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jueves 20 septiembre 2018

No estoy obcecado con la Presidencia para ser un mandatario “mediocre”, dice AMLO a Milenio TV

EFE
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Foto: Milenio TV

Andrés Manuel López Obrador ofreció su primera entrevista en televisión sobre las comicios a la Presidencia de México y se mostró como un líder con control escénico, conservador en temas sociales y sin afán de venganza en su lucha contra la corrupción: “No meteré a la cárcel al presidente”, dijo.

Nada pródigo en platós, este miércoles en la noche el líder de las encuestas rumbo a los comicios del 1 de julio respondió a lo largo de hora y media preguntas, algunas muy incómodas, de seis periodistas en Milenio Televisión.

“Yo no voy a meter a la cárcel al presidente; primero, no me corresponde, pero segundo, no hay marco legal. Tendríamos que empezar por modificar el artículo 108”, dijo López Obrador, quien es el candidato por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo (PT) y el evangélico Partido Encuentro Social (PES).

Con camisa blanca, corbata roja y traje negro, López Obrador defendió sus posturas sin aportar nada demasiado nuevo, pero sí mostró dominio del lenguaje y aplomo.

“Hay una especie de madurez política, sabe reaccionar de una manera tranquila, no es tan explosivo”, dijo a Efe el investigador político Ulises Flores, profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

López Obrador dijo ser “legítimamente ambicioso” y afirmó que no está “obcecado” en ser presidente para ser un mandatario “mediocre”.

Así, no quiere parecerse a Enrique Peña Nieto o el expresidente Felipe Calderón (2006-2012).

“Quiero pasar a la historia como Benito Juárez. (…) Y no es ego”, aseguró el líder izquierdista, que se presenta por tercera vez a la Presidencia y espera unas elecciones “libres y limpias”.

Fue cuestionado por multitud de temas y por momentos se palpó la tensión, como cuando defendió las consultas populares y uno de los periodistas, Carlos Marín, le recordó que Adolf Hitler fue elegido democráticamente.

“Se equivocan menos los ciudadanos que los políticos”, le respondió López Obrador.

Roy Campos, presidente de Consulta Mitofsky, comentó a Efe que la entrevista “fue tensa”, pero al líder izquierdista se le vio “dominando” la situación.

Y eso que se trataron la mayoría de asuntos. En economía, afirmó que se revisaría la reforma energética, que abrió el sector al capital privado, y los 91 contratos ya firmados.

“Va en picada la industria petrolera, la eléctrica, hay una profunda crisis”, apuntó.

E insistió en que parará la construcción del nuevo aeropuerto capitalino, una macroobra muy criticada por ciertos sectores para convertir el aeropuerto militar de Santa Lucía en una nueva terminal aérea.

Una vez más, se mostró como un luchador incansable contra la corrupción, que se lleva hasta el 20 % del presupuesto nacional, afirmó.

Tras el año más negro en asesinatos de los que tiene registro México -25.339 casos en 2017- arriesgó, y dijo que reducirá la cifra entre un 30 % y 50 % al final de su administración.

No se sacará a las Fuerzas Armadas de las calles porque la situación es “un desastre”, pero buscará mayor coordinación entre organismos.

Calificó además de “masacre” el trato que se da a los jóvenes que, por falta de oportunidades, toman “conductas antisociales”.

Además, aseguró que iba a “cancelar” la reforma educativa, también impulsada por el actual mandatario, y crear un “plan educativo para mejorar la calidad de la enseñanza, sin afectar los derechos laborales de los maestros”.

Más polémica, quizás, fue su equidistancia en temas sociales: “¿Aborto, matrimonio igualitario, adopción entre parejas del mismo sexo?”, le preguntó Azucena Uresti.

“Consulta a los ciudadanos. Hay una legalidad vigente, que se respete”, dijo para añadir que representa un “movimiento amplio” y que él, pese a creer en el Estado laico, propondría consultas para temas de esta índole.

Para Flores, esta falta de “posturas claras” perjudicó al líder de Morena, que en general no sorprendió en las respuestas, muy estudiadas y continuistas.

Al jefe de Gobierno de la Ciudad de México entre 2000 y 2005, unas de las urbes más avanzadas en derechos sociales de América Latina, se le tachó entonces de conservador.

“No soy conservador. Conservador es estar a favor de la desigualdad. ¿Sabes qué cosa es ser conservador? Tolerar, no hacer nada por acabar con la corrupción. Yo no soy conservador”, rebatió.

Para Campos, “prácticamente paró la agenda progresista”, pero ello prueba que “tomó riesgos”, mostrando su verdadera cara en este formato televisivo que fue un “ejercicio periodístico de lujo”.

Con su participación en el debate, Campos consideró que López Obrador no perderá simpatizantes, aunque es más difícil pronosticar si ganará nuevos adeptos.

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