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Miguel R. Valladares García

lunes 16 julio 2018

“Lucía”, una de muchas historias detrás del aborto (VIDEO)

Satanizado por el clero, criminalizado por el estado y juzgado por la sociedad, el aborto sigue siendo un tema controversial en la capital potosina. Pese a que no se habla de ello, o se habla en voz baja, hay testimonios de capitalinas como el de Lucía que ha optado por seguir su desarrollo profesional en lugar de ser madre.

Rubén Pacheco / Pulso
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El reloj marcó las 10 de la mañana, la recámara se convirtió en un consultorio de alta especialidad y Lucía, que así se llamará para este testimonio, se recostó sobre la cama, respiró y cuando sintió el primer coágulo de sangre, supo que el procedimiento estaba consumado.

Durante las 12 horas en que se desarrolló el proceso, las siete semanas y tres días de gestación del producto dejaron de formar parte de las entrañas de la joven universitaria, que con auxilio y apoyo de colectivos feministas pudo ejercer una interrupción exitosa y excepcional, como ella lo cataloga.

Narra que su intervención la llevó a cabo basándose en el documento “Aborto sin riesgos: guía técnica y de políticas para sistemas de salud” de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una vez estudiado, siguió al pie de la letra el protocolo iniciando con el chequeo previo, ecografía, consulta con el ginecólogo y finalmente, la compra de misoprostol, un medicamento empleado para el tratamiento de úlceras gástricas y como inductor de parto.

La historia de Lucía se remonta al 12 de febrero de 2017, fecha en que con el asesoramiento y acompañamiento de feministas, su madre, dos amigas, socorristas y una doctora, logró someterse a un aborto. Para ella, el proceso “no fue tan traumático como lo cuentan”, fue poco el dolor y el sangrado y solo estuvieron presentes molestias tolerables como náuseas, mareos, dolores de cabeza y escalofríos. Actualmente, Lucía ejerce su profesión y tiene una estabilidad laboral.

“Hasta el día de hoy no me arrepiento. Es algo que no me gustaría volver a hacer, por eso ya me cuido y tomo precauciones extras, pero yo creo que en un caso extremo o algo, pues quizá podría volver a considerarlo, pero no es un método anticonceptivo. No es algo que vas a estar haciendo siempre”, expone con una mirada pensante mientras se toma las manos.

A más de un año de la práctica abortiva, Lucía aduce que le gustaría tener hijos, pero esta posibilidad aún puede esperar dos años más, ya que sus prioridades inmediatas se perfilan en el desarrollo profesional y crecimiento laboral para en su momento brindarle “realmente” una calidad de vida óptima a sus vástagos.

“Yo vi mi situación particular y decidí que no, en ese momento no era el momento para traer un hijo aquí. No tenía ni las condiciones para ofrecerle, yo estaba viviendo con mis papás, entonces, yo no podía mantenerme a mí misma, menos iba poder mantener a un hijo”, analiza en retrospectiva.

-A raíz de este caso y de los que se han ventilado en los medios ¿Crees necesario que se despenalice el aborto en San Luis Potosí?

Yo creo que es muy necesario porque así como yo, yo conozco a varias chicas y después de esto tuve la oportunidad de conocer a más mujeres, y de ver que en realidad no soy la única y no sigo siendo la única. Hay mujeres abortando todos los días.

-¿Qué les dirías a esas chicas que tienen un embarazo no deseado y que quisieran someterse a este procedimiento?

Sinceramente no están solas. Cuando estás en ese momento piensas que eres la única y qué vas a hacer, pero hay muchas mujeres que hemos abortado. Aquí en San Luis hay muchos colectivos y muchas redes de feministas y aunque no te conozcan te van a apoyar.

Para la joven de 27 años de edad, pese a las posturas que consideran inadmisible la interrupción del embarazo desde la fecundación misma, y que quien aborta mata a un ser vivo, lo que hay dentro del vientre son células en reproducción carentes de un sistema nervioso central.

Política ortodoxa ciudadanía liberal

Para Urenda Queletzú Navarro Sánchez, profesora-investigadora en Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la UASLP, la revelación de testimonios como el de Lucía es la prueba de que aunque el estado no quiera que se realicen abortos, hay mujeres que lo están haciendo.

La académica deduce que los abortos en San Luis Potosí son más comunes y frecuentes de lo que podría pensarse entre la ciudadanía, y dicho de otra forma, se debe a la invisibilización del tema y a la política pública de criminalización.

