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Miguel R. Valladares García

domingo 22 julio 2018

Ejército a las calles, opción a la que han recurrido varios países

El Universal
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La aprobación en México de la Ley de Seguridad Interior, que avala el despliegue de las Fuerzas Armadas en caso de amenaza a la seguridad interior ha causado polémica, pero no es el único país donde se permite. Brasil, Honduras, Guatemala y El Salvador son algunos otros ejemplos.

En el caso de Brasil, el ejército ha sido desplegado en las favelas, para ayudar en la lucha contra el narco. La Constitución permite recurrir a las Fuerzas Armadas para labores de seguridad pública, y el presidente Michel Temer no dudó en invocar, por ejemplo, al artículo 142 cuando, en medio de crecientes protestas contra su mandato en mayo pasado decidió sacar al ejército a las calles temporalmente.

“Es una medida extrema del gobierno de Temer y la señal clara de que se perdió el control, con consecuencias muy malas para nuestra democracia”, señaló en su momento André Cesar, analista de la consultora Hold, citado por la agencia AFP.

“Para quienes vivimos la dictadura, la presencia militar es siempre una cosa que nos asusta”, señaló a su vez el senador Tasso Jereissati, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB). Igualmente criticado ha sido el uso del ejército en Guatemala, donde la Constitución describe al ejército como una institución destinada a “mantener la independencia, la soberanía y el honor” del país, así como la “integridad del territorio, la paz y la seguridad interior y exterior”.

Uno de los grandes defensores de usar al ejército para combatir la violencia en las calles fue justamente el general Otto Pérez Molina, ex presidente de ese país.

Este año, en medio de la creciente polémica por abusos militares y por presuntos nexos con bandas delincuenciales, se anunció el retiro gradual de los militares en patrullajes policiales. Mientras unos lo han visto como una ganancia para la democracia, otros señalan que prefieren a los soldados que a los policías.

En Honduras distintos gobiernos han apoyado la salida de los militares a las calles para combatir niveles alarmantes de violencia y al narco. Incluso se creó la llamada Policía Militar del Orden Público, que ha sido muy cuestionada.

En El Salvador, apenas en septiembre pasado el gobierno ordenó un reforzamiento de la presencia militar en labores de seguridad pública ante la creciente inseguridad. Sin embargo, estudios han revelado que el uso de las Fuerzas Armadas en estos tres países centroamericanos no ha reducido la criminalidad, y en cambio sí ha generado indignación y protestas.

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