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Miguel R. Valladares García

sábado 17 noviembre 2018

El Pibe en pulso

Miguel Mora Mar / Pulso
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“Camborio”

Hace un martes se fue, con su guitarra al ristre, con su singular arte envolviendo su alma límpida, con su generosa amistad derramándola como lluvia quieta y refrescante, pero ¿a dónde van los que mueren, Señor? ¿a dónde van?

Leonardo Barbosa, el gran “Camborio” ha traspasado el umbral de la luminosa dimensión en donde, creemos, están quienes son los escogidos de Dios. Sus legiones de amigos extrañan su singular presencia, su genial estilo de cantar, su gentileza, su incomparable amistad…

“Camborio”, que sobrenombre, pero ¿qué es un Camborio?

Dicen los entendidos, que al bailarín y coreógrafo José el Camborio, su maestra Pilar López lo definió como “el gitano que, sin ser gitano, era más gitano que los gitanos”. Aludía a un poema de García Lorca quien narraba el prendimiento y muerte de Antonio Torres Heredia, el Camborio.

Otros eruditos dicen que los camborios fueron una dinastía gitana.

Y nuestro amigo Leonardo fue un ejemplo de esa singular definición. Su voz singular, diferente, aflamencada, deleitó a un sinfín de amigos quienes tuvimos la fortuna de conocerlo. Con “El toro enamorado de la luna” me embelesó en innumerables ocasiones, cuando coincidíamos en algún lugarejo en donde se reúnen quienes gustan de la convivencia con los amigos, del “cantejondo”, de las “malagueñas”, de las “coplas” y de cuanta expresión artística de la península ibérica y de las Islas Canarias, ha impactado en el gusto musical potosino.

Refiriéndose al gran Señor Barbosa, en alguna ocasión mi compañera periodista Licha Villasuso, escribió en su columna “Ayer, hoy y mañana” en Pulso: “En el encuentro de Peñas y Agrupaciones Taurinas, se hizo un reconocimiento a la maestra Graciela González Urriza, quien ha impartido clases a tres generaciones y aún continúa bailando flamenco acompañada de Leonardo Barbosa “El Camborio”, quien también fue homenajeado”. Ella fue su amada esposa.

En otra ocasión formó parte de una mesa de discusiones en la cual se trató la desangelada propuesta de prohibir la fiesta brava en San Luis Potosí. Allí estuvieron el matador Jesús Torre, los ganaderos Marco A. Garfias y Jesús Labastida y el genial Leonardo Barbosa “El Camborio”.

“Arte y tradición”, fue el tema. Y, desde luego, los cuatro defendieron la acendrada riqueza de la fiesta taurina. El arte de la tauromaquia sigue esplendoroso.

Cuando el ídolo “Curro” Rivera falleció, encontré a Leo en la misa de cuerpo presente de Francisco Martín. “El Huapango Torero” era su preferido”, dijo “Camborio” recordando los buenos momentos que pasó cerca del ilustre matador.

Ese recuerdo fue una parte de la crónica “Curro Rivera se va”, publicada en San Luis hoy y con la que obtuve el Premio Estatal de Periodismo en Crónica Deportiva y la cual lleva el nombre de otro amigo inolvidable: Cuauhtémoc Bustos.

Cuando fui designado como ganador de tan valioso premio, escribí una nota para decirle al público lector que aún después de haber muerto, “Curro” hacía ganar a periodistas como su servidor. Gracias, señorón de la tauromaquia.

“Camborio”, el torerazo, el artista, el gentilhombre, se ha ido físicamente, pero nunca de nuestros pensamientos ni de nuestro afecto. Hoy debo decir: “Elevo una oración al Señor para que le dé a Leonardo el lugar que merece en la mansión celestial”.

El apunte de “Cambo” es obra del amigo Martín García. Así las cosas, hasta el martes próximo, DM.

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