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Miguel R. Valladares García

lunes 24 septiembre 2018

Trump contra el mundo

EFE
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Washington, EEUU (EFE).- La prensa, el Congreso, sus propios colegas republicanos, antiguos asesores de su equipo, estrellas de la NBA, históricos aliados internacionales y, por supuesto, la oposición demócrata. El estilo político de Donald Trump es sencillo: “O conmigo, con fidelidad absoluta, o contra mí”.

En los últimos días, los medios de comunicación han continuado siendo uno de sus principales objetos de crítica, a los que califica de “enemigo del pueblo” o “el partido de la oposición”, pero también ha tenido tiempo para arremeter contra su exasesora Omarosa Manigault o el siempre socorrido envite a la Justicia por las investigaciones sobre la “trama rusa”.

Esa es la pauta que el presidente de Estados Unidos ha seguido, sin interrupción, desde que decidió presentarse a las elecciones para llegar a la Casa Blanca allá por 2015, una táctica que lejos de irle mal, sigue alimentando sus niveles de popularidad entre el electorado republicano.

Es evidente que “Trump es un tipo diferente de presidente”, apunta en declaraciones a Efe la profesora de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad de Fairfield (Conneticut) Gayle Alberda.

“Lo que le parece funcionar es su capacidad de unir a sus seguidores alrededor de la idea de que ciertos grupos o personas están en su contra, ya sea la prensa, los demócratas, los republicanos o las naciones extranjeras”, considera Alberda.

Es por eso que el multimillonario no deja de buscar enemigos sobre los que agitar las pasiones, pero a la vez, en opinión de los expertos, está poniendo en jaque ciertos principios fundamentales de la democracia del país.

“Una pieza clave de la construcción de la democracia estadounidense es la capacidad de intercambiar ideas y participar en el discurso cívico”, señala la profesora.

“Cuando Trump dice que un grupo es el enemigo o dice que un grupo está en su contra -agrega Alberda-, dificulta la posibilidad de llevarlos a la mesa y tener un diálogo productivo”.

Además de la prensa, como “cuarto poder” e institución de control en toda democracia, el magnate también pone en duda la independencia y el buen hacer judicial, especialmente cuando tiene que ver con las pesquisas sobre la injerencia rusa en los comicios presidenciales de 2016 y la posible coordinación de su campaña con el Kremlin a tal efecto.

“La Justicia no es justa (para Trump) si justamente no es lo que él quiere”, subraya a Efe Brett Bruen, exdiplomático estadounidense, quien también advierte del impacto que puede tener el patrón de comportamiento del mandatario a nivel global.

Porque Trump no solamente busca, identifica y apunta enemigos en casa, también lo hace fuera, incluso con aliados históricos de Estados Unidos, como las principales potencias europeas y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

“Las implicaciones para las relaciones exteriores son importantes, ya que es una área en la que el presidente se encuentra cerca del control unilateral”, afirma en conversación con Efe Christopher Larimer, profesor de Ciencia Política de la Universidad Nothern Iowa.

A diferencia de la política nacional, donde el Congreso puede servir como un control del Poder Ejecutivo, el presidente “realmente puede dictar la dirección de la política exterior”.

“El peligro potencial con su retórica reciente es un debilitamiento de las relaciones con socios globales importantes. Si bien puede no haber un efecto inmediato, agrega un nivel de incertidumbre a la dirección de las relaciones exteriores”, explica el profesor.

A juicio de Bruen, esta obsesión de Trump por el enfrentamiento tiene que ver con el mundo de los “reality shows” de donde proviene y “donde el objetivo es el máximo drama posible” a cambio de aumentar “su audiencia”, algo que está poniendo en juego la credibilidad de Washington en la esfera internacional.

“Hace alianzas con enemigos y destruye amistades con aliados porque así genera más telespectadores”, añade.

“Es muy difícil ver cómo se puede reparar el daño que ha hecho internamente o con nuestros aliados. Perdimos nuestra credibilidad. Perdimos nuestra influencia -insiste-. Perdimos parte de nuestra unidad”.

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