Fundador:
Miguel R. Valladares García

domingo 23 septiembre 2018

Más que relojes derretidos: Triángulo Daliniano en España (FOTOS)

AP
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Si el nombre de Salvador Dalí conjura imágenes de relojes derretidos y de su famoso bigote, una visita al “Triángulo Daliniano” en España muestra mucho más sobre la vida y obra del renombrado maestro surrealista.

Tres de las casas de Dalí, todas convertidas en museos, se ubican en la Costa Brava, un tramo de unos 160 kilómetros (100 millas) de litoral en el noreste de Cataluña. Los tres vértices que conforman el trayecto están en Púbol, Figueres y Portlligat. Es un viaje en auto maravilloso para experimentar el arte de Dalí y los deslumbrantes escenarios naturales que ayudaron a moldear e inspirar a unos de los artistas más emblemáticos del mundo.

PÚBOL: CASTILLO GALA DALÍ

Dalí compró un castillo medieval en el poblado de Púbol para su esposa Elena Ivanovna Diakonova, más conocida como Gala. La pareja transformó la estructura, construida sobre los restos de un castillo de piedra del siglo XIV, en una casa donde Gala pudiera tanto reinar como relajarse. Su esposo solo podía asistir por invitación escrita.

Muchas obras de arte, incluyendo pinturas que Dalí le obsequió a su esposa, se exhiben junto con artículos personales que van desde cubiertos de plata con sus iniciales, vistos en un cajón semiabierto en la cocina, hasta el auto Datsun naranja tostado de Gala, estacionado afuera en un camino de piedrecitas. También está este excéntrico artefacto: el adorado caballo blanco de Dalí, disecado, parado cerca de los baños del museo.

En el piso de arriba hay una colección de vestidos de alta costura de Gala. En el sótano está el lugar de su descanso final: sus restos yacen en un mausoleo vigilado por una gran jirafa de juguete, sorpresivamente más conmovedora que trivial.

FIGUERES: TEATRO MUSEO DALÍ Y EXPOSICIÓN “DALÍ JOYAS”

Figueres, nombrada así por sus una vez frondosos árboles de higos (figues en catalán), es un animado pueblo a unos 40 kilómetros (25 millas) al norte de Púbol. Uno sabe que llegó cuando ve un enorme domo transparente geodésico o una colección de grandes huevos sobre un edificio. Ese, por supuesto, es el Teatro Museo Dalí, que el artista diseñó sobre los restos quemados del Teatro Municipal.

Si no fuera por el flujo constante de visitantes que te empujan a avanzar por las galerías del museo, uno podría pasar horas y días observando y analizando las alrededor de 1.500 obras de Dalí, entre pinturas, dibujos, esculturas, grabados, instalaciones, hologramas, imágenes estereoscópicas y fotografías.

Algunas piezas te harán sonreír, como el sofá rojo brillante “Labios” inspirado en la actriz Mae West o el “Taxi lluvioso”, que cuando le metes una moneda llueve en su interior, empapando a sus pasajeros maniquíes.

Otras obras son discretamente hermosas, como el retrato al óleo de la hermana de Dalí, Anna María, asomada por una ventana mirando el mar y el acantilado en Cadaqués. Pero algunas pinturas son tan violentas, macabras, intensas y complejas que no sería mala idea colgar una señal que diga “Entre bajo su propio riesgo”. Los dibujos de Dalí muestran su gran maestría. Y fue bueno ver varias pinturas con el reloj, uno de sus temas más famosos.

Tras recorrer todo el museo y quizás rendir respetos en la tumba de Dalí _ exhumada en el 2017 para resolver una demanda de paternidad (desmentida) _ uno ha visto tanto que podría sentirse abrumado. ¡Pero no debe perderse el adyacente museo de joyas de Dalí! Visitar esta galería con forma de cueva que alberga 39 creaciones es como entrar a ver el tesoro de un barco pirata.

Si pudiera elegir una pieza para mi colección personal, me llevaría “Labios de rubí”, en oro de 18 quilates con más de 100 rubíes y 13 perlas blancas como sientes, o “Pendientes telefónicos”, hechos en oro con diamantes, rubíes y esmeraldas. Son joyas sublimes y juguetonas, pero no absurdas.

“Me complace cuando mi joya de los pendientes telefónicos produce una sonrisa”, dijo Dalí. “La sonrisa es algo agradable. Pero los pendientes, al igual que todas mis joyas, son objetos serios. Los pendientes significan la oreja, símbolo de la armonía y unidad. Connotan la velocidad de los medios de comunicación modernos; la esperanza y el peligro de los intercambios de pensamientos repentinos”.

CADAQUÉS: CASA SALVADOR DALÍ – PORTLLIGAT

Al este de Figueres quedan los vecinos pueblos playeros montañosos de Cadaqués y Portlligat. Dalí vacacionaba ahí de niño con su familia y más tarde convirtió una cabaña de pesca en un extenso hogar.

Al entrar a la casa, ahora museo, hay un oso polar disecado. Tras pasar por unos pasillos angostos y serpenteantes que imitan las calles que llevan a la casa, uno emerge en espacios encalados bañados por el sol que están llenos de sorpresas: corredores sin salida y cuartos con cortinas rosadas en los que hay eco si se está parado en el lugar correcto. Gruesas alfombras de sisal, manojos de flores secas, más peluches, conchas y estrellas de mar, muebles antiguos y fotos de Dalí en su apogeo llenan el lugar.

Las ventanas desniveladas crean el marco perfecto para los paisajes a los que Dalí a menudo hizo referencia en sus obras. Estantes llenos de materiales para pintar pueden verse al bajar una escalera adyacente al estudio. Afuera hay una terraza amurallada, una piscina, un jardín floreciente, un olivar y esculturas e instalaciones.

Este tercer punto del Triángulo Daliniano está repleto de arte, adentro y afuera.

Minuto a minuto