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Miguel R. Valladares García

lunes 22 octubre 2018

Le roban puerta, detiene al ladrón, y vecino lo golpea

Miguel Barragán / Pulso
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Ciudad Valles.- Don Silverio representa el más claro ejemplo del himno a la impotencia, porque sorprendió a un ladrón robándole y un vecino de él defendió al ladrón, en lugar de ayudarle. Para acabarla de amolar, cuando los policías llegaron, no se llevaron detenido a nadie.

El martes en la noche, don Silverio estaba en su casa, hecha con láminas, pedazos de madera y de plásticos desechables, cuando vio pasar a un tipo flaco, de pelo corto, moreno, cargando una puerta de aglomerado que le pertenecía a una casa que le encargaron desde hace diez y que considera como suya.

El hombre de 73 años de edad, vive en la calle Jorge Terán, casi esquina con Haití de la colonia La Estrella, al noroeste de la ciudad y toda su vida ha sido albañil. Estaba por disponerse a descansar cuando fue testigo de que le querían hurtar una puerta de aglomerado de la entrada de la casa que le encargaron personas cercanas a él desde hace una década y que se ha vuelto como parte de sus pertenencias.

Ni tardo ni perezoso, el hombre se levantó de donde estaba y fue a reclamar al sujeto que portaba su hoja de entrada a la casa, como si nada. El ladrón se negó a darle la puerta e incluso se enojó, comenzando entonces un pleito verbal que se vio interrumpido por la intervención oportuna de un vecino que intercedió, pero a favor del delincuente, en lugar del ofendido.

Pero además de defender al caco, el vecino de Silverio Rodríguez Medina le propinó un santo guamazo que le abrió el cartílago de la oreja, haciéndolo sangrar profusamente. En la confusión, algunos vecinos se dieron cuenta del desaguisado y acudieron a reclamar la agresión al anciano, quien llamó a la policía.

Ah, pero la impunidad iba en caballo de hacienda, porque a pesar de que los policías llegaron y todavía encontraron al ladronzuelo con la puerta en la mano, pero a pesar de que oyeron el relato de don Silverio, nada hicieron contra nadie, ni siquiera contra el agresor, llamado Santiago González, quien, de hecho, por testimonio de los vecinos, ya trae azorado a más de uno en ese lugar.

Don Silverio recuperó la puerta, pero no entiende por qué los uniformados se fueron del lugar sin tocarle un solo cabello al maleante que quería estrenar puerta en su casa, por eso el hombre de más de 70 años levantó la voz y reclamó con impotencia que, aparte de quererlo dañar en sus cosas, el vecino lo haya dejado medio sordo del golpe, sin que nada ocurriera. Nada.

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