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Miguel R. Valladares García

martes 21 agosto 2018

Se acoplan a su vida en el centro de detención

Las familias migrantes aguardan el fallo sobre su futuro

AP
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Dilley, Texas.- Un niño de cabello corto estaba sentado plácidamente y sonreía hasta que súbitamente se paró y trató de tomar un brownie de una bandeja cercana. No alcanzó a aprenderlo y terminó tirando al piso migas y servilletas, provocando las risotadas de dos menores que estaban por allí.

Fue una escena típica de una cafetería de una escuela primaria. Pero ocurrió en el centro de detención de inmigrantes de Dilley, una de las principales instalaciones donde se aloja a familias en el marco de las severas políticas contra la inmigración ilegal del gobierno de Trump.

Las autoridades permitieron que algunos periodistas visitasen el centro de 20 hectáreas donde se encuentran 1.200 mujeres y menores de uno a 17 años.

Con un presupuesto anual de 156 millones de dólares, Dilley consiste en una serie de complejos que supieron alojar a trabajadores de la industria petrolera. Madre e hijos son asignados a distintos “barrios” con nombres de animales y generalmente comparten remolques con catres y baños comunitarios.

La cafetería ofrece tres comidas diarias y tiene un bar con ensaladas, arroz y frijoles, así como pequeños hornos para calentar tortillas, que siempre están disponibles. El plato más popular es nuggets de pollo, según Sheridan.

Hay patios con juegos para los niños, gimnasios, una peluquería gratis y una biblioteca con miles de libros en español y en inglés, donde los detenidos pueden ver sus correos electrónicos y entrar en la internet, aunque no tienen acceso a redes sociales como Facebook.

Hay remolques donde se dan clases a los menores, siguiendo los programas escolares de Texas.

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