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Miguel R. Valladares García

sábado 15 diciembre 2018

Barrio en Bruselas ofrece menú exótico que incluye carne de mono

El Universal
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A pasos de las instituciones de la Unión Europea, es posible consumir carne de especies silvestres protegidas en África.

Carne de mono cola roja y antílope, entre otras excentricidades, pueden adquirirse en Matonge, un barrio localizado a pasos del Parlamento Europeo y conocido por sus comercios africanos.

El exótico menú quedó al descubierto en un reportaje realizado por la cadena VRT en el vecindario también conocido como “Pequeño Zaire”, antiguo nombre de la actual República Democrática del Congo y vieja colonia de Bélgica.

El precio promedio por un kilo de carne es de 50 euros, por lo regular se comercializa como si fuera bacalao; es decir, preservado mediante un proceso de secado al natural. La demanda viene esencialmente de migrantes africanos con nostalgia de algunos platillos que han contribuido a la extinción de algunas especies de primates.

Para el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), los platillos disponibles en Matonge muestran claramente el papel de Bélgica en la tragedia que experimenta la fauna africana.

“Aunque las especies silvestres están protegidas por la ley, enormes cantidades de carne de animales silvestres se introducen de contrabando en Europa cada semana desde África”, afirma Sofie Ruysschaert, experta de la oficina para Bélgica de WWF.

La ONG afirma que Zaventem, el aeropuerto internacional de Bélgica, es una de las puertas principales de acceso a Europa. Estima que entre 100 y 150 toneladas de carne silvestre entran anualmente de forma clandestina por éste puerto aéreo.

Otra entrada importante es el aeropuerto Chales de Gaulle de París, en donde la diáspora africana es igualmente numerosa. A través de esta ruta se importan unas 273 toneladas al año; mientras que a través de los aeropuertos suizos unas 40 toneladas.

Recientemente, en el centro financiero suizo de Zurich, un ciudadano de Camerún que viajó vía Bruselas fue detenido con seis kilos de carne de cocodrilo y pangolín.

“Bélgica debe asumir su responsabilidad mediante el fortalecimiento de los controles aduaneros y la sensibilización de los consumidores. Estas medidas ayudarían a combatir efectivamente el comercio de animales salvajes, contribuyendo así a su protección en su país de origen”, afirma Ruysschaert.

Al margen de la destrucción del hábitat africano, la importación de estos animales supone un riesgo sanitario.

Se estima que el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes se transmiten de animales a humanos, y de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio, virus letales como ébola, golpean poblaciones humanas por contacto estrecho con animales infectados, particularmente chimpancés, gorilas, murciélagos, frugívoros, monos, antílopes y puercoespines infectados muertos o en vida.

De acuerdo con investigaciones realizadas por WWF, en algunas regiones rurales de la África, los animales silvestres continúan siendo parte fundamental de la seguridad alimentaria; en ciertos casos constituyen hasta el 90 de las proteínas consumidas localmente.

Pero el crecimiento de la población y el uso de sofisticadas técnicas de cacería han creado un desequilibrio entre la oferta y la demanda. Tan sólo el consumo de carne de animales silvestres supera las 3 millones de toneladas en el Congo.

Afirma que su comercio supone la amenaza principal del 85% de los primates y de las especies vulnerables de ungulados, como el rinoceronte.

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