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Miguel R. Valladares García

Jueves 29 Junio 2017

El cirujano robótico

Con 62 años de edad, 30 de ellos dentro del campo de la medicina, el doctor Luis Feria Bernal es el operador de Da Vinci, uno de los primeros integrantes de la nueva generación de cirujanos

El Universal
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EL CIRUJANO ROBOTICO-notaCuando el doctor Luis Feria Bernal realiza una cirugía no utiliza sus manos. De hecho, está cómodamente sentado frente a una consola localizada a unos metros del paciente, a quien ni siquiera mira directamente mientras trabaja dentro de su cuerpo. Desde ahí dirige los movimientos de Da Vinci, una nueva generación de cirujanos.

Hace dos años, Feria Bernal obtuvo la certificación como médico especializado en cirugía robótica por el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y por la empresa Intuitive Surgical de Bogotá, Colombia.

En 1991 realizó un diplomado en Cirugía Laparoscópica en la Clínica 8 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), mismo que le permitió años más tarde especializarse como cirujano robótico. Desde entonces ha realizado nueve intervenciones quirúrgicas asistidas por robot: seis en el CMN 20 de Noviembre y tres más en el Hospital Ángeles del Pedregal.

Con 62 años de edad, 30 de ellos dentro del campo de la medicina, es cirujano por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desde hace dos años es coordinador de cirugía en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, institución que realizó con gran éxito las tres primeras intervenciones robóticas de corazón en toda América Latina.

Una nueva forma de operar

Después de realizar los primeros ensayos de cirugía robótica a distancia durante la Guerra del Golfo —invasión liderada por Estados Unidos contra la República de Irak— en el año 2000, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) autorizó la aplicación del sistema robótico Da Vinci en cirugías laparoscópicas, técnica que permite la visión de la cavidad pélvica abdominal.

En ese momento, los soldados heridos en Irak eran operados por cirujanos desde Washington a través de robots llevados en unidades quirúrgicas. Uno de los principales problemas presentados durante esas operaciones fue la variación de segundos en la transmisión de la señal, debido a las distancias kilométricas entre el transmisor y el receptor, lo que hizo que las intervenciones fueran poco seguras y prácticas.

La aprobación de la FDA hizo de Da Vinci —nombrado así en honor al pintor italiano Leonardo da Vinci— el primer robot en utilizar todos los instrumentos quirúrgicos en una operación. Actualmente, este nuevo compañero de cirugía se compone de tres módulos: una consola ergonómica, en la cual el cirujano se sienta y opera el robot; un carro quirúrgico, encargado de sostener y mover los instrumentos, y una torre de visión, que controla dos cámaras para que las imágenes sean iguales. Su tecnología lo hace capaz de sostener hasta tres utensilios quirúrgicos y una cámara tridimensional, que se introduce en el cuerpo de la persona a través de cuatro a cinco incisiones de 12 milímetros.

“En la cirugía abierta podíamos tocar directamente el órgano, en la cirugía laparoscópica teníamos la capacidad de tocar con el instrumento y encontrar las características propias del tejido; en la cirugía robótica no se puede tener esa sensibilidad háptica”, afirma el médico Feria Bernal sobre la ahora nula posibilidad de sentir con el tacto los tejidos orgánicos o fluidos del paciente, mientras que se perciben sus guantes de látex blanco sin una gota de sangre.

El futuro de la cirugía

Para Luis Feria Bernal, Da Vinci es un recurso tecnológico muy importante, puesto que representa el futuro de la cirugía en algunas especialidades: “Hay nuevos robots, hay nuevos productos que nos van a ayudar a hacer menos invasiva la cirugía. En lugar de hacer cuatro o cinco heridas de 12 milímetros, haremos sólo una herida de 12 o 14 milímetros para poder invadir la cavidad abdominal”, afirma el cirujano.

Actualmente, la cirugía robótica es practicada en ocho subespecialidades: Ginecología, Cirugía General, Bariátrica, Urología, Cirugía Cardiovascular, Oncológica, Urología Oncológica y Ginecología Oncológica. El tiempo estimado para realizar una intervención robótica varía dependiendo de la patología. Comúnmente su duración es de dos a tres horas, tiempo superior al de una intervención laparoscópica.

Da Vinci representa también comodidad, pues el cansancio que pudiera experimentar el medico es mínimo: “Trabajar con un paciente obeso que tenga una gran resistencia en la pared abdominal es agotador para el cirujano. En la cirugía robótica nadie está luchando con el paciente, sino que la misma máquina hace su trabajo”.

Mientras el médico permanece sentado en la consola, donde opera con una imagen tridimensional dentro del afectado, como un director de orquesta sus manos coordinan los movimientos de Da Vinci: succiona, corta, coagula, disecciona y extrae órganos. Además, evita los calambres que sufren quienes intervienen a los enfermos por estar largos periodos de pie.

No es autónomo, pero es eficiente: sus brazos giran 520 grados y sus movimientos son precisos y concretos. Sus instrumentos están diseñados con siete grados de movimiento. Los beneficios son extensos: evita sangrados, disminuye el dolor, disimula cicatrices, provoca menor daño y reduce la estancia hospitalaria.

México: sólo ocho robocirujanos

Pese a las ventajas de someterse a una cirugía robótica, “las condiciones económicas de toda América Latina impiden usar esta tecnología”, pues a diferencia de Estados Unidos, donde hay cerca de dos mil robots, en México sólo hay ocho.

Aún así, la magia de Da Vinci se extiende lentamente por la República Mexicana.

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