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Miguel R. Valladares García

miércoles 19 diciembre 2018

¡”Cácaro”!

Miguel Mora Mar / Pulso
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Éramos Unos tiernos pibes cuando oíamos hablar del “Cácaro” López, un potosino basquetbolista muy relevante en aquellos principios de la vieja década de los 50s del siglo anterior. Francisco Javier Reyes “El Hombre de Goma” y su servidor éramos los delanteros de nuestro equipo “El Seis” y jugábamos alegre y decididamente al basquetbol, cuando apenas teníamos 12 años de edad.

¿”El Cácaro” ¿quién era? Un gran jugador camelense, quien participó en las Olimpíadas de 1948 en Londres y en 1952 en Helsinki, con la selección mexicana, “Cácaro” porque la viruela le había dejado huellas visibles en su rostro.

Abordo el tema pues el caballero del futbol, Rolando Jiménez Turégano, me sugirió escribir de este personaje, tan distinguido en el basquetbol mexicano tanto como Ignacio de la Vega y José Pamplona Lecuanda, éstos últimos integrantes del equipo nacional ganador de la medalla de bronce en los inolvidables Juegos de Berlín 1936, cuando Alemania era regida por el dictador de bigote de mota, Adolfo Hitler.

Pancho y yo teníamos al “Cácaro” como nuestro ídolo, pues un potosino que incursionó en dos olimpíadas, en nuestro deporte favorito, era algo extraordinario. El equipo mexicano estuvo a punto de conquistar medalla, en Londres 1948, pero infortunadamente perdió su juego en semifinales y tuvo que conformarse con el cuarto puesto.

El campeón, como siempre, fue el eterno acaparador de medallas, Estados Unidos; la plata se la colgaron del cuello los seleccionados de Francia, y el bronce fue para la aguerrida escuadra de Brasil.

¿Cómo quedó México en la tabla de posiciones? Cuarto lugar, con 7 juegos jugados, 5 ganados, 2 perdidos y un rendimiento de 0.714. Nada mal para un deporte que tenía pocos años de ser jugado en nuestro país.

“Cácaro” López jugó como él sólo sabía hacerlo, pero su esfuerzo no fue suficiente para conquistar la anhelada presea olímpica.

Seguramente usted, amable lector, quiere saber quiénes fueron los compañeros del “Cácaro” potosino en la selección que fue a Helsinki. Ahí le van los nombres:

José Salvador “Pistolas” Meneses, Héctor “Tarzán” Guerrero, Sergio “Cherokee” Holguín, Rubén “Chorrito” Almanza, todos estos nacidos en Chihuahua; además, José Carlos Breu, Filiberto Manzo, Fernando Rojas, José Rojas, “Pelón” Ruvalcaba, Jorge Cardiel y José Cabrera.

Por allí se dice que jugó una final de primera fuerza jugada en Ciudad Juárez en diciembre de 1953, pero no logró el título porque lo la escuadra rival, Chihuahua, fue superior a la hora de meter el balón en el aro. Allí sus compañeros fueron el “Pambazo” Cardiel, Juan Filiberto y Felipe Manzo, quienes dieron una tórrida palea a los del norteño Estado, pero con un final adverso.

“El Cácaro” trabajó para la compañía Luz y Fuerza del Centro en la Oficialía Mayor e Inspección, y jugó en la Liga Mayor de Basquetbol con el equipo Dodge. “El Pambazo” siguió siendo su compañero de equipo.

Cosa curiosa: Emilio y J. Medina eran enemigos irreconciliables en la vida cotidiana y, sin embargo, cuando jugaban en las canchas basquetboleras formaban una pareja que se entendía muy bien en las jugadas y eso les rendía resultados muy favorables a la hora de encestar. Formaban, como quien dice, el “dúo dinámico” del básquet. López, sin embargo, no jugó mucho en San Luis, pues residió mucho tiempo en la capital azteca.

Otros deportistas llevaron el sobrenombre de Emilio, pues en el futbol estuvo el “Cácaro” Mendiola y “El Cácaro” José Luis Réséndiz. En los cinematógrafos ha habido, muchos “cácaros”, pues si usted mal no recuerda, cuando el rollo de las películas tenía defectos o la cámara proyectora sufría algún desperfecto, los cinéfilos gritaban de inmediato, desaforadamente: “¡Cácaro, cácaro! ¡Ya deja la botella!”, refiriéndose, desde luego, a quien se hacía cargo de la proyección de la película.

Y silenciaban sus protestas cuando la proyección de la película se reanudaba en la llamada “pantalla grande” y se arrellanaban en las butacas para seguir viendo su filme favorito, y seguir pelando pepitas con los dientes, que mucho les servirían para desparasitar sus intestinos, pero también los marcaba cuando sus inevitables y nauseabundas flatulencias se hacían presentes en la sala cinematográfica.

Espero que la sugerencia de don Rollie haya sido atendida adecuadamente. A mis diez lectores ¡Feliz Navidad!

Hasta la próxima, DM.

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miguelmoramartinez@hotmail.com

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