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jueves 19 julio 2018

Nuestro mundo patas arriba

Redacción / Pulso
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Lic. Raúl Vega Castellanos

Habitamos un mundo incoherente. Un mundo donde no hay identidad entre la palabra y el hecho, entre la razón y la acción, un mundo en que el sentido común sale de puntillas por la puerta trasera sin nosotros percibir su ausencia. Nuestro mundo es un mundo de revés. Un mundo “patas arriba” como dijo el renombrado periodista y escritor Eduardo Galeano.

Ojalá dejáramos de danzar con esta cacofonía y buscáramos las notas, elementos y voces para dar sentido, intención y armonía a este mundo. Y es que la locura es tal, que hoy está propuesto para el premio Nobel de la Paz quien se ha encargado de recrudecer la violencia, cobrando víctimas a diestra y siniestra en la Franja de Gaza, quien ha abandonado el acuerdo nuclear consensuado entre Irán y el G5, dividiendo con su lengua y sembrando discordia en su país y el mundo.

En este mundo patas arriba, el derecho a la soberanía es hoy por hoy un lujo de los países poderosos, de los países ricos. Cuando los países pobres ejercen este patriotismo, este patriotismo se convierte en populismo o peor todavía en terrorismo, y constituye una amenaza para el mundo. Nosotros no tenemos el derecho de defendernos, sólo tenemos el derecho de aceptar lo que otros deciden por nosotros, y esos otros son los que ejercen el gobierno mundial, como bien lo apuntó el uruguayo. Históricamente el director gerente del Fondo Monetario Internacional siempre ha sido europeo, y el director del Banco Mundial siempre ha sido estadunidense. Cinco países deciden en el FMI, mientras que uno solo, EE UU, tiene derecho al veto. Mientras, en el Banco Mundial los EE UU controlan el 16.4% de los votos, en contraste 24 naciones africanas controlan el 2.8% de la votación. Y esto en nuestro mundo de revés lo conocemos como “comunidad internacional”.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, han generado con sus políticas injusticia y esta a su vez ha parido pobreza. El FMI y el BM favorecen a los países industrializados, dañan el medio ambiente, acaban con la agricultura local y apoyan a gobiernos que violan abiertamente los Derechos Humanos.

“En este planeta volteado del revés el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado, el imperialismo se llama globalización. Las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, el oportunismo se llama pragmatismo, la traición se llama realismo. En lugar de dictadura militar, se dice proceso. El saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito.” La sinrazón es tal que se llamó Dignidad el campo de concentración más importante de la dictadura chilena y Libertad la mayor cárcel de la dictadura uruguaya.

La justicia nunca llega o cuando lo hace llega con 45 años de retraso, como en el caso del cruento homicidio del cantautor y símbolo de la resistencia chilena Víctor Jara, a manos de esbirros de la dictadura pinochetista en Chile. Ojalá la justicia no tome tanto tiempo en llegar a nuestro México de pesadilla en que los que deberían salvaguardar la seguridad e integridad públicas son los principales responsables de uno de los capítulos más sórdidos de nuestra historia reciente: Ayotzinapa. El periodista uruguayo mencionó que gustaría que las madres de la Plaza de Mayo en vez de ser llamadas locas fueran reconocidas como un ejemplo de sanidad mental, pues en un momento donde la amnesia era obligatoria, ellas rehusaron olvidar. Ojalá nosotros tampoco sepamos olvidar.

Recordar es una proeza en este planeta con epidemia de olvido. Los países que invadieron hoy rechazan aceptar a los invadidos. De tal suerte que se cierran puertos y se construyen muros cada vez más altos y sofisticados para dejar afuera a aquellos cuya pobreza ha enriquecido a los que se encuentran dentro. Ellos, que vienen del Sur, de países y tierras invadidas por los imperialistas y colonizadores del Norte, son los nuevos invasores, pero no son como aquellos que eran gentes dispuestas a casi todo con el simple objetivo de imponerse. Éstas son gentes con escasos pertrechos, cuya arma más poderosa es la esperanza.

Y así, en este espacio que habitamos donde la palabra y el hecho rara vez se encuentran y reina la incoherencia, se habla del deseo por un despertar de nuestra juventud , el deseo por una participación activa de ciertos sectores de la población, se habla también de la auténtica representación del pueblo y así, a la hora que llega un genuino representante del pueblo, sin corbata ni doctorados en corrupción, joven y despierto, con ansia de participación activa para pujar cambios en los sectores más olvidados, no podemos más que rechazarle, señalarle, mofarnos y preferir por encima a rateros por su buen gusto en la elección de su corbata. En el mundo real, aquel que tiene la cabeza y los pies en su debido lugar, mejor mostrarse por lo que se es y se propone antes que lucir un disfraz y faltar al honor.

La industria norteamericana de armamentos practica la lucha contra el terrorismo vendiendo armas a gobiernos terroristas, cuya única relación con los derechos humanos consiste en hacer todo lo posible por aniquilarlos. Tal es el caso de la relación Estados Unidos – Israel, una relación que conlleva a la desaparición paulatina de la dignidad humana en el pueblo palestino, al que por supuesto se le acusa de terrorista. Viéndolo de cerca, viendo las piedras palestinas contra las balas israelitas, la historia que se cuenta está contada al revés.

Así de revuelto el mundo los medios de comunicación nos incomunican, y más que informar nos desinforman. Y ya nadie sabe dónde quedo la verdad ni la mentira, o en palabras del genial George Orwell: “los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”. Esperemos poder distinguir. Distinguir la cabeza de los pies y el derecho del revés. Buscar y denunciar la verdad, pues “en tiempos de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario” ya lo dijo el mismo Orwell.

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