Fundador:
Miguel R. Valladares García

domingo 22 julio 2018

Maestría

Alex Karuna / Pulso
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Con la celebración del ‘día del Maestro’ vale la pena reflexionar sobre lo que esta actitud ante la vida nos presenta. El ser maestro no es propiedad de quienes llevan a cabo una profesión docente, sino que es el gran regalo de la vida para ser un ejemplo a seguir para aquellos que nos observan y aprenden a través de nuestro ejemplo. Por más que queramos negarnos a este rol, la realidad es que siempre existen personas que nos observan y en mayor o menor grado les servimos como modelos. Por lo tanto, la invitación en el día del maestro es recordar nuestra oportunidad de convertirnos en baluartes de aquello que predicamos, es decir, si queremos enseñar la paz, disciplina y un comportamiento compasivo entonces nuestra tarea es demostrarlo con hechos. Cuando una persona enseña y no aplica ni interioriza dicha enseñanza, entonces su maestría para vivir y enseñar se desvanece ante la negligencia de sus acciones. Esta negligencia no sólo limita la capacidad de enseñanza sino que promueve una actitud incongruente y, por ende, irresponsable.

El vivir con maestría es un arte que requiere sinceridad en nuestro pensamiento y acciones, ya que si forzamos una actitud virtuosa por ser buena o deseable, entonces caeríamos en una superficialidad que sólo cubre una actitud de egocentrismo. Es decir, la virtud se muestra naturalmente como expresión de una mente en paz y en busca del bienestar de al comunidad, sin agendas egoístas ni anhelos personalistas.

La maestría que todos podemos desarrollar a diario es ser plenamente conscientes de aplicar aquello que enseñamos, en tomar responsabilidad de nuestros pensamientos, palabras y acciones. La maestría no puede calificarse del cero al diez ni está en función de cumplir con un gran almacenamiento de conceptos y fórmulas, sino que está en directa relación con la capacidad de vivir despiertos, conscientes y congruentes en todo momento. Asimismo, la maestría de vida nos recuerda que todos los días aprendemos y enseñamos, es un proceso de tomar y dar, y es en este proceso compasivo que nos encontramos en el otro y formamos una verdadera comunidad en el ‘nosotros’. Celebremos entonces con alegría y confianza nuestra capacidad de vivir con maestría, siendo la expresión misma de la enseñanza y aprendiendo con humildad en el eterno y compasivo examen que se llama vida.

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