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domingo 17 diciembre 2017

El dolor por los 44 tiñe a Argentina

“Lo único que quería era a mi hijo vivo”, dice el padre de uno de los marineros del submarino ARA San Juan

EFE
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Las malas noticias que llegan del Atlántico están haciendo de Argentina, en especial de los familiares de los 44 tripulantes del desaparecido submarino ARA San Juan, un pozo de angustia y dolor: “Yo lo único que quería era a mi hijo vivo”, cuenta a Efe el padre de uno de los marineros.

Tras ocho días de incertidumbre por no saber qué les ocurrió a sus seres queridos -todos profesionales de la Armada- para dejar de comunicarse y perderse en el océano, este jueves un jarro de agua fría ha caído en picado para todos los familiares y amigos de “los 44”, que aguardan entre lágrimas en la ciudad bonaerense de Mar del Plata, donde el submarino tenía que haber llegado hace cuatro días.

“Alrededor de las 11 de la mañana me llamó el jefe de mi hijo desde la base de Mar del Plata confirmando la explosión y que están todos muertos”, cuenta a Efe sin contener la tristeza Luis Tagliapietra, padre de Alejandro Damián, teniente de corbeta de 27 años.

“No puedo entender que en el comunicado oficial no digan la verdad, es increíble”, añade.

“Son momentos muy difíciles para toda la familia”, narra por su parte y con la voz entrecortada la prima de Javier Gallardo, de 47 años y suboficial principal en el San Juan, una profesión que vivió desde siempre por ser hijo de un exsubmarinista y excombatiente de la guerra de las islas Malvinas, que enfrentó a Argentina y Reino Unido en 1982.

“No saben nada. Si hay una explosión en un coche, vuela. El submarino está debajo del agua, voló. ¿A quién van a buscar?”, cuenta María Rosa, madre de otro tripulante, sin esconder la indignación y la desilusión.

Según agregó Luis Tagliapietra, una autoridad de la Armada le contó por teléfono que la explosión que se detectó fue entre los 200 y los 1.000 metros de profundidad y que en un evento de esa magnitud “es imposible que pueda haber un superviviente”.

El ARA San Juan, reacondicionado hace pocos años, había partido el lunes 13 del puerto austral de Ushuaia y se dirigía de regreso a su base, en Mar del Plata, a unos 430 kilómetros al sur de Buenos Aires.

Pero ni el domingo, cuando estaba previsto que llegase, ni el lunes, día que muchos pensaban podría aparecer por haberse demorado por la mala meteorología que afectó al mar, se vio ni un solo rastro del sumergible.

Ahora, los homenajes y las oraciones por ‘los 44’ se suceden en todo el país, a la espera de que pueda darse un milagro y se confirme que todo fue un mal sueño.

“Me voy a mi casa a esperar si mi hijo vuelve”. Este es el deseo de María Rosa, y el de 43 familias más.

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