Fundador:
Miguel R. Valladares García

lunes 18 diciembre 2017

Lo doloroso

Alex Karuna / Pulso
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Una de las tres marcas de la existencia temporal-espacial a la que llamamos vida individual es la cualidad de lo doloroso. Esta se refiere a la naturaleza sensorial de experimentar dolor que todos los seres humanos, y en general todos los seres sintientes, tenemos. Cuando no reconocemos esta tendencia y, peor aún, nos resistimos a ella empezamos a generar condiciones para sufrir. Recordemos que el sufrimiento es el resultado de imponer resistencia a cualquier dolor: físico, mental o emocional.

Esta tendencia a la doloroso, combinado con una educación que se nos da desde nuestra etapa de bebés a huir de lo doloroso con gran enojo y desesperación, va generando patrones sufrientes que empezamos a aplicar a toda sensación desagradable.

Esto, a su vez, plantea una realidad ilusoria en donde sólo el placer está presente y además anhelamos que éste sea permanente. Es por ello que diferentes patologías se van generando en nuestra mente cuando está llena de miedo por la aversión que le tiene al dolor. Cabe recordar que invariablemente sentimos dolor al nacer, enfermarnos, envejecer y esos instantes previos a la muerte física.

Es por ello que tenemos dos opciones muy claras: la primera es seguir intentando huir del dolor mediante sustancias químicas que nublan la capacidad de sentirlo, y a través de querer ‘programarnos’ mentalmente para erradicar la información sensorial dolorosa de nuestro cuerpo, lo cual nos hace caer en una forma incompleta de vivir nuestra sensorialidad.

La segunda opción, y la cual se recomienda trabajar en ella con disciplina y paciencia, es nuestra capacidad de sentir el dolor sin huir de él, sino simplemente estando presentes.

Esta presencia en el dolor se hace sin historias mentales, sin querer explicar de dónde viene o cuánto tiempo lleva presente, y dejando ir toda historia de que el dolor el bueno o tiene una razón positiva de estar ahí.

Observamos como el dolor, al igual que todos los fenómenos, es impermanente. Por lo tanto, podemos observar el dolor sin juicio a sabiendas que es transitorio, es decir, ilusorio dando paso al a ecuanimidad y paz real.

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