Fundador:
Miguel R. Valladares García

domingo 19 noviembre 2017

Trabant, el “auto de cartón” de la era comunista en Europa cumplió 60 años

EFE
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Pavel banya (Bulgaria).- El Trabant, icónico vehículo del otro lado de la cortina de hierro en tiempos de la Guerra Fría, cumplió seis décadas. 

El auto comenzó a fabricarse el 7 de noviembre 1957 en la planta VEB Sachsenring Automobilwerke Zwickau, en Sajonia, en la entonces República Democrática alemana (RDA). La producción se detuvo en 30 de abril de 1991, tras la reunificación con la Alemania Federal.

En esas tres décadas se fabricaron más de tres millones de vehículos de varios modelos, desde el pionero IFA P50, con un motor de dos cilindros y de apenas de 18 caballos de potencia, al 1.1, con 42 caballos y que se produjo hasta 1990.

Durante 30 años, tener uno fue un sueño, apenas alcanzable, en buena parte de la Europa tras el Telón de Acero.

Ahora, el Trabant, el económico y fiable coche “de cartón”, está casi desaparecido de las carreteras y sobrevive en colecciones privadas, varias de ellas en Bulgaria.

“El Trabant es un coche extraordinario para mí. Sentí un enorme placer y satisfacción cuando compré mi primer Trabant hace un par de años. Desde entonces empecé a comprar uno tras otro y hacerles cambios y ahora tengo un total de siete”, explica a Efe Spas Danev, uno de los participantes en la caravana conmemorativa de hoy.

Danev reconoce que, pese a que este vehículo no es nada confortable, “entusiasma mucho a los transeúntes”, algo que hace que valga la pena restaurarlos y coleccionarlos.

Ese aficionado reconstruyó su primer Trabant sobre el chasis y el motor de un Suzuki Samurai, le añadió una transmisión 4×4 y lo equipó con una pala hidráulica para limpiar la nieve.

“Durante el invierno limpio la nieve frente mi casa, que está en las faldas de la montaña, y le aseguro que es una máquina invencible”, añade Danev.

Radoslav Dimitrov, de 64 años, también ha “tuneado” un Trabant 601, al que ha montado un motor de 800 centímetros cúbicos procedente de un Daewoo.

“Preguntan que por qué prefiero el Trabant y yo digo que es como si me criticaran porque me he casado con esta o aquella mujer. Bueno, porque estoy enamorado de ella”, resume su pasión por este vehículo, conocidos como el coche de cartón porque estaban fabricados en fenoplast, una resina sintética.

El Trabant ofrecía unas prestaciones muy básicas pero eran muy fiables y duraderos y, sobre todo, económicos.

“He cambiado los aviones por este avión en la tierra. Mi Trabant, que funciona y anda como un avión, y es bastante rápido se llama Manfred von Richtoffen, en honor de legendario piloto alemán de la I Guerra Mundial y que también tenía un avión rojo”, explica Sergey Dimov, un piloto jubilado de aviones comerciales.

Añade que la velocidad óptima para este coche es 80 kilómetros por hora.

Trabant significa “satélite” en alemán, un nombre que fue elegido al calor del comienzo de la carrera espacial en 1947, con el lanzamiento del Sputnik por parte de la Unión Soviética.

Un Trabant podía costar unos 10.000 marcos alemanes (el sueldo medio en la RDA en 1970 era de unos 755), muy por debajo de los Lada o los Moskowitsch de producción soviética.

Fueron muy populares también en Hungría, Rumanía, Bulgaria y otros países del bloque comunista, aunque el tiempo de espera para conseguir uno podía alargarse hasta diez años.

Un coche sobre el que en su época se gastaban bromas como que era el más largo del mundo: “Tiene un metro de longitud y diez metros del humo que va dejando detrás”.

Todavía se cuenta otro chiste, el que dice que durante la época comunista, la Alemania del Este mandó un ejemplar de este coche a una feria del automóvil en Nueva York y los organizadores replicaron que ya habían recibido la maqueta y que cuando llegaría el original.

Hoy día ya es casi imposible encontrar piezas de repuesto para “esta maravilla de cartón”, como se le sigue conociendo popularmente.

Minuto a minuto