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Miguel R. Valladares García

Sábado 23 Septiembre 2017

ESPECIAL: El infierno del sexting; la historia de Martha

Una historia de amor se convirtió en una venganza maquiavélica, destructiva y traumática. Una víctima humillada y sobajada por cibernautas acomplejados y machistas, sobrevive entre la duda de saber cómo será su futuro.

Rubén Pacheco / Pulso
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Con un temple serio, sin los ojos diáfanos de hace dos meses, Martha –que así se llamará para esta historia— reflexiona en retrospectiva que el amor es un hermoso sentimiento pero que para su desgracia, en minutos se diluyó como se diluyeron sus lágrimas cuando vio su cuerpo desnudo, su intimidad, su ser, su todo en una página de Facebook.

La joven de 24 años no sabía que esa vez que estuvo con su novio, con quien ya tenía una relación sentimental de cuatro años, sería el inicio de una novela negra. La venganza surgió luego de que un amigo de su entonces pareja expuso que ella había cometido una supuesta infidelidad.

La estocada dejó más que la ruptura de un corazón: el nacimiento de odio, ira y destrucción. Martha comenzó a recibir mensajes de su ex diciéndole que era “una puta, una golfa, una mujerzuela” y no conforme con ello, marcó al teléfono de su casa en varias ocasiones a las 4 de la mañana.

“Yo me imagino que él se frustró por no tener contacto y subió las fotos. Alrededor de doce horas duró su publicación de las fotos. Las quitó pero hubo alguien ya las había descargado y las volvió a subir dos veces”, expone con tristeza, pero con la creencia de que esto pasará.

Luego de sufrir el ataque de quien juró amarla y respetarla, cuando Martha salía de su casa, incluso a la tiendita de la esquina, no podía levantar la mirada y ver a los demás. Si alguien la volteaba a ver pensaba que era porque la identificaban por las gráficas divulgas ilegalmente.

Su página de “Face” comenzó a recibir decenas de invitaciones de amistad de personas desconocidas, sobre todo varones y se volvieron recurrentes los mensajes “inbox” explícitos con sugerencias de índole sexual.

“Muchos en mi escuela supieron. Los grupitos de amigos me volteaban a ver y era incómodo. ¿Qué cómo estabas? No faltaban los comentarios mal intencionados, las indirectas. Llegué a ver los comentarios que no salían de golfa, de puta, de ‘se lo merece’”, recuerda la joven mientras se limpia las lágrimas.

Martha no encuentra una razón que justifique que el joven que juró amarla, terminó por escribir el epitafio de su vida social y el cual, reconoce, será demoledor hasta el último día de su existencia porque sabe que el mundo virtual la probabilidad de ser revictimizada es muy alta.

“Yo no lo odio, no le tengo coraje ni rencor porque para empezar: me hizo crecer, me hizo madurar. Sí busco que se haga justicia por lo que hizo porque no es un juego, no es venganza, es un delito”, argumenta la joven que actualmente recibe atención psicológica.

¿Para qué denuncia?, capaz que usted le envió las imágenes

Martha creyó el mensaje de los gobernantes que prometen atención “de primera” para las víctimas de delitos sexuales, pero se encontró con una pared institucional ineficaz, indiferente y revictimizadora.

Tras los cuestionamientos de sus amigos y conocidos sobre qué había sucedido, Martha, dejó de lado el temor al regaño familiar, charló con sus padres respecto a la difusión ilícita de fotografías de su cuerpo desnudo y ellos la apoyaron. Lloraron con ella tras ver cómo se quebraba el alma y espíritu de su niña.

“La difusión de mis imágenes fue por venganza. Para empezar, yo ni sabía que existían. A mí nada más de repente un amigo me dice: ‘¿sabes qué? Hay fotos tuya desnuda y están en tal página de Facebook”, narra.

Después del tsunami psicológico inmediato, presentó una denuncia ante la Policía Cibernética del Estado y siete días después la instruyeron para que acudiera con el agente del Ministerio Público de la Subprocuraduría de Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), dependencia que tardó más de una semana y media en notificar sobre la carpeta de investigación a su expareja sentimental.

Al dialogar con la MP sobre el delito del que fue víctima, ésta le cuestionó. “¿Para qué denuncia si usted se las mandó?” Además le advirtió que no se podía hacer nada en casos de internet, pues el imputado podría argumentar que le habían hackeado su cuenta de Facebook o que le robaron su celular y alguien más publicó las fotografías.

La titular de la subprocuraduría se fue de vacaciones y Martha debió esperar 15 días para presentar pruebas.

“Se siente como si te violaran sin haberte violado y más cuando te empiezan a llegar mensajes con cada peladez…Te sientes violada, frustrada. Yo llegué a sentir que ya no me gustaba mi cuerpo, a decir no lo quiero”, concluyó la estudiante universitaria.

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