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Miguel R. Valladares García

viernes 20 octubre 2017

En el reino de Dios no existen desocupados: Papa

Notimex
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Francisco aseguró hoy que en el reino de Dios “no existen desocupados” porque todos están llamados a hacer su parte y para todos existirá, al final, una compensación según la justicia divina y no humana, “¡por suerte!”.

Durante su bendición dominical del Angelus, ante más de 30 mil personas congregadas en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice reflexionó sobre el pasaje bíblico dedicado al dueño de la viña que sale a contratar trabajadores durante la jornada.

Evocó a ese dueño, que representa a Dios, quien salió al alba y contrató a un grupo de obreros con quienes acordó un suelo justo por la jornada: un denario. Luego salió hasta cinco veces a reclutar a otras personas desocupadas.

Estableció que, al terminar, el jefe ordenó dar un denario a todos, incluso a aquellos que habían trabajado pocas horas, lo cual provocó que los contratados primero se lamentaran, porque fueron pagados del mismo modo que los que trabajaron menos.

El dueño les recordó –siguió el Papa- que recibieron lo que había sido establecido, pero que si él después quería ser generoso con los demás, ellos no deben ser envidiosos.

“En realidad, está ‘injusticia’ del dueño sirve para provocar en quien escucha la parábola un salto de nivel, porque Jesús no quiere hablar del problema del trabajo y del justo salario, sino del reino de Dios”, sostuvo.

Aseguró que los pensamientos humanos están, a menudo, marcados por egoísmos e intereses personales, porque los angostos y tortuosos senderos de los hombres no son comparables con las “amplias y rectas vías del señor”.

“La salvación que Jesucristo nos ha dado con su muerte y resurrección no es merecida, sino donada, es una salvación gratuita por la cual los últimos serán los primeros y los primeros, últimos”, apuntó.

Al final de su bendición, el Papa recordó la figura de Stanley Francis, quien fue proclamado beato la víspera en Oklahoma City, Estados Unidos, y que fue un sacerdote misionario asesinado en odio a la fe por su obra de promoción humana a favor de los más pobres de Guatemala.

Deseó que su “ejemplo heróico” ayude a todos los fieles a ser “valientes testigos del evangelio”, empeñándose a favor de la dignidad del ser humano.

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