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Miguel R. Valladares García

lunes 15 octubre 2018

Expertos asocian síndrome de piernas inquietas a riesgo de hipertensión

Notimex
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El especialista Rubén Santoyo Ayala manifestó que el síndrome de piernas inquietas se asocia a riesgos como la hipertensión arterial y otras enfermedades crónicas y metabólicas.

El subdirector médico del turno nocturno en el Hospital de Especialidades del IMSS Jalisco, agregó que “por la mala circulación sanguínea que ocasiona, quienes padecen síndrome de piernas inquietas tienen más del doble de riesgo de padecer hipertensión arterial, así como otras enfermedades cardiovasculares, y de tipo crónico como la diabetes y la insuficiencia renal”.

El también fundador de la Clínica del sueño del nosocomio, añadió que se estima que este síndrome afecta a 10% de la población en general, no obstante, hasta 60% de los casos corresponden a pacientes del sexo femenino.

Mencionó que el síndrome de piernas inquietas ocurre cuando se presentan impulsos incontrolables de mover las extremidades inferiores en tanto se encuentra sentado o acostada la persona afectada.

Dijo que, dado que afecta directamente la calidad del descanso nocturno, se considera una alteración del sueño, “por eso que se clasifica dentro de los trastornos del sueño que impiden el buen dormir, ya que la persona afectada se despierta varias veces en la noche o tiene dificultades para conciliar el sueño”.

Explicó que además del síntoma característico, existen otras manifestaciones que acompañan al síndrome como hormigueos, tirones, comezón, ardor, pesadez y cansancio en las piernas, además de dolor y malestar que ocurre primordialmente cuando se encuentra en estado inactivo.

Puntualizó que entre los orígenes del padecimiento “se habla de una afección neurológica, problemas circulatorios o incluso deficiencia de hierro en el organismo”.

Precisó que frecuentemente el cuadro se centra en ambas piernas, lo que ocasiona los síntomas en rodillas y tobillos, aunque también puede alojarse en brazos.

Resaltó que la problemática también afecta hasta 40% de las mujeres embazadas, a las que se les recomienda incrementar la ingesta de hierro y ácido fólico.

“El tratamiento incluso incluye suplementos de hierro, control de niveles de azúcares en la sangre y medidas de higiene del sueño”, finalizó.

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