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Miguel R. Valladares García

viernes 14 diciembre 2018

Sequía, indicador de disminución de mordeduras de serpiente

Notimex
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Las picaduras de serpiente de cascabel, contrario a lo que se consideraba, aumentan después de períodos de precipitaciones y no de sequía, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Stanford, cuyos expertos analizaron 20 años de historia de mordeduras de serpientes.

La investigación reveló que los eventos meteorológicos extremos, causados por el cambio climático, tiene influencia directa en la incidencia de mordeduras de serpientes en California, lo que debería ser considerado para orientar las medidas de salud pública.

Los autores del estudio son Grant Lipman, de Stanford Medicine; Caleb Phillips, de la Universidad de Colorado-Boulder; y Derrick Lung, de la Universidad de California-San Francisco.

Poca evidencia científica relaciona la sequía con un aumento en las mordeduras de serpientes y, sin embargo, todos parecen creer que existe una conexión, incluidos los proveedores de medicamentos, afirmó Lipman.

Los investigadores recogieron y examinaron 20 años de datos de mordeduras de serpiente de las llamadas telefónicas, realizadas al Sistema de Control de Envenenamiento de California, de 1997 a 2017.

Los detalles incluyeron la fecha y hora de la mordedura; la edad y el sexo del paciente; en qué parte del cuerpo sufrió la mordedura; tratamiento recibido, y resultados médicos.

Se informó un total de cinco mil 365 mordeduras de serpientes, todas ellas de la cascabel; y en 20 años se reportaron cinco muertes.

De acuerdo con un comunicado de la Universidad de Stanford, se encontró que la incidencia de mordeduras de serpiente disminuyó 10 por ciento después de una sequía, pero aumentó en un 10 por ciento después de los altos niveles de precipitación.

Para los especialistas, el aumento en la lluvia da como resultado un mayor crecimiento de arbustos y, con eso, un aumento en los roedores, la principal fuente de alimento de los ofidios.

Después de tener en cuenta las tendencias estacionales, los expertos observaron que la precipitación era un fuerte predictor de mordeduras de esos reptiles. El número de mordeduras alcanzó su punto máximo, después de los años de fuertes precipitaciones de 2006 y 2011, según el estudio.

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