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Miguel R. Valladares García

domingo 22 abril 2018

ESPECIAL CON VIDEO: Los Ceramistas de la Navidad

Hacer nacimientos de cerámica en Tonalá, Jalisco, es una tarea que empieza en los primeros meses del año para que las figuras estén a disposición de los compradores antes de diciembre. La tradición no muere y es también la escuela de los ceramistas, capaces de actualizarla con nuevos diseños y adaptaciones.

Aimee Torres / Pulso
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Poco antes de las 8 de la mañana, don Rafael enciende la luz del taller a donde llega Ricardo el artesano para dedicar tiempo, paciencia y sus conocimientos a las piezas de porcelana que está por trabajar o aquellas que ya requieren terminación.

Sus manos y experiencia conjuntas con las ideas y trabajo de su hermano Alfredo, dan vida a miles de figuras de cerámica y barro que integran los tradicionales nacimientos navideños; desde los primeros meses del año y hasta agosto, llegan a producir 20 juegos diarios para que estén listos para la temporada previa a diciembre.

Aunque Tonalá y Tlaquepaque en Guadalajara se disputan ser cuna de la artesanía, este oficio ha pasado de generación en generación en una y otra localidad y se combinan para poder hacer las creaciones que hoy llegan no solo a México sino también al extranjero.

En ‘Castro Interiorismo’, su taller, combinan el ingenio de un niño, ese que dicen todos llevamos dentro, con la experiencia del adulto por la toma de decisiones que a veces debe ser muy veloz ante los encargos que hacen algunos clientes.

“Todas las bases que traemos ha sido eso, trabajo; mis padres, han sido una escuela que no existe en ningún lado, a pesar de que ellos no fueron profesionistas; la escuela de la vida nos la enseñaron ellos, la cantidad de oficios que mi papá nos enseñó, y por ellos viene el gusto del arte “, expresó Rafael Castro.

Reconoció la labor de su padre José Luis al haberles enseñado muchas cosas por hacer. Su madre, Evangelina, trabajó haciendo nacimientos en su juventud, “de ahí nos vino el gusto y quien se dedicó de lleno fue mi hermano José Alfredo, de cierta forma jugando y aprendiendo, cuando vimos a mi madre y mi padre de repente trabajar el barro y hacer el vaciado en casa, fue cuando nos interesó e hicimos figuritas y cuando estudié hice maquetas con ladrillos cocinados

en barro”.

Estas tradiciones se siguen arraigando mientras haya gente en Tonalá como Ricardo, quien es el artesano que también trabaja con ellos, lo que permite que el negocio crezca pero que además de dedicarse a la porcelana, tiene diversas líneas como muebles de madera, tapicería, combinaciones diversas y hasta esculturas en bronce que han sido útiles para diversos estados del país, el mercado europeo y Estados Unidos.

Alfredo comenzó fabricando piezas de barro hace más de 18 años, el taller creció y ahora combina gran cantidad de materiales para el gusto del cliente así como diseños exclusivos y otros fijos de temporada como los nacimientos que se trabajan más en porcelana por la calidad del producto, porque quedan mejor elaborados y les da un plus a las figuras, pero todo depende de los gustos de la gente, la forma o lo estilizado que quieran los diseños, pues hasta éstos han tenido que ser modernizados en algunos casos. El tamaño de las piezas no importa dado que pueden ser miniaturas o figuras de dos metros o metro y medio, según lo que el cliente pida.

“De todo se hace primero un boceto, de ahí se hace la escultura que puede ser en barro o plastilina; ya que se estiló la figura y el cliente da luz verde, de ahí viene el proceso de hacer los moldes para que sea más fácil, luego se sacan para corregir. Si la pieza quedó perfecta, se produce en masa dependiendo de las cantidades y con ello los moldes y cantidad de gente adecuada para poder producir”, explicó Rafael, quien regresó a trabajar con su hermano este año.

A don Ricardo Islas dice que le ha tocado el trabajo más importante, elaborar las piezas y darles el punto exacto, pues son piezas muy delicadas donde se tiene que aplicar la fórmula correcta, con sus secretos como las recetas de cocina para que funcione adecuadamente, ya que de lo contrario las figuras no se cocen bien o se quiebran.

Cuenta que viene de una familia humilde del mero Tlaquepaque, Jalisco. “Por mí mismo aprendí, por la necesidad; yo le puse el empeño y así empecé. En cerámica tengo aproximadamente como 10 a 15 años, empecé con barro con un diseñador famoso con puerquitos negros de alcancía y han pasado los años. Empecé a diseñar y hago lo que quiero; es como Adán y Eva, hago las piezas como quiero”.

Revisa los moldes y con una brocha sacude el polvo que puedan tener, elige unas ligas con las cuales cerrará ambas caras, luego de realizar su mezcla hace el llenado y se le da tiempo, lo cual tiene que hornear entre 900 y mil 200 grados y que es marcado por una figurilla en forma de cono que al doblarse, les indica que es la temperatura correcta, ahí permanecen entre 5 y 6 horas, con 2 horas de calentamiento previo, se deja secar, se desmolda y se quita la rebaba o sobrante, luego se hace un esponjado para retirar imperfecciones, pero a veces hay sorpresas. “A veces se acaba el gas, me da tristeza y dejo las piezas y resulta que al otro día la pieza sale quemada sin tener temperatura, sin la medida del cono y la pieza sale perfectamente”, comparte.

En este taller llegan a elaborar 20 juegos de nacimientos diarios y calculan que al año pueden hacer 3 mil nacimientos sólo de cerámica.

“Lo único que podemos dejar a los chavos es un legado, que sigan aprendiendo por parte de nosotros, el mundo está un poquito desviado y pienso que el trabajo les va hacer olvidar ese tipo de situaciones”, expresa don Ricardo.

Rafael encuentra satisfactorio ver la riqueza de estas tradiciones, pues las artesanías se siguen vendiendo en cantidades increíbles a pesar de que no son los únicos en este ramo y de que diciembre es un mes fuerte para los nacimientos, que finalmente pueden lucir en casa o un negocio, hechos con la dedicación, el corazón y el amor de aquellos que trabajan estos materiales.

“En cada proyecto se nos presentan retos, no estamos exentos, pero esto es como la cocina, si no le ponemos el amor, no salen las cosas”, y siempre ha habido señales de que el camino que siguen es el correcto cuando ven la satisfacción en sus clientes y que se llevan los productos con gusto, comentó Rafael respecto a su pasión.

“Dice uno caray, cumplimos con un granito más a esta tradición”.

 

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