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Miguel R. Valladares García

domingo 16 diciembre 2018

Stephen Hawking: “Su laboratorio era el universo”

AP
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Todo el mundo conocía la brillantez cósmica de Stephen Hawking, pero pocos podían comprenderla. Ni siquiera astrónomos de primera línea.

Hawking, que murió el miércoles en su casa en Cambridge, Inglaterra, a los 76 años, se convirtió en el rostro público del genio científico. Apareció en “Star Trek: The Next Generation”, se dobló a sí mismo en la serie de caricaturas “Los Simpsons” y escribió el libro superventas “Una breve historia del tiempo”. Vendió 9 millones de copias de ese libro, aunque muchos lectores no lo terminaron. Ese libro se ha descrito como “el superventas menos leído de la historia”.

En algunos aspectos, Hawking era el heredero del aura de genio-como-celebridad de Albert Einstein.

“Su contribución es interaccionar con el público de una manera que quizá no ha ocurrido desde Einstein”, dijo la destacada astrónoma Wendy Freedman, directora de Carnegie Observatories. “Se ha convertido en un icono para una mente que está más allá de los mortales corrientes (…) La gente no comprende exactamente lo que está diciendo, pero sabe que es brillante. Hay quizá un elemento humano en sus problemas que hace que la gente se pare y preste atención”.

Con Einstein, la mayoría de la gente está familiarizada con la fórmula e=mc2, pero no sabe lo que significa. Con Hawking, su trabajo era demasiado complicado para la mayoría de la gente, pero entendía que lo que intentaba descubrir era básico, incluso primitivo.

“Estaba formulando y tratando de responder las preguntas más importantes que nos hacemos: el nacimiento del universo, agujeros negros, la dirección del tiempo”, comentó el cosmólogo de la Universidad de Chicago Michael Turner. “Creo que eso llamaba la atención de la gente”.

Y lo hizo de una forma traviesa, mostrando su lado humano pese a verse confinado a una silla de ruedas por la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad degenerativa neuromuscular conocida en Estados Unidos como la enfermedad de Lou Gehrig. Voló en un avión de gravedad cero. Hizo apuestas públicas con otros científicos sobre la existencia de agujeros negros y la radiación que emana de ellos, y perdió ambas apuestas, de modo que tuvo que comprar una suscripción a Penthouse para un científico y una enciclopedia de béisbol para el otro.

“Lo primero que te llama la atención es la agotadora enfermedad y su silla de ruedas”, dijo Turner. Pero después, señaló su mente y “la alegría que obtenía de la ciencia” dominaban el escenario. Y aunque puede que el público no comprendiera lo que decía, sí comprendían su búsqueda de grandes ideas, señaló el cosmólogo.

Andy Fabian, astrónomo de la Universidad Hawking’s de Cambridge y presidente de la Royal Astronomical Society, dijo que Hawking comenzaba sus charlas para legos sobre agujeros negros con el chiste: “Asumo que todos han leído ‘Una breve historia del tiempo’ y lo han entendido’”. Siempre conseguía una gran carcajada.

“Descubrirán que el astrónomo medio como yo ni siquiera intenta seguir las teorías más esotéricas en las que trabajó en los últimos 20 años”, dijo Fabian. “He estado en charlas que dio Hawking y no pude seguirlas”.

Hawking, que nació justo 300 años después de la muerte de Galileo, ocupó el mismo puesto de profesor de matemáticas en Cambridge que en su día ocupó Isaac Newton. Físicos y astrofísicos le reclamaban como uno de los suyos. Y buen pare del trabajo de Hawking fue en el campo de la cosmología, una rama de la astronomía que intenta explicar la totalidad del universe.

El título de Hawking “no es relevante aquí, lo que importa es lo que hacía su cerebro”, señaló Neil deGrasse Tyson, director del Planetario Hayden de Nueva York. “Le consideramos un astrofísico porque su laboratorio era el universo”.

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