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Miguel R. Valladares García

viernes 25 mayo 2018

Peregrina a sus 94 años por la paz

La italiana Emma Morosini deja un mensaje de paz y optimismo en el albergue “San Vicente de Paul”

Aimee Torres / Pulso
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Con 94 años de edad, su maleta rodante y un chaleco con protectores, Emma Morosini de origen italiano, recorre el mundo a pie la mayor parte del tiempo con un solo objetivo: promover, la paz.

“Ella nos refería que le hizo una promesa a la Santísima Virgen: viajar por todo el mundo para promover la paz del mundo, además de pedir por todos los niños, jóvenes y por las familias desintegradas además de llevar su testimonio de fe hacia toda la gente”, explicó Agustina Coyote Güero, administradora y misionera hija del Calvario de la Residencia “San Vicente de Paul”, que fue donde la noche del viernes se pudo hospedar Emma para descansar.

Una pareja la encontró en la carretera a Matehuala y creían que era una indigente, la llevaron al Templo de Nuestra Señora de la Soledad y ahí junto con el padre José de Jesús Castillo López, descubrieron que se trata de esta persona que lleva varios años caminando por todo el mundo con la misión de conseguir la paz entre sus semejantes y para que pudiera pernoctar y descansar, se le canalizó al asilo o estancia “San Vicente de Paul”. Ahí su testimonio sería un ejemplo de vida, lucha y optimismo para las ancianitas que ahí permanecen.

Su jovialidad invita a seguir adelante y dejar atrás dolores y achaques, dijo Agustina, quien señaló que dejó una gran enseñanza de amor y fe. “Muchas veces son personas desconocidas que no conocemos, pero nos dio confianza al verla, es alguien de Dios”.

Emma tiene 25 años peregrinando visitando todos los Santuarios en diversas partes del mundo, ya ha estado con el Papa Francisco también y a San Luis Potosí llegó de Monterrey.

Este medio no pudo dialogar con ella, pues desde muy temprana hora partió hacia el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la capital potosina para luego, tomar camino hacia la Ciudad de México y llegar a la Basílica.

María Anastasia Antonia del Ángel, directora de la Residencia, explicó que es una persona muy sencilla y su única emoción es llegar al Santuario. “No quiso tomar alimentos más que fruta y agua, nos motivó a la fe que ella vive, y con esas ansias de seguir caminando, seguir pidiendo a la Virgen, consagrando su vida de la humanidad y enfrentando las adversidades del mundo entero”.

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