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Miguel R. Valladares García

jueves 18 octubre 2018

Madre de los mexicanos detenidos en Malasia recupera esperanza

El Universal
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Sentada en su silla de ruedas el pórtico de su humilde hogar, en la colonia Lomas de Rodriguera, uno de los barrios más alejados de Culiacán, la madre de Luis, José Regino y Simón González conoció la noticia de había logrado conmutar la pena de muerte de sus hijos, quienes se encuentran presos en Malasia.

La sentencia de muerte que un juez de Malasia decretó contra tres de sus hijos hace 10 años quebró la salud de Carmen Villarreal que la llevó a la amputación de sus dos piernas, hoy a diez años de su detención en una nave industrial donde se procesaban drogas, la tranquilidad le volvió al cuerpo y la esperanza de volver abrazados y besarlos.

Junto a su hija, Leticia, quien en dos ocasiones visitado en prisión a sus tres hermanos, la señora Carmen Villarreal, a sus 74 años, se siente con fuerzas necesarias y el temple para esperar que suceda un milagro y se haga verdadera justicia para que retornen con sus familias, luego que la pena de muerte fue conmutada por cadena perpetua.

Casada a los 19 años de edad, con Héctor González Ríos, cinco años mayor que ella, fabricante de ladrillos, procrearon quince hijos, la mayoría varones, los tres más grandes, desde marzo del 2008 se encuentran recluidos en una prisión de Malasia, acusados de narcotráfico.

Con tristeza evocó que el mismo día que fueron detenidos, en la comunidad de Johor Bahru, en una nave donde se procesaban drogas sintéticas, se comunicaron con ella para narrarle en forma breve lo que les sucedía y pedirle que no se preocupara, puesto que eran inocentes de los cargos.

Para la señora Carmen Villarreal y su familia ha sido una larga agonía el proceso judicial que llevan sus hijos Luis, de 51 años, casado, con dos hijos; José Regino, de 47 años, con una hija adolescente y Simón de 41, con dos hijos, por lo que su salud se ha visto quebrantada.

Ella recordó que sus tres hijos, ladrilleros como su padre, fueron invitados por amigos que les ofrecieron trabajo y sin decirles su destino, partieron a Malasia, donde meses después, fueron detenidos en una redada de la policía de esa nación.

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