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miércoles 26 septiembre 2018

El “Cancionero Picot”, identidad mexicana en papel

El Universal
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El “Cancionero Picot” plasmó en sus páginas la música de moda y los anuncios de la época / Imagen: El Universal

CIUDAD DE MÉXICO (EL UNIVERSAL).- Este cuadernillo promovió la identidad mexicana a través del vínculo que hay entre la música y las emociones. Se repartía gratis en la barriada humilde y en las colonias de sabor aristócrata, retrató el paisaje sonoro y social de una época.

“Chema” y “Juana” eran los personajes que adornaban el “Cancionero Picot”, un pequeño cuadernillo de papel en el que, en medio de páginas con letras de canciones de rumbas, mambos, boleros, rancheras y alegres sones, se podían leer consejos para curar la indigestión provocada por la sabrosa comida mexicana, así como remedios en bálsamo o pastillas para aliviar el resfriado, la tos, las quemaduras y hasta los callos.

En sus tapizadas páginas en blanco y negro se encontraban consejos de belleza para la mujer, también se podían hallar, a manera de pequeñas historietas, recomendaciones de productos para nutrir a los niños.

Los grabados que ilustraban este cancionero tenían características muy mexicanas, y entre dibujos con muecas divertidas, se encontraban letras de canciones de autores mexicanos como extranjeros, por ejemplo de Álvaro Carrillo, Lucho Gatica, Rosita Quintana, Antonio Aguilar, Rita Arce, Los Tres Caballeros, Carmela Rey, Ramón Márquez y Olga Guillot.

El “Cancionero Picot” nació en 1930, cuando a través de la radio se transmitía la música de moda y se anunciaban diversos productos para combatir los malestares, las enfermedades, y algunos problemas estéticos.

Guillermo Contreras, investigador en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical del Instituto Nacional de las Bellas Artes, dijo en entrevista para EL UNIVERSAL que el “Cancionero Picot”, así como otros cancioneros antiguos mexicanos, nos ayudan a comprender cuál era el paisaje sonoro de una época.

“En México el cancionero surgió como una inquietud muy temprana, como ‘El ruiseñor’, un librito pequeño de 1900 hecho en Yucatán. En el siglo XIX muchas imprentas hacían cancioneros y lo que le llamaban hojas sueltas, que eran letras de canciones con alguna alegoría, algún grabado donde participaron gente como (José Guadalupe) Posada, (Gabriel Vicente) Gahona, (José) Revuelta, (Manuel) Manila, varios ilustradores decimonónicos hacían algo atractivo del cancionero, personajes que se les reconocía como trovadores porque eran como músicos errantes, que iban llevando acontecimientos y repertorios a lo largo del territorio nacional”.

El también profesor de musicología en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reconoce que el gran mérito del “Cancionero Picot” fue que promovió a los músicos de moda.

“Surgió cuando el nacionalismo y la comida funcionaban muy bien. Estos elementos se aliaron con los medios masivos como la radio y la televisión”, indica.

El “Cancionero Picot”, que salía anualmente, dejó de imprimirse en los años 60.

En EL UNIVERSAL

El domingo 18 de agosto de 1955, este diario publicó un artículo sobre la importancia del “Cancionero Picot” para la difusión de la canción mexicana, 54 millones de ejemplares habían sido distribuidos en mil 876 poblaciones de México durante 27 años de labor.

Estos cancioneros hicieron posible, en gran parte, la consagración de figuras como Agustín Lara, Gonzalo Curiel, Gabriel Ruiz, Tata Nacho, Mario Talavera, José Alfredo Jiménez, María Greever, Guty Cárdenas, Chucho Monge, Lorenzo Barcelata, Tomás Méndez y Alberto Domínguez.

Antes de que apareciera el “Cancionero Picot”, circulaba el llamado cuaderno “Cantares y sueños” y el folleto “Canciones selectas”, que los Laboratorios Picot repartieron profusamente desde las opulentas residencias de la Colonia Roma, hasta las populosas vecindades de Peralvillo, la creciente Santa Julia y por todo el país.

En 1930, cuando salió a la luz el “Cancionero Picot”, en las páginas de sus primeros ejemplares se podían leer las letras de las canciones producidas por Agustín Lara, como “Aventurera”, “Pervertida” y “Cortesana”, así como “No hagas llorar esa mujer”, de Joaquín Pardavé.

Dicho artículo de este diario narra que el 18 de septiembre de 1930, en los altos del cine Olimpia, surgió una emisora con las iniciales XEW, respaldada por Emilio Azcárraga.

Los Laboratorios Picot fueron al llamado de este nueva emisora llevando al aire su labor divulgadora de la canción mexicana, y es en esta forma como se iniciaron las series de programas que llevaban como misión el descubrimiento y publicación de los ritmos y melodías populares. Esta firma de laboratorios implantó la modalidad de contratar artistas exclusivos para sus programas y presentar en México estrellas internacionales.

En cuanto a los locutores que llevaron las sugerencias del uso de los productos de esta firma, encontramos a Ricardo López Méndez, el culto poeta, autor de la famosa frase: “Si un vaso de vino quita la pena, un vaso de sal de uvas Picot quita la pena del vino”, también a Arturo García, conocido en el mundo fílmico como Arturo de Córdova.

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