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Miguel R. Valladares García

domingo 17 diciembre 2017

Mugabe, arrinconado

Cientos de zimbabuenses, apoyados por el Ejército, tomaron las calles contra su presidente.

EFE
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Harare, Zimbabue.- El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, cada vez está más solo: sus viejos aliados le han abandonado y los que no, no se atreven a decir una sola palabra en contra de manifestaciones como las de ayer, en las que miles de personas, apoyadas por el Ejército, tomaron las calles de la capital, Harare.

Soldados con subfusiles y tanques se unieron a los ciudadanos que, provistos de banderas de Zimbabue y pancartas contra Mugabe, ocuparon el centro de las principales ciudades del país para dejar claro a su aún presidente que ha perdido uno de los puntales que siempre creyó a su lado: el apoyo popular.

“Gracias, Fuerzas Armadas”, rezaba uno de los carteles; otro, con el retrato del jefe del Ejército, Constantine Chiwenga, decía: “Adelante, nuestro general”.

Como era de esperar, las pancartas no fueron tan amables con el jefe de Estado: “Mugabe, vete ya”, “Zimbabue jamás volverá a ser tu colonia”. Tampoco con la primera dama, Grace Mugabe, considerada la desencadenante de esta crisis tras forzar la destitución del vicepresidente Emmerson Mnangagwa y tratar de despejarse el camino para convertirse en la sucesora de su marido en el poder.

Incluso los propios militantes de base -por no hablar de los miembros destacados- de su partido, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF), han dado la espalda a Mugabe y ayer recorrían las calles de Harare vehículos con el emblema de la formación cuyos ocupantes se unían a los cánticos contra él.

Algunas figuras destacadas como el párroco Ewan Mawarire, cuyos enfrentamientos públicos con Mugabe le valieron ser víctima de la represión policial, aseguraron que “la situación es como un sueño. “Es casi imposible de creer que esto esté pasando”, reiteró.

Mientras tanto, los militares continúan negociando con Mugabe para garantizarse su dimisión y evitar así la intervención de organismos internacionales como la Unión Africana (UA) o la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC, por sus siglas en inglés) que no ven con buenos ojos un golpe de Estado.

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