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Miguel R. Valladares García

miércoles 12 diciembre 2018

México, el país de la sonrisa imperfecta

El Universal
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Cuando Sara Pérez tenía 48 años perdió su primer diente. No fue a causa de un golpe en la mandíbula o por algún otro accidente. Simplemente se desprendió de un momento a otro porque sus raíces fueron carcomidas poco a poco, durante años, por una capa de sarro que se pegó con fuerza a sus dientes y se metió entre sus encías hasta que terminó con ellas.

Decidió corregir la ausencia de su diente cuando ya había tres huecos más. Dos años después de su primera pérdida, acudió con un odontólogo, quien por 12 mil pesos rellenó los espacios con implantes dentales. Pero no le dijo adiós al enemigo. El descuido en la higiene bucal le trajo más estragos a su dentadura.

Como Sara, en México nueve de cada 10 personas padecen caries dental, de acuerdo con el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Patologías Bucales (Sivepab), y hasta en siete de cada 10 mexicanos se ha presentado periodontitis, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Periodontología.

El problema para ella inició con una mala alimentación durante su primer embarazo, a los 19 años, que dañó su salud. Después de cinco años del nacimiento de su hija, empezó a notar enrojecimiento e hinchazón en las encías y fue diagnosticada con gingivitis, que a sus 58 años sigue padeciendo.

El embarazo incrementó la sensibilidad de las encías debido a los cambios hormonales y con ello aumentó el daño de la gingivitis, una enfermedad periodontal en la que hay inflamación en las encías. Generalmente aparece durante la pubertad o durante las primeras etapas de la edad adulta. Se produce debido a los efectos a largo plazo de la placa bacteriana, que se genera por no cepillarse los dientes o hacerlo de manera inadecuada.

Los residuos de comida se acumulan en la parte expuesta de los dientes, formando una capa de material pegajoso y lleno de bacterias (placa), que si no se retira, se endurece y se convierte en sarro, que hace que las encías se infecten, inflamen y sean sensibles.

La falta de higiene que Sara tuvo y el fumar de manera cotidiana agravó el problema de gingivitis: “Tardé mucho en atenderme, perdí el interés por mi persona”. La rutina del hogar y la llegada de un segundo hijo, a los 27 años, la hicieron olvidarse del problema.

La gingivitis de Sara avanzó y se convirtió en periodontitis —padecimiento que junto a la caries afecta en gran medida a los mexicanos y puede llevar a la pérdida de una pieza dental—, en la que las encías se alejan de los dientes y el sarro se extiende creciendo por debajo de las encías. Las toxinas de las bacterias empezaron a destruir el hueso y las raíces hasta que perdió sus piezas dentales.

Actualmente, Sara tiene 58 años y de los 32 dientes que debería tener, cuenta con cuatro prótesis y 10 dientes flojos, que siguen siendo afectados por la mala higiene bucal.

“Me da más vergüenza ir al dentista que al ginecólogo”, dice. Aunque aún no tiene un diagnóstico de las enfermedades bucales que padece, está totalmente convencida de que ya no tiene remedio.

“Sé que soy responsable de mi padecimiento, por descuido y falta de recursos, pero ahora me siento muy incómoda al ir al dentista y por ello trato de evitarlo, ya nada va poder hacer que recupere el buen estado de mi boca”, considera Sara.

Práctica estancada

Alma Gracia Godínez Morales, odontóloga y presidenta de la Asociación Dental Mexicana, señala que la práctica odontológica en México está estancada y que los especialistas dan “prioridad a los implantes, lo que ocasiona que el paciente no tenga interés en su salud bucal y piense ‘ya cuando se me caigan los dientes me pongo un implante’”.

Humberto Rodríguez, implantólogo y coordinador del programa de alta implantología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lleva 10 años colocando implantes y afirma que la publicidad de clínicas privadas y la difusión del procedimiento en redes sociales han provocado que más personas se “animen” a hacerlo.

“Actualmente se están colocando aproximadamente 200 mil implantes al año, estos datos son extraoficiales. Como institución tenemos contacto con las empresas y entre ellas se encuentran las que venden más, así estimamos las cifras”, señala Rodríguez.

En el sector de salud pública “no es prioridad ofrecer tratamiento de implantes dentales a sus derechohabientes, no están contemplados dentro de su cuadro básico de tratamientos” y si se llegan a realizar obedecen más al deseo de los odontólogos de practicar este procedimiento. El Hospital General La Raza del IMSS es uno de los sitios donde se realizan, explica Rodríguez en entrevista.

