde, lo otro hasta se acaba.

¿Extraña al doctor?

● ¡Ah claro! Sonríe y muestra emotividad.

¿Platica con él?

● Por supuesto que sí. Anoche platiqué y le dije “mira a tus hijos”. Te hacen honor e hicieron esto para que te respeten, para que te sigan respetando, para que sepan quién fuiste.

Se refiere al homenaje y mira a su hijo Luis y a sus nietas.

¿Y él qué le dice?

● Eso ya me lo digo yo. Que qué satisfacción.

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