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martes 22 mayo 2018

No teme al tiempo

“Envejecer con gracia es lo mío, es mi sello de identidad” dice David Beckham

Agencias
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Los Ángeles. – Fuera del terreno del juego, David Beckham construyó toda una carrera paralela cediendo su imagen -desde su cara a sus abdominales o su trasero- a distintas marcas hasta convertirse en uno de los iconos masculinos de moda y belleza más rentables del mundo. Esa presión para seguir conservando su atractivo -y en consecuencia sus acuerdos publicitarios- no le ha empujado, sin embargo, a recurrir a alternativas como el bótox.

“Puede que la cirugía estética sea lo adecuado para ciertas personas, y no estoy diciendo que esté en contra, pero, personalmente, yo nunca lo haría, nunca”, ha confesado en una entrevista al suplemento ES del diario Evening Standard.

Pese a que su propia esposa ha admitido haber pasado por quirófano en más de una ocasión -y haberse arrepentido de hacerlo en otras tantas-, el antiguo capitán de la selección inglesa de fútbol está decidido a afrontar los estragos derivados del paso del tiempo con dignidad.

“No me interesa hacer nada por el estilo, jamás. Envejecer con gracia es lo mío, es mi sello de identidad. Jamás me pondría inyecciones en la cara, ni en el trasero, obviamente. Alguna gente se pone infiltraciones en el cu**, ¿verdad? No estoy seguro, pero creo que sí. Yo asumo que lo hacen”, explica con absoluta franqueza.

Por esa misma razón, a Beckham le sorprendió muchísimo descubrir, en una de las pocas ocasiones en que se animó a leer los mensajes que le dejan en sus redes sociales, que muchos daban por sentado que su privilegiado físico era más resultado de un buen cirujano que de una genética privilegiada.

“Alguien dejó un comentario diciendo algo así como que el bótox le estaba funcionando muy bien a David Beckham. Y me quedé de piedra, pensando: ‘Pero sí tengo muchas arrugas y líneas de expresión, ¿cómo puede nadie pensar que lo utilizo?’”.

La única ‘intervención’ estética a la que se ha sometido en toda su vida el deportista retirado fue una desastrosa depilación de cejas que le convenció de que la mejor opción era dejar que las suyas crecieran a su propio antojo.

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