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Miguel R. Valladares García

miércoles 18 julio 2018

Guatemalteco narra cómo lo separaron de su hija en frontera

AP
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Génesis González López, de 3 años, reía emocionada mientras jugaba con su papá en un parque de Utah, deslizándose por un tobogán una y otra vez hacia sus brazos en un día soleado.

La feliz escena, ocurrida esta semana en Provo, al sur de Salt Lake City, fue muy distinta a lo que padre e hija experimentaron el Día de Acción de Gracias, cuando las autoridades de inmigración detuvieron a Rómulo González Rodríguez en la frontera con México y se llevaron a la niña, sin explicarle al padre a donde llevarían a su nena.

González había escapado de Guatemala con su hijita, que entonces tenía 2 años, después de haber sido secuestrado, de que le sacaran el ojo derecho y de que su familia pagara un rescate de 13.500 dólares por su vida. Viajó en autobús y trenes hasta la garita migratoria de San Diego en busca de asilo y fue separado de su hija por siete días.

“Es doloroso para uno venir huyendo a donde uno piensa que lo van a rescatar y todo, y toman como medida la separación de los niños”, dijo el martes González, quien ahora tiene un ojo de vidrio luego del ataque. “Entonces uno vuelve a caer otra vez en el temor y la misma angustia de la cual uno viene saliendo”.

La historia de González da una idea de la angustia e incertidumbre que los padres migrantes tienen que pasar cuando son separados de sus niños en la frontera, pese que esto ocurrió antes que el gobierno del presidente Donald Trump adoptara en abril una política de “tolerancia cero” mediante la cual todos los migrantes adultos que cruzan la frontera ilegalmente son referidos a la fiscalía para que se les presenten cargos.

La política ha llevado a un aumento de separaciones familiares en las últimas semanas, desatando indignación generalizada y presión de parte de aliados de Trump. El presidente dio marcha atrás el miércoles y firmó un decreto para poner fin a la práctica y mantener a las familias unidas mientras estén detenidas, agilizar sus casos y pedir al Departamento de Defensa que ayude a albergar a estas familias.

En el caso de González, no está claro por qué él y su hija fueron separados dado que él se entregó en la frontera y no se le han presentado cargos por ingresar al país de manera ilegal.

Desde hace mucho, Seguridad Nacional tiene la práctica de separar a adultos de menores en la frontera cuando no puede confirmar el vínculo familiar entre uno y otro o si es que cree que el niño está en peligro. Pero González no tiene antecedentes penales, dijo su abogada Mari Alvarado Tsosie.

González tiene un hermano en Provo, quien buscó a la abogada después que su hermano fue secuestrado. González siguió sus instrucciones, y al llegar a la garita de San Ysidro con su hija el 23 de noviembre se presentó ante las autoridades migratorias de Estados Unidos y les entregó el reporte policial guatemalteco sobre su secuestro.

Las autoridades se llevaron a su pequeña hija a otra habitación mientras González era interrogado. Pensó que serían reunidos al terminar, pero en su lugar fue llevado a un centro de detención sin su hija, dijo Alvarado. Al preguntar en dónde estaba, no le respondieron, dijo González.

González narró que pasó siete días en un frío centro en donde nunca se apagan las luces y se preguntaba si su hija estaba segura y si la volvería a ver. En Guatemala, sus secuestradores habían amenazado con desmembrar a la niña y sospechaba que las autoridades corruptas estaban involucradas. Su mente se llenó de preocupaciones de que las autoridades de Estados Unidos también fueran corruptas.

Es una angustia tremenda porque las autoridades no te dan respuestas, dijo González en la oficina de su abogada en Provo, con su hija sobre su regazo. No te dan información y no conoces las leyes… Te preguntas, ¿en dónde está?, ¿qué hace? Es una niña muy pequeña.

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