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Miguel R. Valladares García

martes 25 septiembre 2018

La fiebre del motor a tres cilindros (FOTOGALERÍA)

Un propulsor más pequeño hace una década era una opción de autos baratos. El desarrollo de nuevas versiones y el objetivo de reducir consumos ha llevado la versión de tres cilindros a las marcas de alta gama

Agencias
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Hay clientes que priorizan el rendimiento sin perder las prestaciones de un buen vehículo. Es esta la razón por la que las armadoras se han metido a la fiebre del motor a tres cilindros. La configuración se ha metido a los subcompactos y los SUV, segmentos en donde hace uso años no cabía la idea de un propulsor con menos de 4 cilindros.

El Volvo XC40 es rendidor y muy ecológico en cuanto a consumo y emisiones contaminantes con los dos motores L4 turbo de 2.0 l. La marca recién estrena motor de 3 cilindros en el SUV más compacto que oferta a nivel global.

Lleva un motor Drive-E T3 con 1.5 litros de cilindrada, inyección directa, turbocompresor, 156 hp y 195 lb-pie de par, con transmisión manual de 6 velocidades (que difícilmente veremos en México) o automática de 8. El motor puede impulsar las ruedas delanteras o las 4, como opción.

BMW es una de las principales impulsoras de este tipo de motores. En México los introdujo con los Serie 1 y Serie 3; este verano los estrena en su división de camionetas con el BMW X1 sDrive18iA.

La única versión disponible en México del BMW X1 con este motor corresponde a la línea Executive, que incluye de serie portón trasero de apertura eléctrica, vestiduras en Sensatec, sistema de sonido Hi-Fi con 7 bocinas, infotenimiento con pantalla de 6.5 pulgadas, faros de LED, llamada inteligente de emergencia, entre otros.

El MINI tiene este motor turbo de tres cilindros de 1.5 litros desarrolla 140 caballos de fuerza. . De acuerdo con la marca, acelera de 0 a 100 km/h en 9.6 segundos y ofrece un rendimiento de combustible de 17.2 km/l en ciclo combinado.

Las versiones de tres cilindros le han dado oxígeno a los modelos de combustión interna para coches pequeños y ligeros. Debido a su menor fricción mecánica, cilindradas modestas y -en la mayoría de casos- sobrealimentación se pueden conseguir resultados muy similares a los cuatro cilindros.

Pero se trata de un motor naturalmente desequilibrado. Los cuatro tiempos del motor (admisión, compresión, combustión y escape) precisan un giro del cigüeñal de 720 grados, dos vueltas completas. En un cuatro cilindros, siempre hay un cilindro en ciclo de combustión, aportando fuerza al cigüeñal. En los tres cilindros no, y el tiempo se reparte para disimular la descompensación en la medida de lo posible. Los atmosféricos vibran un poco más que los turboalimentados o van peor aislados, sobre todo en coches económicos. Con tecnología de sobrealimentación, alcanzan la potencia de un cuatro cilindros, pero no su finura. Además, en función del diseño del turbocompresor pueden tener grandes altibajos de potencia, pues dependen mucho de cuándo la turbina sopla lo que tiene que soplar.

La descompensación natural del motor puede desgastar en forma prematura los segmentos del cilindro, lo cual lleva a un consumo de aceite más elevado de lo normal. No es difícil encontrar testimonios de conductores que con menos de 100.000 kilómetros ya tienen un gasto de aceite muy alto para un motor que es aún joven.

Finalmente, no siempre se cumple un menor gasto de combustible en un tres cilindros. A media y alta carga el turbo trabaja más, necesita más aire y más gasolina. Un comparativo entre un Ford Focus 1.0 EcoBoost de tres cilindos encontró que gasta exactamente lo mismo (para una población numerosa de coches) que el Mazda3 2.0 de cuatro cilindros, ambos con 120 CV.

La tecnología avanza y una vez abierta la demanda, las mejoras pulirán los inconvenientes. Mucho depende la marca y el consumidor, como todo.

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