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Miguel R. Valladares García

domingo 17 diciembre 2017

El líder espiritual que lavaba dinero para religiosos de EU

El Universal
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Los Black eran una familia impenetrable, por años cuidaron cada movimiento, cada entrada y salida, cada ventana fue sellada, para pasar desapercibidos entre la comunidad menonita que los rodeaba, de tal forma que nadie pudiera notar lo que ocurría al interior de esta secta polígama, y sobre todo ocultar un presunto lavado de dinero para grupos religiosos de Estados Unidos.

Es el Campo Menonita 8C, parte del corredor comercial Álvaro Obregón; a lo largo de 30 kilómetros sólo hay negocios agrícolas y de suplementos cotidianos para este grupo que todavía vive a la usanza de sus ancestros.

Los residentes son descendientes de alemanes, rusos y holandeses, todos son rubios y hablan alemán o inglés, así un grupo de “americanos” se confunde para los fuereños. Por eso se instalaron en la zona.

“Solo los hombres salían de las casas, las mujeres siempre estaban encerradas y a los niños no los mandaban a la escuela, los enseñaban a leer ellos mismos, no querían que tuvieran contacto con nadie”, revela una fuente policiaca cercana a la investigación sobre el hombre capturado por el gobierno mexicano, deportado y liberado tan solo horas después en El Paso, Texas.

Las propiedades. Orson William Black llegó al Campo 8 hace 11 años, y adquirió cuatro propiedades, cercanas unas a otras pero no colindantes, de hecho se ubican en diferentes Campos. Para llegar hay que tomar la carretera de Cuauhtémoc a Álvaro Obregón, y a 22 kilómetros se da vuelta por la calle Sierra Azul.

Ahí se ubican tres de las casas de los Black que son básicamente iguales entre sí, e iguales a las de los menonitas: de cemento prefabricado, sin textura ni color, con ventanas blancas, a los lugareños no les interesa adornar sus fachadas, viven en la permanente sencillez a pesar de la bonanza económica de la región.

En estas casas vivía junto con sus cinco esposas, dos mujeres menores de edad, con las que las autoridades presumen que sostenía relaciones sexuales, sus 14 hijos y algunos sobrinos, quienes además de jefe de familia lo seguían como un líder espiritual, pues les impartía una doctrina religiosa creada por él mismo a partir de interpretaciones personales de la biblia y fundamentalismos bautistas.

Las propiedades no tienen rejas ni bardas y las mujeres jamas estuvieron encerradas por la fuerza, ya que de haberlo querido podrían fácilmente huir. Sin embargo el control de Black era de otra naturaleza, al grado que le permitían involucrarse sexualmente con menores de edad, consideran investigadores de la fiscalía.

En la casa 19 todo luce como lo dejaron sus residentes hace unos días cuando la Fiscalía cateo la vivienda, y retuvo a sus habitantes. Al recorrer los patios solo hay maleza, ningún indicio de que ahí vivían niños. Adentro del bote de basura hay cientos de tiras de papel, documentos que alguien destruyó en una trituradora.

Más adelante, en esa misma calle, el 37 es otra de las casas de Black, todas tienen varias antenas, las autoridades confirman que por esta vía se hacían diversos tipos de transmisiones que no podían ser interceptadas.

“Tenemos indicios de que Black lavaba dinero para organizaciones religiosas de Estados Unidos. Aparentaba ser agricultor y ganadero, pero esa solo era una fachada, pues no hay animales ni cultivos en sus propiedades. Si acaso había gallinas y un par de chivos, imposible que 26 personas subsistieran de criar esos animales”, reveló la fuente a EL UNIVERSAL,

Al explicar la colocación de los aparatos electrónicos, incluso en un casa rodante propiedad de Black se pueden apreciar por lo menos cinco pantallas planas, algo inusual para un espacio tan reducido, señala que por esa vía se comunicaban con sus patrocinadores al otro lado de la frontera, quines enviaban dinero para tareas comunitarias, mismas que no existían.

Tales ilícitos no pudieron ser acreditados, pues las autoridades mexicanas no encontraron eco en las estadounidenses para investigar a fondo el origen del dinero que recibía Black.

La familia de Orson no tenía vecinos cercanos, cuidaban que sus propiedades quedaran “solas”. La casa habitada más cercana a la 37 está a unos 80 metros. Los residentes dicen no saber nada de esa secta y, no llegaron a imaginar que Orson fuera buscado por el FBI por abusar sexualmente de menores en Utah.

Pasado. Según información del FBI, William Black vivía con varias mujeres en Utah, hasta que una de ellas lo denunció por abuso sexual por hacerla su esposa cuando tenía 17 años, fue así que Orson huyó a México. El grupo de mujeres decidió seguirlo y se estableció aquí con él.

El hombre, ahora de 56 años, fue deportado a Estados Unidos para enfrentar seis cargos penales que hay en su contra por haber formado un “harem” con mujeres menores de edad, con las cuales tuvo varios hijos.

Sin embargo, Black quedó libre al día siguiente, toda vez que los cargos no tenían vigencia, pues el fiscal general de Arizona, Mark Brnovich, los retiró hace ocho meses a pesar de las protestas por parte de las familias de las víctimas, bajo el argumento que habían expirado.

Penie Petersen, hermana de dos de víctimas, advirtió días atrás que Black quedaría en libertad, e incluso subió una petición a la plataforma change.org para que el fiscal reinstaurara las acusaciones y así se pudiera proceder penalmente, pero su reclamo no fue tomado en cuenta.

Junto con él fueron expulsados del país sus 26 acompañantes estadounidenses, incluido un niño de 12 años.

En tanto las autoridades siguen investigando el homicidio de tres de los integrantes de la familia, ocurrido en el rancho El Negro. Los hombres fueron ejecutados hace más de un mes, así inició la averiguación que llevó a la captura de Black, pues cuando la fiscalía solicitó apoyo a las autoridades de EU para identificarlos fue que se supo el paradero de Orson y que era un prófugo de la justicia.

Sus cadáveres siguen en la morgue. En México ya no tienen parientes, y el gobierno de Donald Trump se negó a enviar por ellos, refirió la fiscalía.

Las casas de los Black también se quedaron vacías, su austera decoración refleja el autoritarismo con el que eran tratadas las mujeres. En las paredes no hay cuadros ni fotos solo las espadas y sables orientales del “líder”.

Por el momento, los inmuebles fueron incautados, pero no hay legalmente quien pueda reclamarlas, pues todos los miembros del clan fueron sacados del país.

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