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Miguel R. Valladares García

miércoles 22 agosto 2018

A Ana la raptaron frente a testigos y en pleno día

El Universal
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Monterrey, NL.- En el mismo sitio donde algunos vecinos tiran escombro, animales muertos, zapatos viejos, llantas usadas y tazas de baño rotas, entre otros desechos, Juan Fernando “N”, el presunto asesino de Ana Lizbeth Polina Ramírez, abandonó el cadáver de la niña de ocho años a quien había raptado el domingo por la tarde.

A plena luz del día el presunto asesino abordó a la menor. Lo hizo a escasos 30 o 40 metros del sitio donde Dulce Ramírez, la madre de la niña, apenas cruzando la avenida Vista del Cielo, estaba laborando en las oficinas de la Ruta 527 como programadora de los turnos de los operadores.

La osadía del presunto asesino quedó de manifiesto frente a decenas de posibles testigos, entre ellos, los asistentes a la misa que celebraba el sacerdote Valentín Villareal, en el templo Santa Clara de Asís; que carece de paredes al frente y a los costados, por lo que es posible observar el área de juegos infantiles donde estaba la menor.

“Estaba celebrando misa y vi cuando ese hombre se puso ahí por donde está el poste. Como hay muchos volantes de empresas que solicitan gente, me imaginé que a lo mejor buscaba empleo”, comentó el párroco.

“Se acercó, se quedó unos instantes y después ya no vi para dónde caminó, lo perdí de vista, al día siguiente, el lunes, fue cuando me di cuenta de la desaparición de la niña”, señaló el sacerdote, y precisó que no vio a la pequeña Ana Lizbeth cuando oficiaba la misa, pues ocasionalmente hay niños que se quedan en los juegos cuando sus padres van a la iglesia.

En opinión del sacerdote, Vistas del Río es una comunidad de gente trabajadora, respetuosa, responsable; “pero de repente llegan más habitantes, como este señor que vi pasar dos o tres ocasiones por aquí”.

Efectivamente, según las investigaciones, Juan Fernando “N”, había llegado recientemente a vivir a una “micro casita” recién pintada de azul, que se localiza por la calle Vista del Águila Real, y la cual está a unos 70 metros del sitio donde “convenció” a la niña de que lo acompañara.

La casa, donde supuestamente Juan Fernando cometió el crimen, está custodiada por elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones y policías municipales de Juárez.

A espaldas de dicha vivienda, por la avenida Vista de Huizache, se localiza el terreno baldío donde el presunto homicida abandonó el cadáver de la pequeña Ana Lizbeth. La distancia entre ambos sitios es aproximadamente de cien metros.

Por la misma avenida Vista de Huizache, donde Dulce Ramírez trabajaba en la ruta 527, unas cinco cuadras hacia el sur, está la casa de los abuelos paternos de Ana Lizbeth, desde donde este jueves partió el cortejo fúnebre con sus restos hacia el panteón Lomas de San Pedro.

Decenas de vecinos, amigos y familiares acompañaron a los deudos de la menor. Colocaron veladoras sobre el pavimento, flores artificiales y cartulinas con mensajes para exigir justicia: “Todos somos Ana”.

Este jueves, a las tres de la mañana, Juan Fernando “N”, ingresó al penal del Topo Chico, para ser imputado por feminicidio, lo que le costaría una pena de prisión de hasta 60 años. Sin embargo, tal vez hoy no se estaría escribiendo esta historia si las autoridades policiacas hubieran ejecutado las órdenes de aprehensión que tenía pendientes y lo mantenían, supuestamente “a salto de mata” desde 2014.

La Fiscalía General de Justicia del estado reconoció que Juan Fernando tiene un hermano que es agente del Ministerio Público; pero antes que protegerlo, expuso la autoridad, colaboró para resolver el caso.

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