Fundador:
Miguel R. Valladares García

martes 22 mayo 2018

¿Es la soledad, una enfermedad?

Redacción / Pulso
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

No es bueno que el hombre esté solo”, esto, dijo Dios en el Paraíso, antes de que existiera la mujer.

Y después, creó a Eva para compañera de Adán; a alguien de su misma condición, para

poder comprenderlo.

La soledad no es un vacío creado por Dios. El, nunca pensó en que el hombre estuviera solo. Y la soledad hace referencia a que alguien está faltando en nuestra vida.

Cuando una madre pierde a su hijo, se dice que ha quedado sola de él. Es decir, si el hombre está solo, es porque está solo de alguien.

DOLOR

Pero no hay enfermedad más dolorosa, que aquella que se tiene que padecer a solas. Y en tiempos de Jesús, los enfermos de lepra estaban condenados a vivir lejos de los suyos; más aún, tenían el deber de ir gritando su padecer: “!Estoy contaminado! ¡Soy impuro!”. ( Lev. 13).

Ellos, iban gritando su desgracia, para así condenarse a vivir solos. Ya que nadie debería tocarlos, y estaban condenados a vivir fuera de la ciudad.

Pero no hay enfermedad que no se viva solo; porque aún estando acompañado, el que vive su enfermedad es solamente uno, aquél que la padece.

Decía Ortega y Gasset, que “nuestra vida, es radical soledad”. Porque el otro no puede entrar en mi para ayudarme con mi pena.

La enfermedad no es transferible. Y por esa razón, el hombre se encuentra solo.

El único que ha podido padecer nuestro dolor, Jesús. Y por eso, se compadece de aquel leproso, que rompió las normas, y se le acercó, para pedirle de rodillas que lo curara.

SANAR

A Jesús no le importó que estuviera prohibido tocar al leproso; él podía haberlo curado tan solo con una palabra.

Pero era necesario, que ese pobre solitario experimentara la presencia viva, de aquel que lo ama; era importante entrar en contacto, para sanar la soledad de esa enfermedad. El tacto, es fundamental para sentir la cercanía del otro.

No sabemos, si es la enfermedad la que te hace sentir solo, o si la misma soledad es una enfermedad; lo cierto, es que las dos son una carencia.

Pero al sentir la presencia de Dios, podemos sanar la enfermedad, y no sentirnos solos. Ya lo dijo el Papa Benedicto: “ El que reza, nunca está solo”. (Salvados enla esperanza).

Pbro. Lic. Salvador González Vásquez

Minuto a minuto