“El hecho de que se denuncien los abortos cuando se tiene conocimiento y el hecho de que existan estas prácticas heterodoxas del lado de práctica ortodoxa de la criminalización, nos dice que existe una incidencia que evidentemente no es reportada (…) Esa visibilización de esa incidencia nos está diciendo que pese a la ausencia de voluntad del estado, las mujeres hemos sabido resistir y sabido construir redes”, señala.

Cita que el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, conformado por la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, prescribió casos muy específicos que colocaron el tema en sus agendas jurisdiccionales, tales como el caso Artavia Murillo contra Costa Rica, donde se reconoce el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo.

“El debate en términos de derechos humanos está muy claro: hay que despenalizar el aborto (…) Ante la ausencia del E stado de garantizar un derecho de esta naturaleza, lo que estamos viendo es que proliferan cada vez más redes de apoyo entre mujeres para poder de cierta manera acompañar estos procesos (de aborto)”, sostiene la académica.

Por lo anterior, Navarro Sánchez contrasta que mientras las féminas con redes de apoyo, información y asesoría tienen abortos exitosos, hay mujeres bajo contextos de desinformación, carentes de acceso a espacios formativos y falta de redes, que probablemente tuvieron que padecer desde la criminalización hasta problemas de salud que las llevaron a la muerte.

¿Verdaderamente son criminales?

San Luis Potosí criminaliza esta práctica en el Código Penal del Estado, que en el Artículo 148 establece que: “Comete el delito de aborto quien causa la muerte del producto de la concepción en cualquier momento del embarazo”.

Como sanciones señala que la fémina: “que voluntariamente procure su aborto o consienta en que otro la haga abortar se le impondrá una pena de uno a tres años de prisión y sanción pecuniaria de cien a trescientos días del valor de la unidad de medida y actualización”.

Organizaciones nacionales e internacionales advierten que la punibilidad de la interrupción del parto en los países con ese marco legal, incrementan las probabilidades de que más mujeres pierdan la vida, o que sufran consecuencias irreversibles en su integridad física.

De acuerdo con la organización no gubernamental (ONG), Médicos Sin Fronteras (MSF), se estima que cada año en el mundo 47 mil mujeres adultas y jóvenes “mueren a causa de abortos no seguros y que cinco millones más sufren lesiones que derivan en discapacidades”.

La ONG de relevancia internacional, advierte que las embarazadas que decidan someterse a este procedimiento llevarán a cabo el mismo sea legal o penado por la legislación que existe, e incluso si es seguro o no.

Desglosa que las principales complicaciones de un aborto no seguro son: “sangrado severo, infección, peritonitis, lesiones en vagina y útero e incluso la muerte; también pueden darse consecuencias a largo plazo que afecten a embarazos futuros, entre ellas la infertilidad”.

“La interrupción del embarazo es, exclusivamente, elección de la mujer (…) Si no le es posible acceder a un aborto en condiciones médicas seguras, arriesgará la vida para interrumpir el embarazo”, alerta MSF.

El 27 de septiembre de 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Guttmacher, revelaron en un estudio que de 2010 a 2014 se realizaron 25 millones de abortos peligrosos a nivel mundial, de los cuales el 97 por ciento se concentraron en países en desarrollo de América Latina, Asia y África.

Según el análisis del organismo internacional, los impedimentos para que las mujeres se sometan a un proceso de interrupción segura son: legislación restrictiva, poca disponibilidad de servicios, costos elevados, estigmatización y objeción de conciencia del personal sanitario.

“Se define el aborto peligroso como una intervención destinada a la interrupción de un embarazo practicada ya sea por personas que carecen de la preparación necesaria o en un entorno que no reúne las condiciones médicas mínimas, o ambas cosas a la vez”, argumenta la OMS.

Puntualiza que en las naciones donde la interrupción está “completamente” prohibida o se permite solo para salvar la vida de la mujer o preservar su salud física, “solo 1 de cada 4 abortos fue seguro; por el contrario, en los países donde el aborto es legal en supuestos más amplios, casi 9 de cada 10 abortos se realizó de manera segura”.

Como cierre, Lucía considera que lo más importante para decidirse a abortar, es estar completamente segura para después no cargar con la “autocrucifixión”, es decir, culparse con los alegatos cristianos de ‘eres un alma perdida’ o ‘te vas a ir al infierno’.

Al igual que Lucía, a diario un número incalculable de mujeres potosinas que se encuentran en estado de gravidez tal vez conciben la idea de abortar, pero por diversos factores no lo hacen y si lo llevan a cabo muchas veces es con desinformación y ante el peligro inminente de fallecer en el intento.

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