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Miguel R. Valladares García

viernes 19 octubre 2018

Turismo entre viñedos, una oferta cada vez con más adeptos en Chile (FOTOS)

EFE
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Santiago de Chile (EFE).- Los paisajes naturales de Chile atraen cada año a millones de viajeros que recorren maravillados la belleza de una tierra fértil en historias y costumbres, como su tradición vinícola, una oferta turística en auge que busca colorear el recuerdo de cada viajero con sabores únicos.

Del incesante sol abrasador del desierto de Atacama a las majestuosas montañas nevadas del estrecho de Magallanes, el país más austral del mundo dibuja un paisaje fino pero ampliamente diverso, que cautiva a cualquiera que lo contemple, como le pasó al papa Francisco durante su reciente visita a La Araucanía.

El pontífice, como cualquier otro visitante de estas tierras, quedó asombrado con las bondades de un suelo que consideró “bendecido por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes” donde la vida crece en cualquier rincón.

Un siglo antes, en 1892, otro hombre tuvo la misma sensación al caminar por los valles de la Patagonia chilena por primera vez. Se trataba de Jorge Matetic, quien llegó a Punta Arenas, la ciudad más austral de Chile, desde Rijeka, actual Croacia.

Allí, cautivado por las cualidades cuasidivinas de un suelo prácticamente autosuficiente, el empresario yugoslavo croata tomó una decisión: apostar por la industria vinícola.

Unos 126 años y cuatro generaciones más tarde, la familia Matetic posee uno de los viñedos más prolíficos, en cuanto a premios y distinciones tanto nacionales como internacionales, que acreditan la calidad de sus vinos y su exquisita oferta gastronómica.

Así lo reconoció el Club de Amantes del Vino de Chile, que le otorgó el primer premio en la sección de restaurantes de viñas en su “Guía 100: mejores restaurantes de Chile”, y la revisa Wine Spectator, que calificó en 2004 su Syrah como una de los vinos Top 100 del mundo, el primero en la historia del país suramericano en lograr esta distinción.

Para llegar hasta el éxito, la fórmula que ha seguido la familia se basa en la implementación de un modelo de negocio que, como ellos mismos definen, va más allá de lo empresarial, ” es un estilo de vida”.

Se trata de la agricultura biodinámica, un principio que, como explica a Efe María Paz Fernández, gerente de Turismo de Matetic Vineyards, parte de la base de entender y respetar las dinámicas naturales del entorno.

“Trabajamos creando nuestro propio compost, sirviéndonos de los minerales que tiene el suelo y utilizando a los animales que tenemos en la viña. Cuando termina una cosecha, por ejemplo, traemos a ovejas y alpacas para que coman la maleza y abonen con estiércol la tierra, al tiempo que las gallinas y gansos limpian todo de insectos” indica Fernández.

Un trabajo que parece idílico, pero que conlleva esfuerzo y trabajo duro (la vendimia se realiza de forma manual), ya que la viña se extiende por un territorio que abarca desde el viñedo el Rosario, en el Valle de San Antonio (Región Metropolitana de Santiago), hasta el Océano Pacífico, a 19 kilómetros de distancia.

A lo largo de este inmenso “bosque” repleto de vid, se encuentra La Casona, una pequeña pero acogedora casa colonial adaptado para acoger a los visitantes que deseen pasar la noche y disfrutar de todas las actividades que ofrece la finca: comer en el exitoso restaurante “Equilibrio”, visitar las bodegas, realizar catas de vino o disfrutar de las excursiones al aire libre.

Todo ello acompañado siempre de los mejores sabores, gracias a líneas de vino como la Corralillo, que se compone de variedades tan diversas y exquisitas como la Syrah o Chardonnay, o la EQ (Equilibrio) que busca “el perfecto balance entre la vid, el suelo y el clima”.

Según el Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), en 2016 unos 5.6 millones de turistas llegaron a Chile y el 10 % visitó una viña. En 2005 recibían 250 mil visitantes en las viñas y en 2017 se recibieron 750 mil.

El enoturismo representa el 0.5 % del turismo en general.

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