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domingo 22 julio 2018

La República de Rumanía despide con honores de Estado a Miguel, su último rey

EFE
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BUCAREST, Rumania (EFE).- Rumanía, una república desde hace 70 años, enterró hoy con honores de Estado y enormes muestras de simpatía ciudadana a su último rey, Miguel I, fallecido el pasado día 5 a los 96 años de edad.

Decenas de miles de personas han participado los últimos cuatro días en los actos fúnebres por Miguel Hohenzollern-Sigmaringen, que reinó entre 1927 y 1930 y entre 1940 y 1947, hasta que fue forzado a abdicar por el régimen comunista.

“Nos ha dejado un verdadero líder que representó a nuestro país con honor, valentía y patriotismo en periodos difíciles, convirtiéndose en un referente de identidad y solidaridad”, manifestó el presidente rumano, Klaus Iohannis, en un mensaje de condolencia.

Las ceremonias de hoy arrancaron con una breve misa en el Palacio Real, en cuyo salón del trono se instaló el pasado miércoles la capilla ardiente con el féretro de Miguel I, por la que han pasado 30 mil personas.

Los reyes eméritos de España, Juan Carlos y Sofía; los reyes de Suecia, Carlos Gustavo y Silvia; el príncipe Carlos de Gales; Ana María de Grecia; el gran duque Enrique de Luxemburgo; y la princesa Muna de Jordania, se contaron entre los representantes de la realeza que acompañaron al antiguo rey en su despedida.

La reina Sofía, prima de Miguel, no pudo evitar las lágrimas al dar su pésame a Margarita, primogénita del fallecido rey y nueva jefa de la Casa Real rumana.

Tras la misa, se celebroó otra ceremonia en la plaza del Palacio, a la que asistieron decenas de miles de ciudadanos.

“Le considero un modelo de dignidad y lealtad, lo que no encontramos hoy en día en la sociedad rumana”, cuenta a Efe Gabriela Rusu, de 34 años, una de las asistentes a ese acto.

Tras recibir la ovación de unas diez mil personas frente al Palacio Real, el cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la Catedral del Patriarcado, donde el patriarca Daniel de la Iglesia ortodoxa rumana ofició el funeral de Estado en presencia de las autoridades del país y los invitados de la realeza.

A su término, el féretro con los restos mortales de Miguel fue trasladado a la estación de ferrocarril Baneasa, desde donde partió a la Nueva Catedral Ortodoxa de Curtea de Arges en el mismo tren real en el que fue obligado a exiliarse en 1947 a punta de pistola, junto a su madre, la reina Elena.

A su paso, la gente lanzaba flores al coche que transportaba el ataúd y aplaudía con fervor.

Tras casi tres horas de viaje por tren, el cuerpo sin vida del antiguo soberano llegó a Curtea de Arges, para ser enterrado en el mausoleo real, donde ya reposa Ana de Borbón-Parma, esposa del ex monarca, fallecida en agosto de 2016, y su abuelo Fernando I de Rumanía.

Tras una breve ceremonia religiosa y ya entrada la noche, el féretro fue portado por ocho soldados de la Guardia Nacional hasta la cripta.

Miguel I nació el 25 de octubre de 1921, hijo del entonces príncipe heredero Carlos y de Elena de Grecia y nieto del rey Fernando I de Rumanía.

Cuando su padre renunció al trono, Miguel fue nombrado príncipe heredero y coronado rey en 1927 al morir su abuelo.

Ocupó el trono hasta 1930, cuando Carlos regresó a Rumanía, depuso a su hijo y se proclamó rey.

Diez años después, con la II Guerra Mundial empezada y Rumanía bajo la dictadura del mariscal Ion Antonescu, aliado de la Alemania nazi, Carlos volvió a huir y Miguel fue proclamado de nuevo rey.

Su condición de rey títere del régimen filonazi rumano terminó en 1944, cuando Miguel encabezó un golpe contra Antonescu, responsable de haber enviado al exterminio a unos 300 mil judíos rumanos, y se unió a los Aliados.

Tras la invasión soviética de Rumanía, Miguel I se vio primero obligado a nombrar un gobierno dominado por el Partido Comunista y en diciembre de 1947 fue forzado a abdicar y marchó al exilio en Suiza.

Tras la caída de la dictadura comunista, en 1989, Miguel I viajó a Rumanía, pero las autoridades lo obligaron a abandonar el país.

La reconciliación y el permiso para volver a Rumanía no se produjo hasta 1997, cuando se le permitió regresar y recuperar parte de su patrimonio, entre ellos varios palacios.

En 2011 el Senado le reconoció sus derechos como exjefe de Estado.

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