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sábado 15 diciembre 2018

Responsable de la censura en ARCO pide disculpas

El Universal
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El retiro de una obra de arte de la feria española ARCO por su contenido político obligó a ofrecer una disculpa al responsable de la censura.

Clemente González Soler, que preside IFEMA, el recinto ferial en el que se ubica ARCO, pidió el miércoles a la galería Helga de Alvear que retirase la pieza de Santiago Sierra “Presos políticos en la España contemporánea”, en la que se retrata a 24 encarcelados por delitos relacionadas con la ideología, entre ellos tres políticos catalanes que esperan juicio por participar en la declaración de independencia de Cataluña.

González, un empresario del aluminio con un cargo en la administración, pero sin competencias sobre arte, aseguró que no pretendió “ejercer ninguna censura a la creación”, y que desde IFEMA, se aceptan “las críticas recibidas, comprendiendo que se debe evitar en el futuro cualquier circunstancia de esta naturaleza”.

A pesar de esas disculpas, el recinto ferial no planteó reponer la obra, que ha sido sustituida por cinco fotografías del alemán Thomas Ruff. La impresión que circulaba entre los artistas y visitantes de la feria era que la prioridad de IFEMA fue evitar que el rey español, Felipe VI, pudiese ser fotografiado junto a la obra de Sierra en su visita para inaugurar la feria.

Quien no estuvo presente en la presentación oficial fue la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en protesta por la censura. IFEMA está gestionada a partes iguales por la Comunidad de Madrid (el gobierno regional), el Ayuntamiento de Madrid (el gobierno local) y la Cámara de Comercio.

La Comunidad (gobernada por el conservador Partido Popular) y la Cámara apoyaron la censura, contra el criterio del Ayuntamiento (de los progresistas de Podemos).

Es la primera vez en 37 ediciones que ARCO retira una pieza, pero no hay año que la feria no genere una polémica. La más sonada fue en 2012, con una estatua de Eugenio Merino que retrataba al dictador Franco en una nevera, como denuncia de los intentos por mantener viva su obra. Dos años antes, el mismo escultor presentó un clérigo judío, uno cristiano y uno musulmán, uno encima del otro al lado de un arma, con el título “Starway To Heaven”. En 2013 se exhibió una esvástica con luz verde de farmacia, en 2014 a dos stripers reales en una barra americana.

Este año, se ha sumado a la ecuación Santiago Sierra, un artista especialmente controvertido. En 2003 fue comisario del pabellón de España en la Bienal de Venecia, y prohibió la entrada a todo el que no enseñara el documento de identidad español, como protesta por la política migratoria de la Unión Europea. En 2010 rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas con una carta que al año siguiente vendió en ARCO por 30 mil euros.

Su primera obra polémica fue una actuación en México, en 1998. Se tituló Línea de 30 centímetros tatuada sobre una persona remunerada, y consistía en un tatuaje a cambio de dinero. Con esta crítica a la lógica capitalista, abrió una serie de obras en las que incluso pagaba a drogodependientes con dosis de heroína.

El efecto al censurar la última obra de Sierra fue el contrario al que buscaba IFEMA. Gracias a las reproducciones que se vendían en el stand por 10 euros, su difusión fue máxima, y la obra original se vendió por encima de los 80 mil euros en que estaba tasada a Tatxo Benet, un reconocido empresario catalán, que ha anunciado que la cederá a un museo de arte contemporáneo. La galerista, Helga de Alvear, suspiraba ayer aliviada ante esta noticia, recordando que Sierra es un artista difícil de vender.

La censura suscitó una ola de condenas. Desde la comunidad artística, al desairado director de ARCO (Carlos Urroz, que se opuso a la retirada de las obras), las redes sociales y los principales periódicos de España, todos consideraron inaceptable la actuación de IFEMA.

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