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Miguel R. Valladares García

sábado 16 diciembre 2017

CRÓNICA CON VIDEO: La toma fallida entre letanías de roedores (fotogalería)

Dos intentos de saltar una valla policiaca en el interior del legislativo dieron al traste con la posibilidad de que ciudadanos plantaran bandera en la tribuna del Legislativo. Jitomatazos y huevos fallaron, pero reclamos, insultos y muestras de repudio dieron en el blanco.

Patricia Ruiz / Pulso
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Entre gritos, insultos, reclamos, desacuerdos entre manifestantes, huevazos que no alcanzaron su objetivo, la sesión del Congreso para regresar a revisión las cuentas públicas de la era de “la ecuación corrupta” y aprobar las licencias de tres de los integrantes de esa fórmula logró su carácter “exprés”, pues los vilipendiados legisladores terminaron a tiempo para alcanzar el partido de la copa Confederaciones entre Alemania y México.

Desde las tres de la mañana del jueves inició un operativo especial afuera del recinto legislativo. Se colocaron vallas metálicas para resguardar el edificio y llegaron agentes estatales. A las siete de la mañana se presentaron manifestantes que empezaron a colocar las mantas de repudio y las cartulinas con las que tapizaron las vallas.

A las ocho en punto, con porte relajado llegó Manuel Barrera Guillén. Pretendía entrar por la puerta principal del Legislativo. Los elementos estatales le indicaron que la entrada de los diputados sería por Cinco de Mayo, por lo que al legislador, presidente de la Mesa Directiva, no le quedó de otra más que entrar por la puerta alterna.

Los manifestantes del Frente Ciudadano Anticorrupción lo encararon por su resistencia a presentar licencia, como sus otros tres compañeros vinculados por Enrique Flores a la llamada “Ecuación corrupta” para limpiar cuentas públicas.

“¡Faltas tú Manuel!”, le gritaron. “¡Que se elimine el fuero!”, le demandaron. El legislador se puso en actitud de que se le resbalaban los reproches y sin emitir palabra alguna, ingresó al Congreso.

Uno a uno fueron llegando los diputados y diputadas de esta legislatura, mucho más temprano de lo que acostumbran. Conforme los tenían a la vista, los manifestantes les cuestionaban acerca de su postura en cuento a las cuentas públicas y la eliminación del fuero.

Alejandro Segovia Hernández, Josefina Salazar Báez, Ricardo García Melo y otros, pasaron desapercibidos y a paso veloz. Otros, como la priista Rebeca Terán Guevara y la panista Xitlálic Sánchez Servín, se detuvieron a dar una charla del porqué estaban en contra de ambos temas. La situación era todavía manejable con unos 50 manifestantes en la plaza de Armas.

Para la hora de la cita, las 10 de la mañana en punto, la plaza se llenó de personas inconformes, aunque no todos abanderaban la misma causa ni el mismo objetivo. Había gente del Frente Ciudadano Anticorrupción, activistas de Ciudadanos Observando y del Colectivo Ganemos; empresarios afiliados a Canaco, Coparmex y Nuestro Centro; comerciantes informales; trabajadores del volante; académicos de Colsan; profesionistas médicos y navistas. Un grupo que echaba porras al alcalde capitalino Ricardo Gallardo desentonaba con el foco; los porristas de Gallardo saturaron la entrada.

Adentro, ya era difícil moverse. Las escaleras a la sala del Pleno se congestionaron. En la aglomeración, reprocharon a mujeres comerciantes que se metieron con menores de brazos, con el riesgo de sofocación o de tropezar. El aire era poco para todos los que se juntaron al interior; para salir o entrar había que disculparse y la fricción colectiva se generalizó, pues no había espacio para melindres.

La sesión, de inicio a fin entre rechiflas, reclamos e insultos. La lista para quórum se volvió una letanía del repudio: a la lectura del nombre del diputado, los presentes gritaban: “¡Raaata!”. Y si les simpatizaban menos que otros: “¡Raaatota!”. Al joven Gerardo Serrano, con afecto burlón: “¡Ratitaaaaa!”.

El más interpelado, el presidente de la Mesa Directiva que se dice víctima de compló: “¡Fuera Barrera, fuera Barrera!”, le gritaban mientras intentaba mantener el gesto fresco, en tanto dirigía la sesión.

