Fundador:
Miguel R. Valladares García

Martes 17 enero 2017

Usan restos del “Angel de la Muerte” nazi como herramienta educativa en Brasil

AP

mengeleLos restos de Josef Mengele son usados en clases de medicina forense / Foto: AP

SAO PAULO (AP) — Por más de 30 años, los huesos de Josef Mengele, el médico alemán que hizo experimentos atroces con miles de judíos en el campo de concentración de Auschwitz, permanecieron en una bolsa de plástico azul en el Instituto de Medicina Legal de Sao Paulo, sin que nadie los pidiese.

El doctor Daniel Romero Muñoz, que encabezó el equipo que identificó los restos en 1985, decidió darles un uso práctico. Hace algunos meses el director del Departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo consiguió la autorización para usarlos en clases de medicina forense. Es así que numerosos estudiantes se preparan analizando en clase los huesos de quien fuera conocido como el “Angel de la Muerte”.

“Los huesos ayudan a examinar los restos de un individuo y a cotejar esa información con los datos de los documentos relacionados con esa persona”, dijo Muñoz durante una reciente entrevista.

Mengele murió hace casi cuatro décadas, al ahogarse frente a las costas del estado de Sao Paulo. Había estado prófugo por años en los que se lo buscó por realizar experimentos entre los detenidos y por enviar a miles de ellos a las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial.

Su vida como prófugo y el misterio que lo rodea contribuyen a hacer que los huesos resulten una herramienta educativa particularmente buena, señaló Muñoz.

“Por ejemplo, al examinar los restos de Mengele, vimos que tenía una fractura en la parte izquierda de la pelvis”, explicó, agregando que “información que encontramos en su ficha del ejército indica que se fracturó la pelvis en un accidente de motocicleta en Auschwitz”, un tristemente célebre campo de concentración nazi de Polonia.

Sosteniendo el cráneo de Mengele, Muñoz señala un pequeño agujero en los huesos de la mejilla izquierda, que dice es consecuencia de una sinusitis crónica.

Muñoz indicó que la pareja alemana que albergó a Mengele en Brasil le dijo a la policía que a menudo sufría de forúnculos que se trataba él mismo con una rasuradora.

“No sé lo que siento” al saber que los huesos de Mengele están siendo usados con fines académicos, comentó Cyrla Gewertz, sobreviviente del holocausto judío de 92 años. “Tengo demasiados recuerdos dolorosos de él y de lo que nos hizo a mí y a otros en Auschwitz. Son recuerdos que no puedo borrar de mi mente”.

Después de la guerra, Gewertz, quien dijo haber estado internada en otros campos de concentración como Ravensbruck y Malchow, se fue a Suecia, donde vivió siete años y conoció a su marido, con quien vino a Brasil en 1952.

Oriunda de Polonia, Gewertz tiene un tatuaje en su brazo izquierdo que la identifica como prisionera de Auschwitz: A24840. Cuenta que estuvo cara a cara con Mengele en varias ocasiones.

“Una vez (Mengele) me dijo que me desnudase e ingresase a una enorme tina con agua muy caliente”, relató Gewertz durante una entrevista en su departamento de Sao Paulo. “Le dije que el agua estaba demasiado caliente y me respondió que si no hacía lo que me decía, me mataría. Después tuve que ir a una cuba con agua helada”.

Gewertz afirma que en una ocasión vio a Mengele matar a una bebita recién nacida tirándola de un techo en el campo de concentración.

“Era un hombre diabólico, perverso”, sostuvo. “Un torturador”.

Después de la guerra, cuando los líderes del Tercer Reich de Adolf Hitler estaban siendo juzgados por crímenes de guerra, Mengele huyó a la Argentina y vivió en Buenos Aires por una década.

Se radicó en Paraguay cuando agentes de la Mossad israelí capturaron a otro jerarca nazi, Adolf Eichmann, que también vivía en Buenos Aires. En 1960 llegó a Sao Paulo, donde fue alojado por la pareja alemana de Wolfram y Lisolette Bossert y por una familia de inmigrantes húngaros.

Mengele murió en 1979 cuando nadaba en una playa de la ciudad costera de Bertioga. Los Bossert lo enterraron en Embu, en las afueras de Sao Paulo, usando el nombre de Wolfgang Gerhard. Años después, las autoridades alemanas interceptaron una carta que le envió la pareja a la familia de Mengele informándole de su muerte y alertaron a las autoridades brasileñas.

Su cadáver fue exhumado en 1985. Especialistas de Alemania, Israel, Estados Unidos y Brasil confirmaron que se trataba de Mengele a partir de relatos de personas que lo conocieron en Brasil, comparando su escritura en cartas confiscadas y analizando el cráneo, para ver si encajaba con las fotos de Mengele.

La profesora María Luiza Tucci Carneiro, historiadora que coordina el Laboratorio de Estudios de Etnicidad, Racismo y Discriminación de la Universidad de Sao Paulo, dijo que espera que el análisis de los huesos de Mengele aliente a los estudiantes a ir más allá de la ciencia y se interesen en cuestiones históricas y éticas.

Los estudiantes deberían aprender asimismo “cómo físicos, psiquiatras y otros científicos importantes trabajaron para el Reich, aportando sus conocimientos para la exclusión de grupos étnicos que fueron clasificados como una raza inferior”, dijo Carneiro. “Una exclusión que dio paso a un genocidio”.

Minuto a minuto

Toda la sección