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sábado 16 diciembre 2017

Plan de San Luis, el de mayor ambición y visión de su época historiador

Notimex
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El valor de los diferentes planes que surgen en la época de la Revolución Mexicana es que tenían ideas, propuestas, una intención política, social y económica que los hacía distintos a los planes decimonónicos que, por lo general, sólo servían para justificar algún levantamiento militar, aseguró el historiador Felipe Ávila.

Consultado sobre los diferentes planes que tuvo la Revolución Mexicana de 1910, el doctor en Historia por El Colegio de México comentó que de los más de 30 planes que se cree que hubo durante ese movimiento armado, sólo cuatro valieron realmente la pena: El Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906; El Plan de San Luis de 1910; el de Ayala de 1911 y el de Guadalupe de 1913.

“Hay que hacer un ejercicio de memoria porque existen planes que son muy locales, hubo el Plan de Texcoco, el de Tacubaya, el Empacadores, en fin, cada grupo que se levantaba en armas tenía el suyo. Pero los grandes planes, son los anteriores”, dijo a Notimex.

Cuenta que el Programa del Partido Liberal Mexicano de 1906 de los hermanos Flores Magón, fue quizá antes de la Constitución de 1917, el programa político más completo, radical y ambicioso porque abarcó todos los aspectos de la realidad económica y política nacional.

Publicado el 1 de julio de 1906 por la Junta Organizadora en San Luis, Missouri, el Programa agrupó a decenas de organizaciones liberales, principalmente de obreros, en contra la dictadura de Porfirio Díaz.

Aspiraba a recuperar las ideas que en el siglo XIX habían definido el Estado mexicano moderno. En su elaboración participaron Ricardo y Enrique Flores Magón, Antonio I. Villarreal, Juan y Manuel Sarabia, Librado Rivera y Rosalío Bustamante. Todos ellos se habían exiliado por sus ideas políticas antiporfiristas, y habían trabajado juntos en el periódico “Regeneración”.

El Plan de San Luis, que, a decir de Ávila, fue el detonador de la Revolución, fue un llamado no sólo a derrocar a Porfirio Diaz, sino a construir un país democrático y a realizar una reforma agraria en el Artículo Tercero que fue el que interesó a campesinos que lo siguieron.

Fue promulgado por Francisco I. Madero y nombrado así porque fue en esa ciudad donde Madero comenzó a concebirlo. Sin embargo, fue redactado en San Antonio, Texas. Para evitar repercusiones internacionales, se le pone al documento la fecha de la última noche que Madero pasa en suelo mexicano.

El Plan convocaba a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910 para derrocar al general Porfirio Díaz, y establecer elecciones libres y democráticas

Otro de los planes que marcaron la lucha revolucionaria fue el “Plan de Ayala” que, a decir del historiador, “fue el plan agrario por excelencia en la historia de la Revolución Mexicana y quizás en la historia de América Latina”.

Promulgado y firmado por Emiliano Zapata y Otilio Montaño, en él se desconoció al gobierno del presidente Francisco I. Madero, a quien acusó de traicionar las causas campesinas.

El Plan de Ayala expone los objetivos de la rebelión agraria de los zapatistas: restitución de las tierras usurpadas a los pueblos durante el Porfiriato y reparto agrario de las tierras de los grandes hacendados, previa indemnización.

Los campesinos zapatistas, basados en el estado de Morelos, en el sur del país, reclamarían estos derechos con las armas, continuando la rebelión iniciada pero no concluida por Madero.

Por último, figura el Plan de Guadalupe, el cual, explicó el historiador, “fue el que ganó al final; carecía de contenido político y social más allá de derrocar a Victoriano Huerta”.

Fue firmado en la hacienda de Guadalupe, en Ramos Arizpe, Coahuila, el 26 de marzo de 1913, por Venustiano Carranza, en repudio del gobierno golpista de Victoriano Huerta, acusándolo de traición contra Francisco I. Madero.

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