Algunos esperaban que como siempre, abandonara el asiento y le dejara el paso a Héctor Mendizábal Pérez, vicepresidente de la Directiva, quien desde un día antes ya se había hecho a la idea de que le iba a tocar presidir la sesión entre gritos y tamborazos.

“¿Alguien intervendrá?”, preguntaba Xitlálic Sánchez Servín, para la votación del primer paquete de cuentas públicas, pues de corridito, como anunciando salidas de terminal camionera en “puente”. Ya habían leído toda la correspondencia, y habían dado entrada a las iniciativas que se presentaron. A esa hora ya pocos se dieron cuenta de qué estaban hablando en tribuna.

“¡El pueblo, el pueblo, el pueblo!”, respondieron los presentes mientras agitaban sus cartulinas. “¡No conocen la vergüenza, hijos de su mamá!”. “¡Fuera malditos!”. “¡Fuera Barrera!”…, coreaban.

Un salto alertó a los elementos estatales que estaban en primeras filas a la expectativa, con las bolsitas características para guardar el arma. Uno de los ciudadanos que se manifestaba hizo el intento de pasar el cerco para llegar a los diputados. La falló el cálculo aerodinámico, pues cayó entre las butacas de los mismos policías…

Fue entonces que otros valientes intentaron aventar los huevos…, los que quedaban porque alguien que los traía los rompió en las apreturas de escaleras, antes de entrar a la sala de plenos. Otros sí se previnieron y llevaron proyectiles menos difíciles de transportar: jitomates aguaditos, como manda el canon del repudio verdulero.

“¿Por qué jitomates y no huevos?”, preguntó uno. “Porque no se revientan y si dan en el objetivo manchan más la cara ropa de los legisladores”, respondió el artillero. Un jitomate voló por los aires pero no le dio a nadie del Pleno; cayó estrellándose en el suelo.

El ciudadano saltador sin suerte fue sacado del lugar, escoltado por los elementos estatales, con firmeza pero sin violencia.

Pero en la arremetida que otros intentaron secundar, las diputadas saltaron de sus asientos y corrieron hacia la puerta que lleva de acceso a la sala de plenos, no fuera a ser; ahí se quedaron, sus rostros eran de susto, mientras la voz de los inconformes era una: “¡Desafueeeero, desafueeeero, desafueeeero!”.

Entre los pocos asesores que se encontraban en la zona VIP, se comentó que era raro que no hubiera discusión de ningún tema.

Nadie tenía comentario para aportar. Las votaciones eran exprés: se mencionaba la propuesta y se comunicaban levantando la mano a favor o en contra de lo que se votaba, otros nunca supieron ni qué votaron pero eso no fue sorpresa para nadie.

La letanía de los roedores regresó y con cada nombre de los diputados que votaban, el público respondía al unísono con un “¡raaaata!”, de tal manera que el ejercicio era así:

Dip. Xitlálic: “José Belmares Herrera”. Ciudadanos: “¡Raaata!”

Dip. Xitlálic: “Jesús Cardona Mireles”. Ciudadanos: “¡Raaata!”

Dip. Xitlálic: “Jorge Luis Díaz Salinas”. Ciudadanos: “¡Raaata!”… y así. A algunos con aun menos estima les tocó un “¡recontra raaaata!”. O un juego de palabras, como a “Robassiux” por Desfassiux.

“¡Tomemos el Pleno¡”, sugería el grupo político Ganemos, invitando con señas para brincarse hacia el área de curules. Los elementos estatales solo veían de reojo esperando la acción; los diputados que quedan de espaldas al público lentamente se pusieron de pie para resguardarse de algún imprevisto y se colocaron en los laterales del recinto.

Media hora después y cuando ya se habían desechado las cuentas públicas, David Reyes Medrano, dirigente de Ganemos, brincó entre las butacas para llegar hasta el Pleno, donde una de las trabajadoras, con desventaja en estatura pero mucha agilidad, lo tomó por la espalda para desestabilizarlo y tumbarlo. Cuatro elementos se lanzaron contra el líder social para sacarlo del lugar.

“Por favor calma, hay damas en el recinto”, fue lo que atinó a decir Manuel Barrera, quien intentó calmar los ánimos. “No a la violencia, pacíficamente queremos la tribuna”, dijeron un grupo de manifestantes mientras levantaban las manos para no ser jalados por los policías y sometidos como sus compañeros.

