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Miguel R. Valladares García

domingo 17 diciembre 2017

Los chismes de Diego y Clemente, en el tour de los murales

El Universal
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CIUDAD DE MÉXICO (EL UNIVERSAL).- La calle 5 de Mayo es el punto de encuentro con Diana, nuestra guía. Frente a las vitrinas repletas de buñuelos y merengues de la Dulcería Celaya, ella nos cuenta el primer secreto: “Diego Rivera no es el padre del muralismo mexicano. Tampoco, David Alfaro Siqueiros ni José Clemente Orozco”. Dudosos, emprendemos la caminata hacia las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública, en la calle República de Argentina 28, donde inicia el recorrido sobre uno de los movimientos artísticos más importantes del siglo XX.

Primera parada: SEP

Diego Rivera fue el elegido para decorar las paredes del antiguo ex convento del Divino Verbo, convertido durante el gobierno de Álvaro Obregón en la Secretaría de Educación Pública.

Entramos al Patio de los Trabajos. Es imposible encontrar un espacio libre de pintura; Rivera ocupó todo. De techo a piso plasmó su interpretación sobre nuestra herencia prehispánica, el reparto de tierras y el trato digno a obreros y campesinos. Hay más de 150 murales.

Diana revela otro secreto: el muralismo tuvo su máximo esplendor al término de la Revolución. Diego no sabía las condiciones en que se encontraba el país, pues el pasó ese periodo en Europa, codeándose con Pablo Picasso.

Para sensibilizarlo, Clemente Orozco se lo llevó de viaje. A su regreso, Rivera comenzó a trabajar. Entonces, pudo plasmar la desigualdad y hasta burlarse de personajes claves en la historia de esos años, como Salvador Novo.

El entonces cronista de la Ciudad de México aparece en el mural “El que quiera comer que trabaje”. Diego Rivera lo pintó con orejas de burro. Dicen que no lo veía con buenos ojos por ser homosexual. Otro personaje que descubrimos es a Antonieta Rivas Mercado, hija del arquitecto que construyó el Ángel de la Independencia. Se le ve barriendo una revista dedicada a la burguesía, algo que Rivera aborrecía. Nuestra guía suelta otro “chisme”: María Antonieta fue amante de José Vasconcelos y por él se quitó la vida en la catedral de Notre Dame, en París.

Visitamos la segunda planta dedicada a las tradiciones mexicanas, como el Día de Muertos y la quema de Judas.

No podemos irnos sin ver el mural “El arsenal”. En él aparecen Frida Kahlo y David Alfaro Siquieros, otro de los máximos exponentes del muralismo. Para conocer su obra hay que visitar el Polyforum Siqueiros, en Insurgentes Sur.

Diana vuelve hacer uso de experiencia en arte: Siqueiros creó la pintura acrílica Politec por orden del Instituto Politécnico Nacional. El artista hacía sus obras con pintura para autos.

Segunda parada: San Ildefonso

La antigua Preparatoria Nacional es la cuna del muralismo. Aquí está La Creación, el primer mural de Diego Rivera. La pieza decora el anfiteatro del Antiguo Colegio de San Ildefonso, lugar donde se encontraría por primera vez con una adolescente de nombre Frida Kahlo.

Sin embargo, el edificio destaca por el trabajo de otro gran muralista, José Clemente Orozco. Son más de 20 frescos los que dan vida a escaleras, arcos y paredes, entre ellos “Cortés y La Malinche” y “El banquete de los ricos”, donde critica la división de clases sociales.

Nuestra guía nos da un consejo: “Si quieren identificar una obra de Clemente Orozco a primera vista, busquen el maguey. La planta siempre aparece en sus murales, como si fuese una firma: si está frondoso quiere decir que eran tiempos buenos (políticos y sociales). Pero si aparece seco o podrido es porque algo no andaba bien en nuestro país”.

Podríamos pasar toda la tarde aprendiendo sobre la técnica de Orozco, pero tenemos que llegar a Palacio Nacional.

Antes, Diana por fin revela quién es el padre del muralismo: el Dr. ATL. Él tuvo la oportunidad de intervenir por primera vez algunos espacios de la Preparatoria Nacional. Lamentablemente, su obra se perdió por el inicio de la Revolución Mexicana.

Última parada: Palacio Nacional

Caminamos por el jardín botánico de Palacio Nacional y nos remontamos a los tiempos de Moctezuma, pues las plantas actuales son descendientes de las especies que existían cuando el tlatoani habitaba la propiedad.

El jardín nos conduce al patio central. Al pie de la escalera nos topamos con la historia de México resumida en tres murales de Diego Rivera. Comprobamos que el artista mantenía una buena relación con el Gobierno, a pesar de sus ideales comunistas. Incluso, el símbolo de la hoz lo utilizaba como firma.

El recorrido visual lo hacemos de derecha a izquierda. Diana nos explica que el primer mural es una oda a las culturas prehispánicas, con Quetzalcóatl y el tianguis de Tlatelolco como protagonistas; la zona media es para narrar la Conquista y hasta el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo; el último mural es un pasaje de la lucha armada por parte de campesinos y obreros contra la propiedad privada, hasta llegar a la educación como elemento de transformación de una sociedad.

Minuto a minuto