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Miguel R. Valladares García

lunes 23 octubre 2017

Con una bala en la pierna y rencor en el corazón

El Universal
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Aarón José Cruz Reyes / Foto: El Universal

CIUDAD DE MÉXICO, junio 19 (EL UNIVERSAL).- “Para mí el kung-fu era todo. Me sentía muy bien, me daba placer saber que podía hacer eso y mucho más. Cuando todo mi esfuerzo practicando algo rendía frutos, como una medalla, me motivaba a seguir por más. Saco todas mis frustraciones, me tranquilizo”, así habla Aarón José Cruz Reyes, de 18 años, mientras señala su pierna izquierda, destrozada cuando una bala expansiva le fracturó el fémur.

Aarón ya no puede practicar este deporte, al que le dedicaba cuatro horas diarias. Sus deseos de competir siguen ahí, pero su pierna no le responde.

En la primera radiografía que le tomaron la noche de ese 19 de junio de 2016, se observa la bala puntiaguda alojada en su muslo izquierdo. El pedazo de metal sigue ahí, rodeado de cientos de esquirlas que se quedaron en su cuerpo y jamás van a salir.

“De repente siento una pedrada en la parte de atrás [de la pierna] como si me hubieran aventado algo grande, ahí es cuando caigo y no sabía que me habían dado un balazo. Lo que sentí fue mi hueso cuando se quebraba”, platica.

La mañana del enfrentamiento de Nochixtlán, Aarón tenía 17 años y muchas ganas de estudiar Veterinaria y practicar deportes; desde su casa escuchó la voz “triste, de desesperación y angustia” de una mujer que desde la bocina de la parroquia pedía ayuda, algo estaba pasando en la carretera. El sentimiento general fue de enojo, platica, de amenaza. “¿Qué hacen acá los federales?”, se preguntaban los vecinos y él mismo. Pensaban que iban a entrar al pueblo y había que detenerlos.

“Se escuchaban pedradas en la tierra, pa-pa, veo que los federales estaban entrando por el panteón y los apedreamos, les aventábamos lo que había: piedras, palos, machetes, me parece que también bombas molotov, pero eso ya fue cuando se escuchaban más los disparos”, cuenta.

Ha pasado un año del tiroteo de Nochixtlán, las cuatro cirugías que le han hecho para recuperar su pierna dejaron endeudada a su familia: en un principio entre todos sus parientes juntaron el dinero de las primeras operaciones; cuando éste se acabó, sus padres comenzaron a pedir préstamos a la caja popular.

La pierna le duele como en punzadas todo el tiempo, pero más cuando hace frío, puesto que siente el metal que lleva en el cuerpo.

La bala que le dispararon no sólo le fracturó el fémur y le destrozó el músculo, le tuvieron que cortar y retirar gran parte de él; la bala atravesó el teléfono celular que Aarón llevaba en la pierna: el ácido de la batería se derramó y le ocasionó quemaduras de tercer grado. El joven recuerda que ese día volteó a ver el hoyo de varios centímetros de diámetro que tenía en el muslo: distinguió parte de su hueso.

“Cuando llegué al hospital de Tehuacán [Puebla], me dijeron que la bala me había rozado una arteria femoral, y estaba haciendo que me desangrara, si pasaban 20 minutos más, me muero. Estuvieron a punto de cortarme la pierna”. Aarón confiesa que aún guarda rencor por los hechos.

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