Guadalupe González, líder de Ciudadanos observando y uno de los representantes de los empresarios dialogaron con el legislador Fernando Chávez y le solicitaron que en tribuna que se leyeran las licencias de los tres diputados, que se echaran para atrás las cuentas públicas y que hubiera un compromiso por eliminar el fuero.

El público gritó más fuerte y los líderes sociales intentaban calmar los ánimos que estaban a punto de ebullición. Hubo aplausos cuando se leyeron las solicitudes de licencias de Enrique Flores, de Guadalupe Torres Sánchez y de Óscar Bautista Villegas; Rebeca Terán Guevara pasaba lista para recolectar los votos, pero parecía que estaba diciendo la letanía de un rosario. “Léelos más rápido”, le ordenó una persona del público. “¡Barrera, faltas tú cabrón!“”, gritaba Juan Carlos Ruiz Guadalajara, catedrático del Colsan.

“Tu voto no cuenta, Barrera”, le secundaron. “Eres un ladrón”, asaeteaba de nuevo el académico. Luego, socarrón, apuntando con el dedo a Barrera para atraer la atención de los agentes: “¡Policía!, ¡policía!… ¡Un ladrón..!”. Manuel Nava Calvillo le dio un zape en la nuca: “¡No seas ingenuo!”. Se partían de risa los dos.

Hubo un momento que ni los manifestantes supieron de qué se trataba la votación, pues ya los diputados estaban sufragando para la conformación de las comisiones y de quienes se quedarán en la diputación permanente.

Justo cuando el presidente de la Directiva daba por terminada la sesión, el legislador Fernando Chávez Méndez, se acercó y entregó la carta del pliego petitorio que formularon los ciudadanos inconformes. Manuel Barrera dio la hoja a la diputada Xitálic Sánchez Servín para que la leyera.

“Notifíquese y que circule para la recolección de firmas”, dijo el presidente de la Directiva, quien dio por terminada la sesión a las 11: 40 de la mañana, tiempo récord y sin heridos aparentemente.

Al tocar la campana, Barrera Guillén, inmediatamente se puso de pie y se retiró del lugar, fue el primero en desaparecer de los ojos de los espectadores, a paso veloz, seguido de los demás legisladores, con temor de que les cayera un jitomatazo.

“Vamos a bloquearles la salida, vamos a toparlos afuera”, decían los ciudadanos que no quedaron conformes con la lectura que se dio en el Pleno. Iban a más, quizá se podía más. Buscaron como pudieron salir del recinto para bloquear la salida de Cinco de Mayo.

Cerca de media hora después, los ánimos seguían encendidos, pues los legisladores no salían y el frente ciudadano quería ver la hoja firmada por los 24 diputados, fue cuando algunos inconformes regresaron y por la puerta que da a la sala de previas solicitaron a los elementos policiacos que les dejaran entrar, pues ya era mucho tiempo “para firmar la hojita”.

Cuando al fin sale uno de los representantes de la iniciativa privada, triunfal, a decir a los medios de comunicación y a los demás ciudadanos, que ya tenía la hoja firmada. “Solo falta la firma de Oscar Vera”.

Sin embargo gente del grupo de los comerciantes de Antonio Rodríguez Chessani, saltó y una ciudadana gritó: “¿Quién te nombró como nuestro representante?”, y fue entonces que inició la disputa entre el mismo grupo que buscaba la misma misión.

Estaba por hacerse una trifulca entre frente ciudadano y comerciantes, cuando alguien atinadamente cuestionó a la señora: “¿Qué no buscan lo mismo, que se elimine el fuero y que se vayan los corruptos?”. La mujer respondió que sí

“Entonces, ¿por qué se enoja?”.

“Porque a ellos nadie los nombró representantes de nosotros”.

“Entonces el enojo es porque ellos tienen el reflector…, nosotros no necesitamos reflectores”. Y entonces se hizo el silencio.

Guadalupe González mostró la hoja donde 23 de los diputados se comprometieron a cumplir con las peticiones, aunque dos de ellas ya estaban cumplidas, echar abajo las cuentas públicas y aceptar la licencia de los tres legisladores.

Al buscar un lugar para sacar copia al documento y repartirlo a la prensa y a los demás ciudadanos, los inconformes se retiraron del lugar.

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