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Miguel R. Valladares García

Sábado 23 Septiembre 2017

Museos Vaticanos rescatan el esplendor de épica galería: Brazo Nuevo

Notimex
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Gracias a una meticulosa restauración, los Museos Vaticanos rescataron el esplendor del Braccio Nuovo (Brazo Nuevo, en italiano), una épica galería construida entre 1816 y 1822 como homenaje al influjo artístico de la Antigüedad.

Más de siete años tardaron los restauradores, químicos, arquitectos, ingenieros y obreros especializados en limpiar detenidamente las 140 esculturas allí custodiadas, más los rosetones, los apliques decorativos y los frescos de esa sección de los museos papales.

Originalmente, en 2009, se pensó en restaurar sólo las estatuas expuestas allí, pero luego la intervención se extendió a todo el complejo.

La restauración de las esculturas fue dirigida por la Sección Antigüedades Griegas y Romanas, dirigido por Giandomenico Spinola, Claudia Valeri y Eleonora Ferrazza, mientras los trabajos arquitectónicos de la galería tocó a Micol Forti, curadora del área Arte de los siglos XIX-XX.

“Una de las experiencias más agradables que el visitante culto puede concederse es la parada en el Brazo Nuevo, a menudo poco visitado o saltado por los flujos turísticos que apuntan a la Capilla Sixtina”, indicó Antonio Paolucci, exdirector de los Museos Vaticanos.

“Él comprenderá, admirando los mosaicos romanos que hablan de las aventuras de Ulises, deteniéndose ante la estatua colosal del Nilo o al Augusto de Prima Porta, que el Brazo Nuevo es el último homenaje orgánico que nuestra civilización supo tributar a la Antigüedad”, agregó.

En el invierno de 1816, durante un paseo por las Galerías de los Museos Vaticanos, el Papa Pío VII sugirió la creación de un nuevo espacio para contener a las obras de arte recuperadas tras el saqueo de Napoleón.

Según los documentos de archivo, así nació la idea de realizar un brazo, donde se encontraba un depósito de frutas.

El secretario de Estado de entonces, el cardenal Ercole Consalvi, confió la realización a algunos de los más importantes arquitectos de la época: Raffaele Stern, quien diseñó los Palacios Apostólicos, y Antonio Canova, responsable de la recuperación de las obras vaticanas en Francia.

Ellos fueron los responsables de coordinar las elecciones iconográficas y arquitectónicas del proyecto, iniciado en 1816, que concluyeron cinco años después gracias a la mano de obra de los encarcelados de Castel Sant’Angelo.

El nuevo espacio fue concebido en torno a una refinada idea de contrastes y equilibrios cromáticos. A la muerte de Stern, en 1820, la dirección de los trabajos pasó a Pasquale Belli quien llevó a cumplimiento la majestuosa bóveda.

Los 28 nichos, dispuestos sobre los lados de la galería, acogen la magnífica colección de esculturas clásicas, fruto de la adquisición sostenida por los pontífices y confieren un orden ideal al juego cromático: el marfil de la bóveda, el glaciar marmóreo de las paredes, el blanco y negro de los mosaicos, y los mármoles finamente colorados.

Al centro de la galería fue colocado el busto de Pío VII del escultor Antonio Canova. El pontífice y el artista, ambos protagonistas de la creación del brazo nuevo murieron casi contemporáneamente en 1822, en el año en que fue completada esta obra de arte.

Para afrontar este proyecto se revisaron los documentos de archivo y las fuentes bibliográficas, que exigieron un largo estudio propedéutico. Con el fin de cumplir en tiempos razonables un trabajo tan extenso y diversificado, los museos seleccionaron empresas externas.

La construcción del Brazo Nuevo, un proyecto arquitectónico seguramente ambicioso en sus originarias intenciones, sufrió una cierta restricción financiera que se advierte en la elección de los materiales y de la economicidad de algunas soluciones decorativas adoptadas.

Los turistas pueden admirar esta galería restaurada como parte del recorrido tradicional dentro de los Museos Vaticanos, accediendo a él a través del Patio de la Piña y antes de dirigirse a la Capilla Sixtina.

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