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Miguel R. Valladares García

martes 18 diciembre 2018

La alfombra roja de los Óscar, sin hilo argumental estilístico (FOTOGALERÍA)

EFE
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Con la retirada del “dress code” de la alfombra roja por la plataforma “Time’s Up”, la pasarela de los Óscar perdió la unidad argumental de los Globos de Oro o los BAFTA y la variedad de vestidos y colores se impuso, dando paso a un todo vale, que la convirtió en la consabida “red carpet”.

Rojos, blancos rotos, metalizados y sí, también negros, devolvieron el color a la alfombra de gala del Teatro Dolby de Hollywood, que parecía estar abocada al color carbón, pero finalmente recurrió a su paleta cromática habitual, sin sorpresas estilísticas reseñables.

La marea negra se fue como llegó, por propuesta del movimiento “Time’s Up”, que desconvocó el código de vestimenta oscuro para evitar así su vinculación casi exclusiva con las alfombras rojas.

La alternativa propuesta fueron los pines oficiales de la plataforma, pero no logró generar la unidad conseguida con los pasados “total look” en negro.

Mientras Jane Fonda decoró con la pequeña chapa grabada con “Time’s Up” su Balmain, blanco impoluto, con hombreras y escote cuadrado puntiagudo; Salma Hayek, una de las voces más sonadas del movimiento contra los abusos de género en la industria tras contar su desagradable experiencia con el productor Harvey Weinstein, se dejó la chapa en casa.

Aunque su vestido malva, de volantes totalmente cubiertos de lentejuelas y con hombreras conectadas mediante un cuello de aplicaciones brillantes, no necesitaba más adornos.

Igual de brillante, pero mucho más favorecedor, fue el vestido rojo pasión de Allison Janney, nominada a mejor actriz de reparto por su papel de madre en “I, Tonya”.

Las mangas largas, hasta el suelo y abiertas desde el antebrazo dieron la tónica romántica al diseño, que ganó en elegancia gracias al escote en “V” y la cola.

El rojo vívido fue una de las apuestas ganadoras de la gala, elegido por actrices de la talla de Meryl Streep. Como siempre, la intérprete, de 68 años, acertó con un vestido acorde a su edad, también con escote de pico, media manga y un discreto y finísimo cinturón forrado de la misma tela que el traje.

Solo le faltó algún collar que hubiera acompañado al cuello abierto, algo huérfano sin adornos.

Igual de acertada estuvo la compañera de reparto de Janney y productora de la cinta, Margot Robbie, nominada a mejor actriz. La sencillez impoluta de su Chanel blanco conquistó la alfombra roja gracias a los detalles: una delicada cinta brillante que partía del escote palabra de honor para caer sobre los hombros, y dos aperturas que generaban dos capas acabadas en cola.

La competencia del frente rojo la ejercieron las mujeres con armadura metalizada, como Jennifer Lawrence, Gal Gadot, Sally Hawkins o Lupita Nyong’o.

La mexicana-keniana deslumbró con un vestido de corte asimétrico, de una tela dorada con estructura. Del único hombro del vestido salía una especie de banda decorativa negra que llegaba hasta la cintura, con una red oscura y dorada, incorporada en el propio vestido. Más sencillo y mate era el Dior de Jennifer Lawrence, en color oro viejo, pero con el mismo carácter fuerte y femenino.

Más cerca de los años veinte que de una armada galáctica se situaba el vestido de Gal Gadot, con finos tirantes y flecos en el bajo, gruesos, metalizados, pero llenos de movimiento.

Y completamente romántico era el vestido rosado de Sally Hawkins, de manga larga y con grandes lentejuelas negras en el bajo.

En el sector masculino, como siempre, hubo menos espacio para la improvisación, aunque no pasaron desapercibidos los estilismos de James Ivory y Timothée Chalame, ambos nominados por “Call Me By Your Name”, con una original camisa estampada en honor a la película por parte del octogenario y un traje blanco con botines negros, en la joven promesa.

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