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Miguel R. Valladares García

lunes 20 noviembre 2017

Una mujer de Florida lleva a migrantes a donde necesiten

AP
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Rides-for-Immigrants

REDLAND, Florida, EE.UU. (AP) — Antonia Catalán maneja su camioneta esquivando baches en el camino sin pavimentar en un área rural del sur de Florida que se une con el pantanoso Everglades. Está buscando a un inmigrante que no tiene permiso de residencia.

Se pone sus lentes para leer y agarra un pedazo de papel con la dirección de un vivero donde cultivan palmeras para las comunidades ricas de Miami. Un sendero lodoso llega hasta una casa remolque, donde está un joven con una botella de agua vacía.

“¿A dónde vamos? Tú mandas”, dice Catalán, de 59 años. “No llevo prisa”.

El pasajero de 32 años es de Guatemala y es uno de una decena de trabajadores que Catalán lleva gratis a donde ellos necesiten. Esta es la manera como una persona responde al temor que se está propagando en las comunidades inmigrantes debido a las duras políticas migratorias del presidente Donald Trump.

En todo el país, mucha gente ordinaria está ayudando de manera voluntaria a inmigrantes que viven aquí sin autorización. Cientos de miembros de iglesias se están inscribiendo para crear o apoyar lugares que sirvan como refugios, con la esperanza de proteger a inmigrantes de las deportaciones dentro de los centros de adoración. Otras personas están acompañándolos a las cortes o revisiones con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, donde podrían ser detenidos y deportados.

Expertos en leyes dicen que, por lo general, ayudar voluntariamente a inmigrantes sin autorización de residencia no va en contra de la ley, pero Trump ha creado dudas al dar directrices para castigar a gente que “facilite su presencia” en Estados Unidos. Críticos conservadores dicen que estos voluntarios deberían de ser castigados junto con los inmigrantes a los que ayudan.

El servicio de aventones que da Catalán creció cuando comenzó a contar a sus vecinos y amigos en su pueblo de Redland que ella llevaba a los inmigrantes a supermercados, cabinas de giros electrónicos y hasta a hospitales.

Ella nació en México, pero contrario a muchos de sus vecinos, es ciudadana estadounidense con licencia para manejar. California, Illinois, Washington y Maryland son algunos de los estados que emiten licencias para manejar a inmigrantes indocumentados, pero no Florida, donde conducir cuidadosamente para no meterse en problemas no es una estrategia en la que los inmigrantes pueden confiar.

Desde que le dejó a su hija mayor el vivero que abrió hace más de diez años, Catalán no tiene empleo. En su lugar, ofrece viajes prácticamente todos los días. Su hija le ayuda a pagar la gasolina.

Lo que comenzó como un viaje gratuito se convirtió en una sesión terapéutica en los verdes campos de Redland, ubicado a unos 30 kilómetros (20 millas) al suroeste de Miami.

“Si tú no te metes en problemas, no te va a pasar nada. Pero si quieres tomar por ejemplo. Ahí en tu casa”, le dijo a su pasajero.

El guatemalteco, quien cruzó ilegalmente la frontera con México hace tres años, dejó de conducir hace poco por temor a que lo detuviera la policía. Dijo que le preocupa demasiado que lo detengan y lo deporten y por eso no quiso revelar su identidad.

El alcalde del condado Miami-Dade, Carlos Gimenes, accedió en enero a retener a las personas, incluso a los culpables de delitos menores, en caso de que agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), quieran detenerlos. En total, se ha puesto a disposición de ICE a seis personas arrestadas por el cargo de conducir sin una licencia válida. Lo mismo sucedió con otros cuatro acusados de delitos menores, como conducir en estado de ebriedad o robo simple.

Ocho de esas 10 personas encarceladas en Miami-Dade no contaban con antecedentes penales.

Catalán, quien se convirtió en ciudadana durante la amnistía que otorgó el presidente Ronald Reagan en 1986 para legalizar el estatus de alrededor de 3 millones de personas, dijo que llevar a otras personas a su destino se ha convertido en su terapia.

“Me hace bien. Yo siento que ellos confían en mí y yo les digo que no deben tener miedo”, recalcó. “Quizás ellos también se sienten mejor”.

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