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Miguel R. Valladares García

sábado 21 julio 2018

Reconstrucción: Desde el 19-S viven entre balazos, comida al aire libre y una casa de campaña

El Universal
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Foto: Archivo

Lavan su ropa y la cuelgan en la calle; durante el día hacen guardias en sus casas de campaña, cocinan al aire libre y los niños juegan en la acera; por la noche, duermen mientras escuchan balazos que provienen de otras calles. Así viven, desde hace seis meses, los damnificados del sismo del 19 de septiembre, pues la vecindad donde residían ubicada en la calle Privada de Valencia, colonia Zacahuitzco en la delegación Iztapalapa.

Son 55 personas, entre ellas dos mujeres embarazadas y 21 niños, quienes el 23 de septiembre del año pasado desalojaron la vecindad ante el temor de que el edificio se derrumbara.

Iris, de 37 años de edad, es madre de cuatro menores de edad; también se encarga de llevar a sus hijos a la escuela y cocina alimentos que comparte con los demás afectados.

Ella cuenta que a veces se cooperan para los alimentos, uno de los vecinos decide lo que se cocinará, por lo regular se hacen caldos que rinden para varias personas.

Después del temblor, Iris y sus vecinos notaron que las paredes tenían fracturas, estaban ladeadas y el edificio se inclinó hacia la derecha. Lo único que bajó de su vivienda fue su lavadora y la dejó en la banqueta.

La mujer confiesa que sus hijos le piden regresar a su hogar o irse a otro lado, ya no quieren vivir en una casa de campaña con capacidad para dos personas, en la cual duermen ella, su esposo y sus cuatro hijos.

“Es horrible vivir en un campamento. Nuestras necesidades son muchas, el baño diario, el hacer de comer al aire libre. Los niños se salen de la casa de campaña y no los podemos cuidar”, relata.

En este lugar, los refugiados han sufrido las lluvias de noviembre, el frío de diciembre y el calor de las últimas semanas. A finales de 2017, los niños se enfermaron, incluso Yandel, de 5 años, se convulsionó.

María de Lourdes, la representante de los habitantes de la vecindad, quien también comparte alimentos con Iris y su familia, lleva una cadena con varias llaves, una de ellas es de su casa de campaña, en donde guarda sus pertenencias para protegerlas, tiene dos colchones, donde duerme con su hija y sus tres nietos.

La mujer dice que nunca tuvieron baños portátiles, el año pasado otros vecinos los dejaban entrar al sanitario, pero ahora usan los que están en la planta baja de la vecindad, por seguridad no permanecen más de 20 minutos en esta zona.

Iris Lourdes destaca que no saben qué hacer, los primeros tres meses recibieron el dinero de apoyo para pagar una renta de parte del gobierno, pero no han buscado otro lugar a dónde irse porque llevaban varios años viviendo en esta vecindad.

El dueño del edificio, “no se ha aparecido”, dicen; mientras ellos esperan coincidir en una cita con la delegada para poder entregarle una petición y que los ayude a definir qué pasará con ellas, sus hijos y los niños del campamento en los próximos meses.

“Ya queremos regresar a nuestras casas”

Martes, 20 de marzo de 2018 06:00 | CDMX – EDOMEX | CDMX-RECONSTRUCCIÓN

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CIUDAD DE MÉXICO, marzo 20 (EL UNIVERSAL).- Aunque sus edificios no resultaron afectados por el temblor de hace seis meses, más de cien familias, en Paseos de Taxqueña, permanecen fuera de sus casas, viven con familiares y hacen guardias afuera de sus departamentos debajo de unas carpas que ellos mismos instalaron.

Lo que los mantiene como damnificados es un edificio de nueve pisos, ubicado en Paseos del Río número 10, que según los estudios que realizaron los especialistas debe ser demolido, pero tres dueños se ampararon y el proceso se suspendió.

El inmueble tiene una inclinación de más de 45 grados hacia la derecha, si llegar a colapsar afectaría a cuatro inmuebles alrededor. Así lo explica Lourdes Guerra, una de las damnificadas de esta colonia; su edificio está del lado izquierdo al número 10, ella vive en uno de los 12 departamentos que no sufrieron daños mayores.

El día del sismo los vecinos de esta calle salieron despavoridos, una humareda de color blanco salió del edificio 10; en ese entonces estaba inclinado, pero no al nivel de ahora, dice Lourdes. Ante el riesgo, los vecinos cerraron la circulación a los autos y colocaron tres carpas para reunirse, donde tienen cobertores, comida y una mesa con sillas alrededor.

El gobierno capitalino anunció que el edificio se demolería en noviembre del año pasado, pero el proceso se detuvo porque una vecina interpuso un amparo para tirar el inmueble, ahora se sumaron dos personas más.

Cientos de vecinos de inmuebles aledaños se organizaron, contrataron un abogado para defenderse y buscar una solución; sin embargo, un juez les dijo que ellos no importan y les pidió que demostraran con estudios científicos el peligro de colapso del edificio.

Ya seis meses del sismo los vecinos no pueden entrar por sus cosas, se los impiden los policías capitalinos que hacen rondines de vigilancia. Además, los afectados contrataron personal de seguridad para evitar que roben sus pertenencias. “No es fácil vivir afuera, todos queremos regresar a nuestras casas”, dice Lourdes.

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