Fundador:
Miguel R. Valladares García

miércoles 19 septiembre 2018

El sol naciente

Ramón Ortiz Aguirre / Pulso
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Regalo de verano

Querido amigo,

Cuando nos preparábamos para efectuar este viaje, me comentaste que Japón era el país más caro del mundo, que más valía que me fuera preparando y ahorrara más de lo programado y tuviera lista la tarjeta de crédito para atender cualquier gasto excepcional.

De verdad que no estabas equivocado, Japón es un país costoso, pero si te sabes mover y si preguntas vas a encontrar precios asequibles, y no todo es tan caro como dicen. Por supuesto no intentes comprar ropa ni objetos electrónicos, pues, aunque te parezca increíble es más barato comprar en México o en los Estados Unidos la tecnología del Imperio del Sol Naciente.

Caminando llegamos a un bellísimo centro comercial y, como bien sabes, no existe mujer que se resista a entrar a uno de esos lugares, así que Charis ni tarda ni perezosa se encaminó a recorrer aquel lugar, en el que encontramos tiendas increíbles en donde los diferentes productos eran inalcanzables para nuestros bolsillos y para los bolsillos de la mayor parte de los turistas que por allí deambulábamos.

De pronto nos encontramos ante un establecimiento que jamás me podría haber imaginado que existiera, nunca en nuestras vidas habíamos visto una boutique de aquel tipo, en la puerta se leía tanto en japonés como en inglés; SUNFRUITS Tokyo Midtown shop Selection 2018 SUMMER GIFT.

Por supuesto que no podíamos conformarnos con ver aquello a través de los aparadores y vidrieras, teníamos que entrar y percatarnos íntegramente de lo que se exhibía y vendía, y lo que descubrimos nos ha dejado con la boca abierta: ante nosotros se mostraban en estantes elegantes y refrigeradores ¡la más selecta variedad de frutas! Sí, de frutas, aunque lo dudes, pues esa frutería es una boutique de lujo.

Entre otras curiosidades, allí encontramos sandias en forma de cubo y piramidales cuyo costo fluctuaba entre los 162 y los 400 dólares, y las normales costaban una bicoca comparadas con las otras, tan sólo 95 dólares. Un melón brillante, hermoso y muy bien empacado en su caja de madera de cerezo, costaba la insignificante cantidad de 169 dólares.

Una cajita con 2 duraznos grandes, 4 mandarinas pequeñas, 2 manzanas y un pequeño racimo de uvas sin semilla te lo podías llevar por la módica cantidad de 196 dólares y así los precios se multiplicaban y nuestro asombro crecía.

Los dependientes muy amables, impecablemente vestidos preparaban las cajas de regalo que la clientela llevaba, mientras Charis y yo tan sólo suspirábamos y nos quedábamos con las ganas de saborear alguna de aquellas frutas, de aquellos

regalos del verano tan cerca de nosotros y tan lejos de nuestros bolsillos.

Minuto a minuto