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Miguel R. Valladares García

viernes 17 agosto 2018

Vigilarán cambio climático con ayuda de tablas de surf

El Universal
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Entre los usos innovadores de los satélites está el estudio de mar y costas. Bob Brewin es pionero en una nueva técnica oceanográfica con uso de satélites usando dispositivos en tablas para surfear.

Su idea es utilizar la tabla para medir de la temperatura de la superficie del mar, y luego usar los datos para cruzarlos con el satélite europeo Sentinel-3.

Existe una razón para todo ello: “En esta región del océano cercana a la costa hay falta de observaciones, de modo que realmente no sabemos bien la exactitud o la precisión de las observaciones del satélite”, aseguró.

La falta de datos del agua dificulta entender las mediciones satelitales a lo largo de la costa.

Brewin, experto en detección remota del Laboratorio Marino de Plymouth, explicó a Euronews como solucionar ese problema con un dispositivo llamado SmartFin: “Este SmartFin tiene el mismo tamaño y peso que una aleta de tabla de surf normal, pero tiene un sensor de temperatura, un dispositivo GPS, un sensor de movimiento y Bluetooth para transferir los datos de temperatura y movimiento de la aleta al teléfono móvil”.

Así que cada vez que surfea, la aleta registra la temperatura. Es una nueva forma de tomar datos de la costa, un lugar importante para muchas formas de vida y sensible al cambio climático.

Brewin asegura: “Es una región de vital importancia de nuestros mares, contiene niveles muy altos de biodiversidad marina, de productividad marina, es el lugar de desove de muchas especies de peces de importancia económica. Y es el lugar de alimentación de los vertebrados marinos como las aves marinas, los auk de pecho negro y los araos”.

Mientras tanto, a 800 kilómetros sobre la superficie del mar hay una nueva serie de ojos en el espacio. Este mes, el satélite europeo Sentinel-3B se une a su nave espacial hermana en órbita Sentinel-3A. Ambos miden la temperatura de la superficie del mar y el color de la superficie del océano. Al principio navegarán sincronizados con 30 segundos de diferencia para verificar su precisión.

El responsable del programa “Segmento Espacial Copernicus” de la Agencia Espacial Europea (ESA), Guido Livrini explica: “La razón por la que vuelan en formación cerrada es que queremos realizar una calibración cruzada de la medición que obtenemos del 3A que ya ha sido validada, con la medición que obtendremos de su gemelo, Sentinel-3B. Tendremos una constelación en órbita de dos satélites que proporcionarán datos comparables de igual calidad pero con mucha mayor frecuencia de lo que un solo satélite podría hacer”.

Exactitud y frecuencia; eso es exactamente lo que les interesa a los científicos de la Organización de Investigación francesa Ifremer que estudia las algas en las aguas de Normandía. Cada dos semanas, miden la temperatura, la salinidad y el nivel de oxígeno del agua cerca de la costa, datos que cruzan con los del Sentinel-3.

La investigadora en fitoplancton de Ifremer, Tania Hernández Fariñas, describió el procedimiento en el mar: “Aquí estamos midiendo varios parámetros abióticos. Estos parámetros abióticos se usarán para relacionarlos con las proliferaciones de algas y el crecimiento de las microalgas, y son estas microalgas las que tratamos de observar desde el satélite, que tiene una cobertura espacial y temporal mucho mayor”.

La tripulación vuelve rápidamente a tierra firme y al Laboratorio Marino de Plymouth para estudiar qué hay en el agua de mar.

Hernández recalca que “hay que tener en cuenta que se trata de comunidades biológicas, por lo que el análisis debe realizarse con la mayor rapidez posible. Recogidas las muestras del mar, volvemos al laboratorio para hacer los análisis”.

Ahora trabaja en un nuevo proyecto, Sentinel-3 Eurohab, el estudio de las floraciones de algas nocivas, que son venenosas para los peces e incluso para humanos. Usarán datos espaciales y mediciones del mar.

“El satélite capta de manera general el conjunto de la producción de fitoplancton. Con las mediciones in situ podremos ir más allá y explicar qué especies fueron identificadas por el satélite y ver también si hay especies que son tóxicas”, informó Hernández Fariñas.

El equipo detectó una tendencia importante, en la que la intensidad de las floraciones de fitoplancton ha disminuido significativamente en las últimas dos décadas en el Canal de la Mancha.

El director de investigación de Ifremer, Francis Gohin hace balance y saca conclusiones: “Hemos estudiado todos los datos sobre el color del agua de mar procedentes de la NASA y la ESA en los últimos 20 años, para seguir la evolución de la cantidad de fitoplancton día a día en las aguas costeras del Canal de la Mancha y el Golfo de Vizcaya. Y lo que hemos visto es una reducción relativa en la cantidad de fitoplancton, especialmente en los meses de verano”.

En el Laboratorio Marino de Plymouth, Bob Brewin revisa la calibración de su SmartFin, una tecnología que le gustaría ver utilizada en toda Europa para recoger datos de los mares y predecir las tendencias del cambio climático.

“El sueño es tener surfistas, y no solo surfistas, sino también regatistas, windsurfistas, buceadores, que entran y salen regularmente del océano para divertirse; equipados con este tipo de tecnología. Pueden medir factores importantes como la temperatura, datos que podemos usar sinérgicamente para mejorar de verdad el conjunto de datos satelitales”.

El potencial que tiene ese sueño está ahí, en el Reino Unido se estima que los surfistas pueden captar cuarenta millones de mediciones de la temperatura de la superficie del mar al año.

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