En México, la Ley General de Salud incluye dentro del artículo 27 la prevención y control de las enfermedades bucales. Jesús Felipe González Roldán, director general de Programas Preventivos y Control de Enfermedades de la Secretaría de Salud, afirma que dentro de las acciones gubernamentales su apuesta es una atención bucal de prevención y han establecido dos semanas de salud bucal. También se busca movilizar a todas las entidades federativas en el tema.

Cómo es el proceso

Con la llegada del implante dental, en 1980, recuperar un diente perdido resultó ser un proceso más estético y cuidadoso, debido a que se encontró una rápida integración de las células óseas y el titanio, material utilizado en la fabricación de las diferentes piezas que componen los implantes.

Así, sin provocar daños posteriores a las demás piezas ni la caída evidente y futura de otro diente, los implantes se colocaron como una alternativa innovadora para las personas que buscan mejorar su salud bucal. A diferencia de los puentes fijos, anclados en los dientes adyacentes al espacio vacío, el implante dental se convierte en una raíz artificial colocada en el hueso mandibular, capaz de soportar la fuerza de masticación y lograr la distribución de la fuerza.

En la actualidad, el implante dental se ha adaptado a diversas técnicas. Esta evolución responde a las más de 400 fábricas que existen en el mercado, que han aplicado un procedimiento con pequeñas diferencias. Las técnicas han evolucionado y ahora una de las más eficaces, rápidas y menos dolorosas es la técnica de cirugía guiada, que puede realizarse hasta en 10 minutos.

Para realizarla, primero se hace una tomografía computarizada de la boca del paciente para conocer la longitud, el grosor y la posición en la que tiene que ir el implante. Con base en ella, se realizará una especie de encía artificial que servirá como guía para saber dónde debe realizarse la perforación.

Tras una inyección de anestesia local, con un pequeño taladro que tiene una diminuta broca, llamado pieza de mano, el hueso de la encía se perfora hasta crear un hoyo de aproximadamente dos milímetros. Posteriormente, se coloca un taquete de titanio y sobre éste, la prótesis dental provisional.

Después de dos meses, cuando el implante ya fue aceptado por el cuerpo, se coloca la prótesis definitiva. Ésta puede ser de cerómero (plástico y cerámica), circonio o porcelana. Juan José Sánchez Moguel, cirujano dentista con especialidad en periodoncia, señala que mediante esta técnica la manipulación del área tratada es casi nula.

También se cae si es mal cuidado

La vida del implante es tan larga o tan corta como el cuidado e higiene que se le proporcione: “Si después de colocar el implante no hay prevención de limpieza y no se quita la bacteria, los implantes se van a caer”, indica a su vez Alfredo Sakar, primer presidente del Consejo Mexicano de Rehabilitación Oral y Maxilofacial.

Aunado a la falta de prevención, la escasa preparación del odontólogo es uno de los factores que, a la larga, pueden llegar a ocasionar la pérdida de la nueva pieza dental. “Al poner las coronas (prótesis dentales) si no sabes cómo deben tocar los dientes unos con otros y le pones más presión a una corona sobre un implante definitivamente se va a perder”, explica el cirujano dentista.

Eduardo Medina, protesista dental, señala que aunque sólo existen contraindicaciones relativas, para llenar el espacio vacío con una pieza dental nueva el candidato ideal a un implante no debe padecer alguna enfermedad terminal o inmunológica, como cáncer, y encontrarse en quimioterapias o tratamientos radioactivos. Además, no debe tener el hábito del tabaco.

“El paciente diabético puede ser candidato a la colocación de implantes siempre y cuando se estudie cómo es, cómo se atiende y cuál es la historia de esa diabetes”, menciona Medina. Sin embargo, una infección mal tratada o ignorada luego del procedimiento se podría difundir por el torrente sanguíneo y causar la muerte.

El costo aproximado de un implante dental con cirugía guiada es de 18 mil pesos, mientras que el procedimiento tradicional, en el que se tiene que raspar el hueso previamente, oscila en 13 mil pesos. Un precio poco accesible para el grueso de la población mexicana.

Sin embargo, existe una opción: “No es necesario comprar un cepillo electrónico, ni siquiera es indispensable usar pasta dental. Un cepillo de 15 pesos y una técnica adecuada de cepillado es todo lo que necesitas en la vida para tener una sonrisa perfecta”, afirma Mara Matus, especialista en ortodoncia.

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